Suplementos
Próximo número
Reflexiones espaciales de un agorafílico, Más allá de Río de Janeiro, Amanda González y el recuerdo de un huracán
Reflexiones espaciales de un agorafílico
La arquitecta Sandra Valdez reaparece con un texto que a todos nos hace reflexionar. “En días pasados la calle se vio tomada por todos ante la necesidad de seguridad en nuestras ciudades -subraya. Pero ¿qué es el miedo? ¿qué es la seguridad? ¿cómo podemos definir estos grandes conceptos que parecen resumirse en un concepto común?
Más allá de Río de Janeiro
Así como además del Distrito Federal, está Guadalajara, pues en Brasil, más que Río de Janeiro es Recife. Esto nos lo cuenta un tapatío brasileño, Sergio Oliveira, quien habla de una región con “magníficas playas, gente amable, una culinaria típica poderosa y metrópolis con toda la estructura para recibir el turismo”.
Amanda González y el recuerdo de un huracán
“Recuerdo el despertar una mañana de verano en una playa de Michoacán y ver cómo las enramadas frente al mar eran paulatinamente desmontadas, tablón por tablón, mientras el río crecía incesante, las olas se levantaban llenas de fuerza y las palmeras se mecían con las ráfagas de viento, casi tocando con sus hojas el suelo”.
La arquitecta Sandra Valdez reaparece con un texto que a todos nos hace reflexionar. “En días pasados la calle se vio tomada por todos ante la necesidad de seguridad en nuestras ciudades -subraya. Pero ¿qué es el miedo? ¿qué es la seguridad? ¿cómo podemos definir estos grandes conceptos que parecen resumirse en un concepto común?
Más allá de Río de Janeiro
Así como además del Distrito Federal, está Guadalajara, pues en Brasil, más que Río de Janeiro es Recife. Esto nos lo cuenta un tapatío brasileño, Sergio Oliveira, quien habla de una región con “magníficas playas, gente amable, una culinaria típica poderosa y metrópolis con toda la estructura para recibir el turismo”.
Amanda González y el recuerdo de un huracán
“Recuerdo el despertar una mañana de verano en una playa de Michoacán y ver cómo las enramadas frente al mar eran paulatinamente desmontadas, tablón por tablón, mientras el río crecía incesante, las olas se levantaban llenas de fuerza y las palmeras se mecían con las ráfagas de viento, casi tocando con sus hojas el suelo”.