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Preparar la venida del Señor

El 25 de diciembre es el día luminoso, es el encuentro del cielo con la tierra

Hoy, primer domingo de Adviento, es el principio del año de la Iglesia. No coincide con el inicio del año civil, el primero de enero, porque el nacimiento de Cristo le da sentido al año de los cristianos.

El 25 de diciembre es el día luminoso, es el encuentro del cielo con la tierra, porque el Sol de Justicia ha nacido sobre las pajas del humilde portal de Belén.

Apareció la luz y huyeron las tinieblas. Desde lejanos días el cristianismo ha marcado cuatro semanas de preparación para ese gran día, y a este tiempo de espera jubilosa le ha dado el nombre de Adviento: ad, para; ventus, venida.

Además, la liturgia --el culto público de la Iglesia-- de este tiempo tiene riqueza en los textos extraídos de la Biblia, en las oraciones, en los cantos, todo encaminado a ir en camino, como los pastores hacia Belén, para llegar ante el recién nacido Emmanuel --Dios con nosotros--, a postrarse en oración con fe profunda.

Jesús es Dios igual al Padre y al Espíritu Santo, y es hombre. Es infinito, pero está allí pequeño, como bebé; es inmortal, y es un hombre como todos marcado con el signo de la muerte, pues ha nacido varón para poder morir por todos los hombres.  

El Adviento es alegre y activa espera

Como una madre de familia se ufana días y días dispone todo para una fiesta en su casa, para sus familiares y amigos, así la Madre Iglesia prepara a sus hijos para la fiesta del Salvador.

La preparación se puede reducir a tres actitudes: Primera, limpiar la casa para cuando llegue la visita. El Adviento no es tiempo de penitencia, como la Cuaresma, pero sí es tiempo de austeridad. La señora de la casa no viste todavía su ropa de fiesta, sino con sencillez, mientras hace los preparativos. Así, el Adviento invita a limpiar nuestro interior, el alma, para darle digna posada al Señor.

Luego sigue la oración alegre y esperanzada: “Ven, ven, Señor... ven que te esperamos”.

Y por último una actitud de solidaridad cristiana, cuyo verdadero concepto es la caridad. De esta manera quien más ha recibido en dones espirituales y temporales, con clara conciencia de justicia distributiva y de caridad, debe compartir con los menos favorecidos, con los tristes, los oprimidos, los que de alguna manera son menos felices.

Se puede añadir algo más en consonancia con los días últimos del año 2011. No es grato ese ambiente de violencia, de impunidad, de venganzas, de amenazas, de inseguridad, si la Navidad es la llegada del Príncipe de la Paz.

Con humildad pedir --como lo hacía San Francisco de Asís -- que cada cristiano sea en este Adviento instrumento de la paz de Cristo, paz fundada en la justicia y en el amor.

Esperanza responsable y vigilante

Para el cristiano, al Adviento se le puede comprar como su reloj despertador: “¡Despierta, ya es hora! ¡Deja el amodorramiento!”.

El evangelio de este domingo es una admonición, una llamada: “Velen, estén preparados para cuando llegue el dueño de la casa. Y no saben a qué hora llegará. Que encuentre al portero velando, bien alerta”.

Es una breve parábola con sentido escatológico; es decir, con significación del ineludible instante en que el hombre tiene que llegar a su momento final de su vida. Es un llamado para que el hombre esté consciente de su destino eterno.

Para el pueblo de Israel, el Adviento duró largo tiempo: siglos de esperar al Mesías anhelado. El que había de venir.

Para el cristiano es la fidelidad al que ya vino y vendrá para coronar su obra de salvación. Por eso, la esperanza comporta una actitud de fuerza para lavida del cristiao.

El auténtico creyente cristiano vive el Evangelio con la tensión de quien espera la manifestación definitiva de Cristo y su encuentro decisivo con Él.

Ansiedad de la luz

Es la búsqueda sincera del mensaje de la revelación, y la salvación en Cristo es la luz.

La fe de la Promesa había sido mixtificada por algunos falsos profetas de Israel, con una supervaloración de la Ley. Eran tergiversaciones sociopolíticas --mesianismo temporal-- y tergiversaciones distintas --santidad formalista, farisaica--. Por eso cuando llegó el Mesías no lo reconocieron.

Ahora se ha de estar en alerta continua para no caer, no en los errores de los judíos, sino en los crecientes peligros del siglo XXI.      

Tener una postura fiel al Evangelio y es ésta: “Viene el Hijo de Dios, hecho hombre, para hacernos hijos de Dios”. San Agustín.

El Adviento es, ante todo y sobre todo, preparación para un encuentro de la fe y del ammor con Cristo.

Debe ser una apertura no sólo de la casa, sino interior, del corazón, con una conciencia clara de la necesidad del hombre de hoy de los valores espirituales en este tiempo, en que es duro el acoso de la publicidad y el apego a los bienes materiales.

Mucho más vale una Navidad con amor, con justicia adentro, con paz, que colmada de regalos de cosas materiales. Así la Navidad será, en realidad, la estrella que guía al encuentro con Cristo.

El Señor mostrará su gran misericordia

En este nuevo año ciclo B de la Iglesia, el Señor mostrará su amor y su misericordia con su Palabra en el Evangelio de San Marcos. Él no perteneció al grupo de los doce apóstoles. Fue alumno de San Pedro, siempre atado a la predicación del apóstol, y de esa memoria sacó su Evangelio como una catequesis para la comunidad.

El plan es un camino y un perfil de Cristo, profeta poderoso en obras y palabras, siempre con el testimonio de que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios hecho hombre.

Con este Evangelio marchará la Iglesia desde este domingo hasta el último en la solemnidad de Cristo Rey en noviembre de 2012.

El año litúrgico es seguimiento de Cristo, porque Él mostrará siempre su amor, su misericordia.

José R. Ramírez Mercado                  

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