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Pasado, presente y futuro
Nos cuenta Mateo que un milagro especial sucedió cuando Jesús tomó a tres de sus discípulos y los llevó a un monte para un tiempo especial con ellos
Nos cuenta Mateo que un milagro especial sucedió cuando Jesús tomó a tres de sus discípulos y los llevó a un monte para un tiempo especial con ellos; curiosamente no llevó al resto de los doce, sino que optó por llevar a un grupo más pequeño, para que fueran testigos de algo que se ha llamado “La Transfiguración”; es decir, una transformación sobrenatural de su aspecto, donde su rostro y vestidos se hicieron más resplandecientes que el sol.
El otro detalle interesante, es que junto a Jesús aparecieron dos personajes muy especiales: Elías y Moisés: uno representaba a los Profetas y el otro la Ley. Los tres conversaban acerca de la obra de Jesús, la cual culminaría con su viaje a Jerusalén y su muerte en la cruz.
¿Cómo era posible que dos personajes que habían dejado el planeta siglos atrás pudieran manifestarse en este momento? ¿Cómo pudieron ser reconocidos por los demás? ¿Cuál era el propósito de esta manifestación sobrenatural, acerca de la cual Jesús les encargó que no lo dijeran hasta que resucitara? Hay muchos aspectos a considerar respecto al pasaje que se lee este domingo en muchas iglesias, pero por cuestiones de espacio, podemos centrarnos en algunos de ellos.
Tanto Moisés como Elías habían partido de este mundo muchos años atrás. El relato de la muerte de Moisés puede leerse en el libro del Deuteronomio 34, y en el caso de Elías, se puede leer en el Segundo libro de los Reyes 2 lo que sucedió con él, ya que fue llevado al cielo en un carro de fuego. El caso es que ambos pertenecían al pasado, y se supone que los muertos no pueden volver del más allá. Por eso es tan relevante esta aparición, ya que confirma las palabras de Jesús que afirmó que Él es el principio y el fin, el que es y el que era y el que ha de venir. Jesús también es Señor del pasado, y puede operar en él, ya que no hay restricciones de tiempo para quien es Señor del tiempo.
De la misma manera que Jesús tiene poder sobre el pasado, el Señor mostró su autoridad sobre el presente, hablando con Moisés y Elías de lo que estaba por suceder en esos días. Era evidente que Jesús estaba al tanto de que su muerte se acercaba, pero no como consecuencia de las circunstancias, sino como un acto expreso de su voluntad y la de su Padre. Como Jesús mismo dijo: “Nadie me quita mi vida, sino que yo mismo la pongo; tengo autoridad para ponerla y para volverla a tomar”.
Cuando pensamos en la gente de hoy, es muy común encontrar que luchamos contra los errores del pasado, para que no sigan afectando nuestro presente, y en vista de ello lo que más nos preocupa es el futuro. La gente es afectada por el “stress” de lo que no puede cambiar y de lo que teme le sucederá. Es algo evidente, pero a la vez difuso, y que consume mucho del tiempo y de la energía de las personas. ¿Qué se puede hacer en tales casos?
Conviene recordar que Jesús tiene control del pasado, del presente y del futro. Esa mañana, sobre esa montaña, Jesús no sólo demostró su poder para transfigurarse de tal manera que asombrara a los que lo estaban viendo, sino que el mensaje más profundo era que el Señor tiene el control de todo, ya sea del pasado, del presente o del futuro.
Es por eso que el Maestro nos invita con frecuencia a descansar en Él. Alguna vez dijo: “Vengan a mí todos los que están trabajando y cargados, que yo los haré descansar”. El Señor sabe que hay muchas cosas que nos quitan el descanso, ya sea por errores del pasado, problemas del presente o temores del futuro. Por eso el día de hoy es tan adecuado leer el evangelio y responder en fe al Señor diciéndole: “Jesús: Te ruego que me ayudes, que tomes mis cargas y mis afanes; reconozco que mis malas decisiones me han causado estos problemas, pero apelo a tu amor y misericordia para que me ayudes a salir adelante. Te pido que tomes el control de mi vida, y que me guíes conforme a tu voluntad. Te lo pido en tu nombre precioso. Amén”.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
El otro detalle interesante, es que junto a Jesús aparecieron dos personajes muy especiales: Elías y Moisés: uno representaba a los Profetas y el otro la Ley. Los tres conversaban acerca de la obra de Jesús, la cual culminaría con su viaje a Jerusalén y su muerte en la cruz.
¿Cómo era posible que dos personajes que habían dejado el planeta siglos atrás pudieran manifestarse en este momento? ¿Cómo pudieron ser reconocidos por los demás? ¿Cuál era el propósito de esta manifestación sobrenatural, acerca de la cual Jesús les encargó que no lo dijeran hasta que resucitara? Hay muchos aspectos a considerar respecto al pasaje que se lee este domingo en muchas iglesias, pero por cuestiones de espacio, podemos centrarnos en algunos de ellos.
Tanto Moisés como Elías habían partido de este mundo muchos años atrás. El relato de la muerte de Moisés puede leerse en el libro del Deuteronomio 34, y en el caso de Elías, se puede leer en el Segundo libro de los Reyes 2 lo que sucedió con él, ya que fue llevado al cielo en un carro de fuego. El caso es que ambos pertenecían al pasado, y se supone que los muertos no pueden volver del más allá. Por eso es tan relevante esta aparición, ya que confirma las palabras de Jesús que afirmó que Él es el principio y el fin, el que es y el que era y el que ha de venir. Jesús también es Señor del pasado, y puede operar en él, ya que no hay restricciones de tiempo para quien es Señor del tiempo.
De la misma manera que Jesús tiene poder sobre el pasado, el Señor mostró su autoridad sobre el presente, hablando con Moisés y Elías de lo que estaba por suceder en esos días. Era evidente que Jesús estaba al tanto de que su muerte se acercaba, pero no como consecuencia de las circunstancias, sino como un acto expreso de su voluntad y la de su Padre. Como Jesús mismo dijo: “Nadie me quita mi vida, sino que yo mismo la pongo; tengo autoridad para ponerla y para volverla a tomar”.
Cuando pensamos en la gente de hoy, es muy común encontrar que luchamos contra los errores del pasado, para que no sigan afectando nuestro presente, y en vista de ello lo que más nos preocupa es el futuro. La gente es afectada por el “stress” de lo que no puede cambiar y de lo que teme le sucederá. Es algo evidente, pero a la vez difuso, y que consume mucho del tiempo y de la energía de las personas. ¿Qué se puede hacer en tales casos?
Conviene recordar que Jesús tiene control del pasado, del presente y del futro. Esa mañana, sobre esa montaña, Jesús no sólo demostró su poder para transfigurarse de tal manera que asombrara a los que lo estaban viendo, sino que el mensaje más profundo era que el Señor tiene el control de todo, ya sea del pasado, del presente o del futuro.
Es por eso que el Maestro nos invita con frecuencia a descansar en Él. Alguna vez dijo: “Vengan a mí todos los que están trabajando y cargados, que yo los haré descansar”. El Señor sabe que hay muchas cosas que nos quitan el descanso, ya sea por errores del pasado, problemas del presente o temores del futuro. Por eso el día de hoy es tan adecuado leer el evangelio y responder en fe al Señor diciéndole: “Jesús: Te ruego que me ayudes, que tomes mis cargas y mis afanes; reconozco que mis malas decisiones me han causado estos problemas, pero apelo a tu amor y misericordia para que me ayudes a salir adelante. Te pido que tomes el control de mi vida, y que me guíes conforme a tu voluntad. Te lo pido en tu nombre precioso. Amén”.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com