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'Para nosotros es normal un país de muertos'
La actriz afirma que son los ciudadanos quienes deben tomar las riendas del cambio y participar activamente en busca de la justicia en el país
GUADALAJARA, JALISCO (14/JUN/2015).- Es un sábado en Tapalpa, Jalisco, la charla con la actriz Eréndira Ibarra se da en una comida para creativos de cine y prensa en el Festival de Cine de Tapalpa. El clima es frío, de ese que se da con agrado en una zona boscosa, son aproximadamente las 17:30 horas. Estamos en lo alto de un fraccionamiento de cabañas, es un hotel que tiene una vista panorámica imponente, huele a madera, todo se ve verde.
Nos acomodamos en una sala con un enorme ventanal abierto de par en par;desde el otro lado de la habitación llegan las carcajadas de un grupo de personas y los golpes de bolas que ruedan en una mesa de billar.
Eréndira trae una cazadora negra de piel y una falda holgada con unos botines muy fashion —le encanta la moda—. Antes de nuestra charla, participó —junto a un grupo de creativos e investigadores como Darwin Franco, investigador del ITESO— en una mesa redonda con el tema “La desaparición forzada en México”, a propósito de la exhibición del documental “Ni vivos, ni muertos” del director Luis Ramírez.
La estrella de series de televisión como “Las Aparicio” e “Infames” fue la mediadora, y reveló que hay aproximadamente 28 mil desaparecidos, sin contar los que no se denuncian con las autoridades por parte de las familias afectadas por medio a represalias o a no volver a ver nunca más a sus seres queridos.
Que Eréndira sea una activista de tiempo completo no tiene que ver con una moda o una situación de pose, desde pequeña sus padres le inculcaron el amor al prójimo. Epigmenio —productor de teleseries— es un ejemplo para ella, es su padre y él también una de las voces fuertes contra el sistema político en México.
Eréndira ha sido constante en el activismo; como la figura pública que es, sus seguidores o la gente que admira su trabajo puede enterarse de cómo se desarrolla el país en materia de seguridad.
La actriz también forma parte de Amnistía Internacional como embajadora en México, eso le ha dado un panorama amplio de los fenómenos de corrupción e impunidad. Con eso abrimos la charla:
—¿La impunidad tiene un límite?
—Creo que la impunidad, si uno la permite, no tiene límites. Lo vemos diario, está rompiendo con todo; creo que el limite se lo tenemos que poner nosotros. Creo que ese límite en algún momento llegó con la declaraciones de (Jesús) Murillo Karam (ex procurador General de la República), al decir: “Ya me cansé”. Logramos un límite, proveniente del pueblo, de decirle que también nosotros ya nos cansamos, pero no hemos hecho los suficiente para darnos cuenta que la política en México lo que hace es premiar a la corrupción, no hay costo político real por participar en una desaparición forzada —el fenómeno se entiende cuando es la autoridad la que “secuestra” a una persona—, no hay un costo político por participar en un encubrimiento con lo que pasó en la guardería ABC, premiamos a los corruptos y los impulsamos a que sigan teniendo carreras y diputaciones.
—¿Somos apáticos ante la impunidad?
—¿Qué sucede con la apatía? No creo que exista, ésta se ha convertido en una asimilación de ver lo que sucede como algo normal. Para nosotros es normal un país de muertos, de fosas, de desaparecidos. En mi opinión no es apatía, sino ignorancia de que no somos los únicos, de que no es normal que mi primo sea desaparecido por policías municipales; no es normal que te enteres en la escuela de que tu compañero ya no va a regresar. Lo asumimos como que es un problema del que se debe encargar alguien más, delegamos la responsabilidad porque no sabemos ser partícipes del cambio, no sabemos que ser activista no significa tener que ir a todas las marchas, sino simplemente conversar sobre la situación del país. Estamos a años luz de donde creemos estar y por desgracia estamos despertando a punta de desaparecidos y asesinados.
—¿Sientes miedo de vivir en México?
—A veces sí. Tuvimos un caso en particular donde hubo una amenaza en mi familia (hay muchas amenazas hacia ellos), pero una en particular hace que yo ya no quiera regresar a un espacio que para mí fue siempre un lugar de paz y de relajación. Nunca se me va olvidar el hecho de escuchar decir: “Ya sabemos quién es tu papá y vamos a ir tras él y lo vamos a levantar dormido”. Claro que tengo miedo, pero mi coraje y mi indignación y mi corazón me ayudan a vencer este miedo y también saber que amo a mi país, lo amo más que a nada en el universo y aunque me siento mexicana-californiana, porque fui creada en California, y digo “creada” porque muchos de los conceptos que me hacen Eréndira Ibarra surgen allá y en los brazos de mi mamá. Lo que quiero es ver un país que progrese en paz, transparente y feliz.
—¿Las figuras públicas tiene la obligación de alzar la voz?
—Creo que si no lo hacen —y no lo digo por condicionar a mis compañeros, no es mi intención— son bastante irresponsables. Yo crecí en un contexto muy distinto, con familiares que me inculcaron el amor al prójimo como la base de mi vida. Hay figuras como Fernanda Castillo y Rafael Amaya que están en una serie muy cañona (“El señor de los cielos”), y puede que esta serie esté haciendo daño un poco a la percepción de la gente sobre el crimen organizado, pero estos actores son los primeros en apoyar en causas, como un video con un pliego petitorio para pedir que se siga con el esclarecimiento de lo ocurrido con la guardería ABC, ellos quieren sacar esa contraparte y eso para mí es ser valiente.
—Tu papá produce teleseries enfocadas a temas políticos y de corrupción, ¿cuál es el papel de los medios de comunicación, o en este caso la televisión que es donde ustedes se desenvuelven?
—Me da mucha risa cuando vamos en las marchas y dicen: “No necesitamos novelas, necesitamos más escuelas”. Estoy totalmente de acuerdo con eso, pero sé que las novelas llegan a cientos de millones de espectadores en todo el mundo, y que si tenemos la oportunidad de infiltrar las novelas, un poco como lo ha hecho Argos (compañía de su padre) desde un inicio, tenemos las puertas abiertas a cientos de millones de personas que a lo mejor van a ver por primera vez que una lesbiana no es una persona mala y no es un pecado para Dios, o así como con “Las Aparicio” o “Infames”, historias donde la realidad supera la ficción y por mucho.
—¿Trabajarán en algún proyecto en torno a la desaparición forzada?
—Tengo entendido que se está trabajando la serie sobre Ayotzinapa desde la perspectiva de los argentinos forenses, tenemos otras cosas que vienen como el estreno de la película “Las Aparicio”, donde tocamos el tema de las desapariciones y asesinatos de los migrantes. Por mi parte estamos haciendo un video que se llama “Una historia, miles de voces” que será lanzado en redes sociales en agosto junto con la campaña de desaparición forzada en colaboración con Amnistía Internacional, que tiene que ver con poner rostro, nombre y corazón a todas las cifras de desaparecidos.
Nos acomodamos en una sala con un enorme ventanal abierto de par en par;desde el otro lado de la habitación llegan las carcajadas de un grupo de personas y los golpes de bolas que ruedan en una mesa de billar.
Eréndira trae una cazadora negra de piel y una falda holgada con unos botines muy fashion —le encanta la moda—. Antes de nuestra charla, participó —junto a un grupo de creativos e investigadores como Darwin Franco, investigador del ITESO— en una mesa redonda con el tema “La desaparición forzada en México”, a propósito de la exhibición del documental “Ni vivos, ni muertos” del director Luis Ramírez.
La estrella de series de televisión como “Las Aparicio” e “Infames” fue la mediadora, y reveló que hay aproximadamente 28 mil desaparecidos, sin contar los que no se denuncian con las autoridades por parte de las familias afectadas por medio a represalias o a no volver a ver nunca más a sus seres queridos.
Que Eréndira sea una activista de tiempo completo no tiene que ver con una moda o una situación de pose, desde pequeña sus padres le inculcaron el amor al prójimo. Epigmenio —productor de teleseries— es un ejemplo para ella, es su padre y él también una de las voces fuertes contra el sistema político en México.
Eréndira ha sido constante en el activismo; como la figura pública que es, sus seguidores o la gente que admira su trabajo puede enterarse de cómo se desarrolla el país en materia de seguridad.
La actriz también forma parte de Amnistía Internacional como embajadora en México, eso le ha dado un panorama amplio de los fenómenos de corrupción e impunidad. Con eso abrimos la charla:
—¿La impunidad tiene un límite?
—Creo que la impunidad, si uno la permite, no tiene límites. Lo vemos diario, está rompiendo con todo; creo que el limite se lo tenemos que poner nosotros. Creo que ese límite en algún momento llegó con la declaraciones de (Jesús) Murillo Karam (ex procurador General de la República), al decir: “Ya me cansé”. Logramos un límite, proveniente del pueblo, de decirle que también nosotros ya nos cansamos, pero no hemos hecho los suficiente para darnos cuenta que la política en México lo que hace es premiar a la corrupción, no hay costo político real por participar en una desaparición forzada —el fenómeno se entiende cuando es la autoridad la que “secuestra” a una persona—, no hay un costo político por participar en un encubrimiento con lo que pasó en la guardería ABC, premiamos a los corruptos y los impulsamos a que sigan teniendo carreras y diputaciones.
—¿Somos apáticos ante la impunidad?
—¿Qué sucede con la apatía? No creo que exista, ésta se ha convertido en una asimilación de ver lo que sucede como algo normal. Para nosotros es normal un país de muertos, de fosas, de desaparecidos. En mi opinión no es apatía, sino ignorancia de que no somos los únicos, de que no es normal que mi primo sea desaparecido por policías municipales; no es normal que te enteres en la escuela de que tu compañero ya no va a regresar. Lo asumimos como que es un problema del que se debe encargar alguien más, delegamos la responsabilidad porque no sabemos ser partícipes del cambio, no sabemos que ser activista no significa tener que ir a todas las marchas, sino simplemente conversar sobre la situación del país. Estamos a años luz de donde creemos estar y por desgracia estamos despertando a punta de desaparecidos y asesinados.
—¿Sientes miedo de vivir en México?
—A veces sí. Tuvimos un caso en particular donde hubo una amenaza en mi familia (hay muchas amenazas hacia ellos), pero una en particular hace que yo ya no quiera regresar a un espacio que para mí fue siempre un lugar de paz y de relajación. Nunca se me va olvidar el hecho de escuchar decir: “Ya sabemos quién es tu papá y vamos a ir tras él y lo vamos a levantar dormido”. Claro que tengo miedo, pero mi coraje y mi indignación y mi corazón me ayudan a vencer este miedo y también saber que amo a mi país, lo amo más que a nada en el universo y aunque me siento mexicana-californiana, porque fui creada en California, y digo “creada” porque muchos de los conceptos que me hacen Eréndira Ibarra surgen allá y en los brazos de mi mamá. Lo que quiero es ver un país que progrese en paz, transparente y feliz.
—¿Las figuras públicas tiene la obligación de alzar la voz?
—Creo que si no lo hacen —y no lo digo por condicionar a mis compañeros, no es mi intención— son bastante irresponsables. Yo crecí en un contexto muy distinto, con familiares que me inculcaron el amor al prójimo como la base de mi vida. Hay figuras como Fernanda Castillo y Rafael Amaya que están en una serie muy cañona (“El señor de los cielos”), y puede que esta serie esté haciendo daño un poco a la percepción de la gente sobre el crimen organizado, pero estos actores son los primeros en apoyar en causas, como un video con un pliego petitorio para pedir que se siga con el esclarecimiento de lo ocurrido con la guardería ABC, ellos quieren sacar esa contraparte y eso para mí es ser valiente.
—Tu papá produce teleseries enfocadas a temas políticos y de corrupción, ¿cuál es el papel de los medios de comunicación, o en este caso la televisión que es donde ustedes se desenvuelven?
—Me da mucha risa cuando vamos en las marchas y dicen: “No necesitamos novelas, necesitamos más escuelas”. Estoy totalmente de acuerdo con eso, pero sé que las novelas llegan a cientos de millones de espectadores en todo el mundo, y que si tenemos la oportunidad de infiltrar las novelas, un poco como lo ha hecho Argos (compañía de su padre) desde un inicio, tenemos las puertas abiertas a cientos de millones de personas que a lo mejor van a ver por primera vez que una lesbiana no es una persona mala y no es un pecado para Dios, o así como con “Las Aparicio” o “Infames”, historias donde la realidad supera la ficción y por mucho.
—¿Trabajarán en algún proyecto en torno a la desaparición forzada?
—Tengo entendido que se está trabajando la serie sobre Ayotzinapa desde la perspectiva de los argentinos forenses, tenemos otras cosas que vienen como el estreno de la película “Las Aparicio”, donde tocamos el tema de las desapariciones y asesinatos de los migrantes. Por mi parte estamos haciendo un video que se llama “Una historia, miles de voces” que será lanzado en redes sociales en agosto junto con la campaña de desaparición forzada en colaboración con Amnistía Internacional, que tiene que ver con poner rostro, nombre y corazón a todas las cifras de desaparecidos.