Suplementos
Panegíricos indignantes
La tendencia a una aceptación abierta de la “diversidad o preferencia sexual” merece todo nuestro respeto
Es verdaderamente indignante la situación que se vive, de pérdida de valores morales, ya no digamos cristianos, en nuestra sociedad “moderna”. Una sociedad influenciada por el relativismo, como lo ha denunciado varias veces el Papa Benedicto XVI, por el cual ya muchos tienen su propia manera de interpreter y de vivir dichos valores, si es que aún los conservan o ya de plano los han transformado o cambiado por antivalores; por otro tipo de corrientes como son el individualismo; la conocida como “New Age” o “Nueva Era”, y muchas otras de tinte panteísta o francamente ateas.
Pero es aún más indignante el hecho de que se han multiplicado los espacios en algunos medios de comunicación, ya sea a través de comentarios o de letras de canciones, o bien de videos con imágenes insinuantes, que son verdaderos panegíricos de los antivalores.
Veamos: si bien la tendencia a una aceptación abierta a la llamada “diversidad o preferencia sexual” --utilizada para referirse al homosexualismo y al lesbianismo, y quienes la viven o la practican-- merecen todo nuestro respeto, es muy diferente ello a que abierta y descaradamente se elogie, se exalte y se proponga como normal, y un derecho adquirido, aquello que a todas luces no es natural ; y no sólo eso, sino que evidentemente va contra la naturaleza humana. Recientemente veíamos en un canal de televisión a un par de jóvenes conductores de un programa musical, referirse a un muy famoso cantante que recientemente reconoció en público ser homosexual, encomiar no su arte, ni sus cualidades artísticas, sino el hecho de que, como se dice coloquialmente, “haya salido del closet”; y no sólo eso, sino que lo felicitaron y en seguida presentaron un video en el que interpretaba uno de sus éxitos, el cual mostraba, como coreografía, descaradas insinuaciones y escenas que incentivaban la realización de esa práctica. Video que, siendo visto y escuchado por millones de niños y jovencitos sin un criterio formado, que carecen de personas maduras que los puedan orientar, y que, por lo tanto, lo pueden tomar como algo divertido, de moda y peor aún, como algo normal, natural, podrá inducirlos a “cambiar sus preferencias” definitivamente y caer en un tobogán del cual --como a muchos les ha sucedido-- ya no podrán salir sino con mucha dificultad.
Otra situación por el estilo que se vive en nuestro medio, es la del llamado “embarazo interrumpido”, cuyo verdadero nombre es aborto, y que moral y legalmente todavía en muchos países, y aun en muchos estados en el nuestro, se le conoce como “asesinato de un inocente en el vientre de su madre”. Se ha manejado en esos medios de una manera tan ligera, tan irresponsable y tan engañosa, que cada día aumenta más y más el número de muchachitas adolescentes que se lo practican en la clandestinidad, con los consecuentes y graves riesgos. Todo ello es fruto del libertinaje sexual que también prevalece en nuestro medio, del cual dichos medios de comunicación y “diversión” han fomentado con la multiplicidad de programas que lo presentan como una cosa normal, natural y como un derecho, basados en una de las más grandes falacias, la de que “cada quien es dueño de su cuerpo y puede hacer con él lo que quiera”.
Pues bien, ante todo ello sólo hay una respuesta, que puede darle solución a semejante caos moral --el cual, de no detenerse, nos llevará a una crisis letal que repercutirá en todos los ámbitos de la vida de este mundo--; respuesta que no es una teoría, ni una doctrina o corriente de pensamiento o filosófica, ni algún tipo de postulado científico, no. La respuesta es una persona, la persona de Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Jesucristo, en el cual creemos o decimos creer sus seguidores, entendiendo por creer, el creer en Él y creerle; creer en su Palabra, en su Doctrina, en sus mandatos; confiar en Él, obedecerlo y depender de Él.
Hoy, el evangelio nos recuerda quién es Jesús en este sentido, con sus propias palabras: “No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo. En verdad les digo: mientras duren el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe será grande en el Reino de los Cielos”.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
Pero es aún más indignante el hecho de que se han multiplicado los espacios en algunos medios de comunicación, ya sea a través de comentarios o de letras de canciones, o bien de videos con imágenes insinuantes, que son verdaderos panegíricos de los antivalores.
Veamos: si bien la tendencia a una aceptación abierta a la llamada “diversidad o preferencia sexual” --utilizada para referirse al homosexualismo y al lesbianismo, y quienes la viven o la practican-- merecen todo nuestro respeto, es muy diferente ello a que abierta y descaradamente se elogie, se exalte y se proponga como normal, y un derecho adquirido, aquello que a todas luces no es natural ; y no sólo eso, sino que evidentemente va contra la naturaleza humana. Recientemente veíamos en un canal de televisión a un par de jóvenes conductores de un programa musical, referirse a un muy famoso cantante que recientemente reconoció en público ser homosexual, encomiar no su arte, ni sus cualidades artísticas, sino el hecho de que, como se dice coloquialmente, “haya salido del closet”; y no sólo eso, sino que lo felicitaron y en seguida presentaron un video en el que interpretaba uno de sus éxitos, el cual mostraba, como coreografía, descaradas insinuaciones y escenas que incentivaban la realización de esa práctica. Video que, siendo visto y escuchado por millones de niños y jovencitos sin un criterio formado, que carecen de personas maduras que los puedan orientar, y que, por lo tanto, lo pueden tomar como algo divertido, de moda y peor aún, como algo normal, natural, podrá inducirlos a “cambiar sus preferencias” definitivamente y caer en un tobogán del cual --como a muchos les ha sucedido-- ya no podrán salir sino con mucha dificultad.
Otra situación por el estilo que se vive en nuestro medio, es la del llamado “embarazo interrumpido”, cuyo verdadero nombre es aborto, y que moral y legalmente todavía en muchos países, y aun en muchos estados en el nuestro, se le conoce como “asesinato de un inocente en el vientre de su madre”. Se ha manejado en esos medios de una manera tan ligera, tan irresponsable y tan engañosa, que cada día aumenta más y más el número de muchachitas adolescentes que se lo practican en la clandestinidad, con los consecuentes y graves riesgos. Todo ello es fruto del libertinaje sexual que también prevalece en nuestro medio, del cual dichos medios de comunicación y “diversión” han fomentado con la multiplicidad de programas que lo presentan como una cosa normal, natural y como un derecho, basados en una de las más grandes falacias, la de que “cada quien es dueño de su cuerpo y puede hacer con él lo que quiera”.
Pues bien, ante todo ello sólo hay una respuesta, que puede darle solución a semejante caos moral --el cual, de no detenerse, nos llevará a una crisis letal que repercutirá en todos los ámbitos de la vida de este mundo--; respuesta que no es una teoría, ni una doctrina o corriente de pensamiento o filosófica, ni algún tipo de postulado científico, no. La respuesta es una persona, la persona de Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Jesucristo, en el cual creemos o decimos creer sus seguidores, entendiendo por creer, el creer en Él y creerle; creer en su Palabra, en su Doctrina, en sus mandatos; confiar en Él, obedecerlo y depender de Él.
Hoy, el evangelio nos recuerda quién es Jesús en este sentido, con sus propias palabras: “No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo. En verdad les digo: mientras duren el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe será grande en el Reino de los Cielos”.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx