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Pagina abierta: Guadalajara
Guadalajara del tambor que despierta al universo
Foto y poesía: Ramiro Lomelí
Guadalajara es muchas ciudades; la de oriente
y la otra, al poniente, allende el muro de Berlín
de la Calzada que divide, y otra y otras;
la más bella pervive adentro,
la del canto bajo el agua caída en desnudez que el deseo espía;
la del espejo inundado de miradas, más largas que los libros;
la de los muchachos que ven al cielo no caerse,
irreconocibles cuando se besan –nadie lo sabe-;
la del amor con el silencio, que es rezo oído por Dios,
hablado por Dios; la que recuerda a los muertos;
la de la luz que mira; la que baja la voz cuando escucha
pasos por la escalera; la que es muelle del vecino
mar abierto; la de la cama de la procreación
y la de la cama del encuentro en el jardín,
donde los verdaderos se procrean a sí mismos;
la Guadalajara del tambor que despierta al universo,
tocado por el hijo de los vecinos –callen a ese niño-;
la de la charla política a la hora breve de coincidir
-se coincide en espacio, pero no en el tiempo-;
la que susurra podría existir la democracia
de los grandes rosales; la que trae por dentro,
corriendo por la sangre, los fragmentos de otro espejo.
Guadalajara es muchas ciudades; la de oriente
y la otra, al poniente, allende el muro de Berlín
de la Calzada que divide, y otra y otras;
la más bella pervive adentro,
la del canto bajo el agua caída en desnudez que el deseo espía;
la del espejo inundado de miradas, más largas que los libros;
la de los muchachos que ven al cielo no caerse,
irreconocibles cuando se besan –nadie lo sabe-;
la del amor con el silencio, que es rezo oído por Dios,
hablado por Dios; la que recuerda a los muertos;
la de la luz que mira; la que baja la voz cuando escucha
pasos por la escalera; la que es muelle del vecino
mar abierto; la de la cama de la procreación
y la de la cama del encuentro en el jardín,
donde los verdaderos se procrean a sí mismos;
la Guadalajara del tambor que despierta al universo,
tocado por el hijo de los vecinos –callen a ese niño-;
la de la charla política a la hora breve de coincidir
-se coincide en espacio, pero no en el tiempo-;
la que susurra podría existir la democracia
de los grandes rosales; la que trae por dentro,
corriendo por la sangre, los fragmentos de otro espejo.