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Pagina abierta: GUADALAJARA
Esa flor sagrada en peligro de extinción, la rosa pública, madre vegetal de soles y lunas de blancos, rojos, amarillos, es memoria ya no abierta, se le cerraron los párpados.
Foto y Poesía: Ramiro Lomelí
Duermen en busca de sueños
sobre los verdes jardines abandonados de la Casa de la Cultura,
los tapatíos.
Escuchan bien a las palabras ocupar la curul de los números
en el reloj, aunque no parezca, aunque no lo hablen;
no acostumbran tañer la verdad, toda la verdad.
Pero las muchachas, los muchachos en Guadalajara,
ocupan el lugar de la rosa de Dios, la multiplicada, colorida,
carnal, abierta de pétalos, que no ofrendaba su pistilo
en altares dorados, sino en jardines públicos, horizontales.
Esa flor sagrada en peligro de extinción, la rosa pública,
madre vegetal de soles y lunas de blancos, rojos, amarillos,
es memoria ya no abierta, se le cerraron los párpados.
El aire es mi sacerdote, pasa rezando; lo sigo, le dono mis ojos
cuando levanta la falda oscura de estos días.
Los turistas nos visitan el ayer, los guías dicen
que vienen del mañana.
Duermen en busca de sueños
sobre los verdes jardines abandonados de la Casa de la Cultura,
los tapatíos.
Escuchan bien a las palabras ocupar la curul de los números
en el reloj, aunque no parezca, aunque no lo hablen;
no acostumbran tañer la verdad, toda la verdad.
Pero las muchachas, los muchachos en Guadalajara,
ocupan el lugar de la rosa de Dios, la multiplicada, colorida,
carnal, abierta de pétalos, que no ofrendaba su pistilo
en altares dorados, sino en jardines públicos, horizontales.
Esa flor sagrada en peligro de extinción, la rosa pública,
madre vegetal de soles y lunas de blancos, rojos, amarillos,
es memoria ya no abierta, se le cerraron los párpados.
El aire es mi sacerdote, pasa rezando; lo sigo, le dono mis ojos
cuando levanta la falda oscura de estos días.
Los turistas nos visitan el ayer, los guías dicen
que vienen del mañana.