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Nueva York en Año Nuevo
Esta cuidad ofrece todo y a toda hora. Es un lugar que no deja de asombrar
NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS.- Ver la ciudad de Nueva York por primera vez es una experiencia que difícilmente se borra de la memoria.
Desde el aire es una multitud de luces que se extienden al horizonte y, desde la tierra, los edificios forman laberintos entre decimonónicos y modernos, siempre tan altos y causantes de ese vértigo a la inversa, de ese que se siente cuando se mira desde el piso hacia las alturas, con la sensación (correcta) de ser una diminuta partícula en un universo de concreto.
Sí, con el primer vistazo, se deduce lo obvio: es una ciudad enorme y comprimida al mismo tiempo, es el centro y epicentro del planeta, donde sucede lo más importante y lo más trivial.
La versión con rascacielos de la antigua Roma
Decir que es una ciudad de película es un cliché defendible. ¿Cuántas veces destruida y vuelta a construir, para ser devastada una vez más?
Por aquí pasaron Godzilla, King Kong y ejércitos de extraterrestres.
También ha sido arrasada por asteroides, armas nucleares y virus de toda laya. Nueva York es el escenario real con más ficciones y eso la acerca, la imaginación la materializa, la convierte en un oxímoron.
Por eso, caminar por sus calles, exactamente por Manhattan, es como conocer a alguien de quien se ha oído hablar mucho, como irse de tour por un vecindario que se ha recorrido a las carreras.
¿Cuántos lugares famosos? La Estatua de la Libertad que desde la orilla del Hudson es una silueta gris, el legendario Empire State que se eleva jurásico en una selva de gigantes (la ciudad tiene cerca de 4 mil 500 rascacielos), el frenético Wall Street, la elegante Quinta Avenida, el inmenso y verde Central Park, el luminoso Times Square con las vallas publicitarias más caras del planeta. Lugares, nombres, luces.
Caminando Nueva York
¿Cómo conocerlo todo? No hay un cómo, a menos que se disponga de meses, pues Nueva York está constituido por cinco distritos: Bronx, Brooklyn, Queens, Staten Island y Manhattan. Todos son enormes.
Por eso, una buena manera de acercarse a la ciudad, sobre todo si va por primera vez y solo por unos días, es tomando como centro a Manhattan.
Para recorrerla hay varias posibilidades, pero quizás una de las más sencillas y prácticas es tomar un City Tour. Para ello sólo se debe acercar a una de las estaciones y comprar un boleto. Esas estaciones se reconocen por la presencia de los buses rojos de dos niveles, que se distribuyen por toda la isla.
Un boleto para una persona y válido para dos días cuesta en promedio 60 dólares, pero no hay que dejarse asustar por el precio, pues con él se puede bajar y subir tantas veces como quiera.
Los recorridos son guiados y en cada autobús hay una persona que explica, altavoz en mano, los pormenores de una ciudad que tiene muchas historias para contar.
Pero como sería casi un pecado observar la ciudad desde el lomo de un autobús, hay que descender, caminar, ver, hacer lo que ellos llaman window shopping.
Así que es prácticamente un deber armarse de un mapa de la isla (en las recepciones de los hoteles los regalan) y bajarse en los puntos que más le interesen.
Tampoco sobra que se pierda a propósito, que camine casi sin rumbo definido y se deje asombrar por un lugar que sabe cómo dejar sin aliento.
De compras
La capital del mundo también puede ser la capital de las compras. El antojo es un estado que acompaña como la sombra.
Almacenes de todas las marcas. Todas. Las grandes firmas de la moda compitiendo. La Quinta Avenida, la Madison, los trajes y vestidos de diseñadores con acento italiano, los caprichos de varios ceros, las prendas para alfombra roja, para lucir cual Sarah Jessica Parker o Heidi Klum.
Moda para todos los estilos. Desde los clásicos y elegantes, hasta los menos convencionales. Artículos de lujo y no tanto.
Pero las opciones rebasan las telas, pues aquí la oferta es masiva. Por eso, si lo que se quiere es, por ejemplo, adquirir tecnología, también las grandes compañías tientan con toda clase de aparatos.
Un recomendado puntual: la tienda Apple (767 Quinta Avenida). Desde afuera es un cubo de cristal y adentro, bajo tierra, están todos los iPod, computadoras y demás artilugios de última tecnología.
Además, la regla es ver y también tocar, pues todos estás disponibles para que los use sin compromisos ni urgencias.
Aunque si la pretensión es traer recuerdos del viaje, como camisetas o bolsos con estampados de la ciudad, llaveros y postales, entre otras chucherías para regalar, bien vale la pena pasar por China Town.
Allí, además de encontrar uno de los lugares más coloridos y bellos de la ciudad, existe un agitado mercado del souvenir, en el que los precios son verdaderamente amigables con el bolsillo.
Los planes
Aparte de caminar, conocer y comprar, Manhattan sigue ofreciendo actividad con los mejores restaurantes de todas partes del mundo y la vida nocturna más agitada y variada (es verdad, se trata de una ciudad que no duerme), así como con su musculosa agenda cultural.
Un buen plan, entonces, puede ser ir al East Village. Un barrio que dejó atrás la mala reputación que tuvo hasta la década de los 80 y que fue recuperado por varios constructores que invirtieron en el lugar. Allí la noche se mueve entre una gastronomía variada y bares para cada gusto, en medio de un ambiente bohemio en el que la fauna urbana muestra todos sus matices: desde punks, pasando por raperos y llegando hasta ejecutivos recorren la zona en busca de un trago para amenizar la velada.
Claro, si la intención es más cultural y menos etílica, también cuenta con la posibilidad de asistir a alguna de las obras que se presentan en Broadway. Posibilidad imperdible para todo aquel que guste del teatro.
Por eso, y para no herir tanto la billetera, un consejo puede ser comprar los boletos con descuento que se ofrecen en las taquillas TKTS en Times Square (también hay en South Street Seaport y Downtown Brooklyn), donde las entradas para los espectáculos del día se pueden conseguir a mitad de precio.
Por último (y descontando una infinidad de actividades), tampoco sobra que se dé una pasada por los museos. Dos más que recomendados: el Museo Americano de Historia Natural y el Guggenheim. En el primero se asombrará con los huesos y reconstrucciones de animales que vivieron hace millones de años, así como con los que existen en la actualidad. Mientras que en el segundo podrá ver en primera fila las obras de los principales exponentes del arte moderno.
Con seguridad conocer y caminar Nueva York es en sí mismo una experiencia difícil de olvidar y que merece repetición.
Desde el aire es una multitud de luces que se extienden al horizonte y, desde la tierra, los edificios forman laberintos entre decimonónicos y modernos, siempre tan altos y causantes de ese vértigo a la inversa, de ese que se siente cuando se mira desde el piso hacia las alturas, con la sensación (correcta) de ser una diminuta partícula en un universo de concreto.
Sí, con el primer vistazo, se deduce lo obvio: es una ciudad enorme y comprimida al mismo tiempo, es el centro y epicentro del planeta, donde sucede lo más importante y lo más trivial.
La versión con rascacielos de la antigua Roma
Decir que es una ciudad de película es un cliché defendible. ¿Cuántas veces destruida y vuelta a construir, para ser devastada una vez más?
Por aquí pasaron Godzilla, King Kong y ejércitos de extraterrestres.
También ha sido arrasada por asteroides, armas nucleares y virus de toda laya. Nueva York es el escenario real con más ficciones y eso la acerca, la imaginación la materializa, la convierte en un oxímoron.
Por eso, caminar por sus calles, exactamente por Manhattan, es como conocer a alguien de quien se ha oído hablar mucho, como irse de tour por un vecindario que se ha recorrido a las carreras.
¿Cuántos lugares famosos? La Estatua de la Libertad que desde la orilla del Hudson es una silueta gris, el legendario Empire State que se eleva jurásico en una selva de gigantes (la ciudad tiene cerca de 4 mil 500 rascacielos), el frenético Wall Street, la elegante Quinta Avenida, el inmenso y verde Central Park, el luminoso Times Square con las vallas publicitarias más caras del planeta. Lugares, nombres, luces.
Caminando Nueva York
¿Cómo conocerlo todo? No hay un cómo, a menos que se disponga de meses, pues Nueva York está constituido por cinco distritos: Bronx, Brooklyn, Queens, Staten Island y Manhattan. Todos son enormes.
Por eso, una buena manera de acercarse a la ciudad, sobre todo si va por primera vez y solo por unos días, es tomando como centro a Manhattan.
Para recorrerla hay varias posibilidades, pero quizás una de las más sencillas y prácticas es tomar un City Tour. Para ello sólo se debe acercar a una de las estaciones y comprar un boleto. Esas estaciones se reconocen por la presencia de los buses rojos de dos niveles, que se distribuyen por toda la isla.
Un boleto para una persona y válido para dos días cuesta en promedio 60 dólares, pero no hay que dejarse asustar por el precio, pues con él se puede bajar y subir tantas veces como quiera.
Los recorridos son guiados y en cada autobús hay una persona que explica, altavoz en mano, los pormenores de una ciudad que tiene muchas historias para contar.
Pero como sería casi un pecado observar la ciudad desde el lomo de un autobús, hay que descender, caminar, ver, hacer lo que ellos llaman window shopping.
Así que es prácticamente un deber armarse de un mapa de la isla (en las recepciones de los hoteles los regalan) y bajarse en los puntos que más le interesen.
Tampoco sobra que se pierda a propósito, que camine casi sin rumbo definido y se deje asombrar por un lugar que sabe cómo dejar sin aliento.
De compras
La capital del mundo también puede ser la capital de las compras. El antojo es un estado que acompaña como la sombra.
Almacenes de todas las marcas. Todas. Las grandes firmas de la moda compitiendo. La Quinta Avenida, la Madison, los trajes y vestidos de diseñadores con acento italiano, los caprichos de varios ceros, las prendas para alfombra roja, para lucir cual Sarah Jessica Parker o Heidi Klum.
Moda para todos los estilos. Desde los clásicos y elegantes, hasta los menos convencionales. Artículos de lujo y no tanto.
Pero las opciones rebasan las telas, pues aquí la oferta es masiva. Por eso, si lo que se quiere es, por ejemplo, adquirir tecnología, también las grandes compañías tientan con toda clase de aparatos.
Un recomendado puntual: la tienda Apple (767 Quinta Avenida). Desde afuera es un cubo de cristal y adentro, bajo tierra, están todos los iPod, computadoras y demás artilugios de última tecnología.
Además, la regla es ver y también tocar, pues todos estás disponibles para que los use sin compromisos ni urgencias.
Aunque si la pretensión es traer recuerdos del viaje, como camisetas o bolsos con estampados de la ciudad, llaveros y postales, entre otras chucherías para regalar, bien vale la pena pasar por China Town.
Allí, además de encontrar uno de los lugares más coloridos y bellos de la ciudad, existe un agitado mercado del souvenir, en el que los precios son verdaderamente amigables con el bolsillo.
Los planes
Aparte de caminar, conocer y comprar, Manhattan sigue ofreciendo actividad con los mejores restaurantes de todas partes del mundo y la vida nocturna más agitada y variada (es verdad, se trata de una ciudad que no duerme), así como con su musculosa agenda cultural.
Un buen plan, entonces, puede ser ir al East Village. Un barrio que dejó atrás la mala reputación que tuvo hasta la década de los 80 y que fue recuperado por varios constructores que invirtieron en el lugar. Allí la noche se mueve entre una gastronomía variada y bares para cada gusto, en medio de un ambiente bohemio en el que la fauna urbana muestra todos sus matices: desde punks, pasando por raperos y llegando hasta ejecutivos recorren la zona en busca de un trago para amenizar la velada.
Claro, si la intención es más cultural y menos etílica, también cuenta con la posibilidad de asistir a alguna de las obras que se presentan en Broadway. Posibilidad imperdible para todo aquel que guste del teatro.
Por eso, y para no herir tanto la billetera, un consejo puede ser comprar los boletos con descuento que se ofrecen en las taquillas TKTS en Times Square (también hay en South Street Seaport y Downtown Brooklyn), donde las entradas para los espectáculos del día se pueden conseguir a mitad de precio.
Por último (y descontando una infinidad de actividades), tampoco sobra que se dé una pasada por los museos. Dos más que recomendados: el Museo Americano de Historia Natural y el Guggenheim. En el primero se asombrará con los huesos y reconstrucciones de animales que vivieron hace millones de años, así como con los que existen en la actualidad. Mientras que en el segundo podrá ver en primera fila las obras de los principales exponentes del arte moderno.
Con seguridad conocer y caminar Nueva York es en sí mismo una experiencia difícil de olvidar y que merece repetición.