Suplementos

New York, la capital de las compras

Los amantes de la moda tienen un destino exclusivo para deleitarse la pupila con aparadores coloridos y rebajas al por mayor

NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS (12/DIC/2010).- Estoy en la esquina de la Quinta Avenida y la calle 58 frente a la tienda Bergdorf Goodman. Sus vitrinas encendieron las luces neón a las cinco de la tarde porque a esta hora en Nueva York, el Sol ya se ocultó.

Un maniquí presume un delicado vestido Armani. Entre caleidoscopios, estrellas, lentejuelas y carátulas de reloj, artificios que decoran el escenario, se asoma la etiqueta de la prenda.  El precio hace que se me pinte una sonrisa en el rostro: dos mil 570 dólares. Mi sonrisa no es para nada de alegría, sino más bien de ironía. Mis ahorros de seis meses no cubren ni la cuarta parte del precio de la prenda.

Paso al siguiente aparador donde tres damas inanimadas visten el estilo de Marc Jacobs, el mismo diseñador que ha vestido a Lady Gaga y a Madonna, y que también ha colaborado para la mítica marca francesa Louis Vuitton. Veo faldas de tul y corsés de seda en color durazno. Mi pregunta en ese momento es si habrá alguien que se lo ponga y salga así a la calle.

La respuesta la sabré al entrar a la tienda. Dos chicas se prueban el atuendo; al final se lo llevan –convencidas de que han adquirido el universo entero– junto con unas botas de gamuza y foquitos de colores.

La amabilidad fluyó entre los caballeros que se ofrecen para retirarte el abrigo y guardar tu bolso mientras exploras ese paraíso, señoritas políglotas que te asesoran para elegir un vestido de noche, unos zapatos o un accesorio para el cabello, según el color y la textura de tu estilo.

No importa si no compras nada, una se puede probar lo que sea y no es mal visto si dices: “No lo quiero, gracias”.

En esa tienda de tres pisos se me han ido un par de horas. Quiero ilusionarme más, probarme lo último en moda y comprobar por qué la Quinta Avenida es una de las más visitadas a nivel mundial durante la época decembrina.

No se equivocan al decir que Nueva York es “la capital del mundo”, y es que aquí hay gente de todas las nacionalidades. Un grupo de amigos puede estar conformado por un nigeriano, un japonés, un español, un argentino, un hindú y un mexicano, tal como como si fuera un chiste.

Los escaparates permanecen encendidos, no hay una cortinilla o reja que los proteja cuando la tienda está cerrada. La mayoría termina su jornada a las 21:00 horas. De hecho, durante la noche es cuando más lucen.

La vista está libre y como en cualquier museo, cada pieza que exhibe aparenta ser invaluable, pero sobre todo inalcanzable. Entonces aflora el pecado de la codicia.

Caminando sin rumbo

El itinerario marca un recorrido de compras por la avenida Madison. Caminamos dos cuadras y llegamos a la Séptima Avenida, la que tiene más vida que otras.

Es la temporada la que hace, que con todo y cero grados de temperatura, las familias salgan a caminar, a comprar o a sentarse en las escaleras rojas de Times Square. Empujones por aquí y por allá, los transeúntes llegan a formar cerca de seis filas en espera de cruzar la calle. Soy víctima de los empujones en medio de un río de personas por detenerme a contemplar los grandes espectaculares que alumbran la avenida. Entre el barullo se escucha al vagabundo pedir ayuda, que por cierto, trae un abrigo mejor que el mío.

Otra vez mi instinto comprador se deja seducir por los cristales limpios y grandes, además del olor, de los M&M, el santuario del chocolate confitado. Empiezo por la planta principal donde se pueden personalizar todos los souvenirs imaginables, desde llaveros, dijes hasta tazas, calcomanías, libretas, sombrillas y pantuflas con tu nombre o diferentes estados de ánimo bordados.

En otra área están los objetos de colección. Una de las mejores cosas es la guitarra con cristales de Swarovski, de 275 mil dólares.

Ya casi es medianoche y la tienda está por cerrar. Aprovecho para tomarme una foto con el chocolate de color azul de cinco metros disfrazado de Elvis Presley, mientras que un dulce verde es el atuendo de la Estatua de la Libertad. Aquí sí puedo dar el primer tarjetazo, por un par de tazones, una libreta y un despachador de chocolates son 35 dólares.

Una cuadra más y he llegado a la intersección de la Séptima Avenida y Broadway, donde está el Times Square. Me siento en otra dimensión. Los anuncios espectaculares se apoderan de la calle y de todas las miradas. De un lado puedo ver cortos de películas de los años cincuenta, del otro las obras que se están presentando en los teatros de la calle Broadway.

Más adelante hay una pantalla electrónica gigante en la que nos vemos los que caminamos por la avenida. Hay una enorme escalera roja que sirve como mirador y también como punto de reunión entre los neoyorquinos.

Me siento para disfrutar de la panorámica: rascacielos por todos lados y luces que me encandilan las pupilas. Ahora me lo creo, empiezo a sentir el verdadero ambiente de La Gran Manzana.

A media noche

Antes de ir al hotel hago una parada en la tienda de Disney, la que siempre tiene rebajas sin importar la época del año. Otra vez mi tarjeta se desliza por la máquina registradora al no poder resistir la tentación de llevarme la tortuga vieja que sale en “Nemo”. Sí, en México las hay, pero nunca de mi tamaño (un metro con 55 centímetros) y mucho menos a 15 dólares.

De la calle 42 camino a la 58 para bajar de nuevo a la Quinta Avenida y llegar a mi hotel. Pero hay una fila de personas que llama mi atención. Miran un cubo enorme de cristal, es fácil saber de qué se trata al identificar aquella manzana blanca. Es la entrada a la tienda de Apple, abierta las 24 horas del día. Un elevador te baja a la tienda no sólo para comprar sino también para probar todos sus artículos. El iPad sigue causando furor.
Todo está seccionado y en orden. Hay que acercase a los vendedores uniformados de rojo para que te indiquen dónde se encuentra cada accesorio, desde un cable hasta una laptop.

No hay demasiada gente en las cajas de pago, y no es porque los precios estén muy elevados sino porque hay cuatro secciones con seis cajas cada una para agilizar el servicio. En mi estado de cuenta se registrará una carcasa para mi celular, por un monto 20 dólares.

Madison no es para mí

Mi itinerario marca un paseo por las tiendas más exclusivas de la avenida Madison, ahí donde llegan las limusinas con alguna personalidad del espectáculo o del jet set. La primera parada es la tienda con el número 831 del diseñador Redd Krakoff, quien se encarga de las colecciones de la marca Coach. Él ha lanzado su propia marca de ropa y accesorios.

Los aparadores no son espectaculares, prefiere utilizar lo más sencillo para que luzcan las prendas en piel, lana, mezclilla, algodón y seda.
Una pantalla gigante nos muestra una pasarela con las prendas a la venta. El vendedor interrumpe entusiasmado la proyección para contarnos que Verónica Castro es una de sus clientes frecuentes, al igual que Paris Hilton.

Las etiquetas van de los 500 a los 20 mil dólares. En la planta superior, donde están las piezas exclusivas, los precios se elevan hasta los 125 mil dólares.

Sólo existen tres tiendas de Krakoff en el mundo: Nueva York, Las Vegas y Tokio.

Joyería

Un guardia desactiva la alarma de la tienda ubicada en el número 42. Una vez que pasé el detector de metales puedo soltar la quijada en la joyería de Stefano Canturi. La gente se detiene para ver el escaparate con gargantillas, prendedores, anillos, aretes y pulseras elaborados con zafiros y diamantes.

No sólo las piezas llaman la atención por las gemas, también por el diseño de formas irregulares. El artista australiano se inspira en el cubismo de Picasso para elaborar artesanalmente cada una de sus piezas. Las creaciones de Canturi han llegado al cine, como en Moulin Rouge, donde Nicole Kidman luce un collar de zafiros y un vestido rojo.

Hay que tener ahorrado, por lo menos 350 mil dólares para comprar unos pendientes tamaño broquel, pero si hablamos de exclusividad entonces hay que hacer referencia a OC, su propietaria es Orianne Collins, quien al menos para mí, era totalmente desconocida hasta que la vendedora nos revela que se trata de la esposa de Phill Collins.

Mi consuelo

Century 21 es una de las tiendas más concurridas, se encuentra saliendo de la estación de metro Wall Street. La razón es simple, marcas como Donna Karan, Oscar de la Renta, Dolce & Gabbana, Calvin Klein, Carolina Herrera, Prada y Gucci están en descuento aunque los modelos no sean de temporada. Hay saldos de ropa -ninguna con un defecto- y encuentras todas las tallas y colores. Cuatro pisos para elegir entre artículos de dama, caballero, niños, zapatos, hogar, perfumería y hasta souvenirs.

Abre de 07:00 a 21:00 horas, desde temprano se llena de turistas que salen agotados y cargados de bolsas. No es extraño encontrar un abrigo Oscar de la Renta en 30 dólares, o un par de jeans Donna Karan, o unas botas Guess por 70 dólares.

Temas

Sigue navegando