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Navidad a la tapatía

Un regalo inesperado... depresión y otros males

Tapatíos o no, esta temporada puede ser clave para encontrarse con estados de ánimo que lleven a una enfermedad como la depresión, un regalo inesperado que tiene que ver con la falta de amor propio, la pérdida de un ser querido o por sentir un vacío emocional que nada ni nadie lo llena.

Cuando muchos están concentrados en los regalos, cenas familiares y reuniones entre amigos, otros pasan sus días añorando lo que no fue y su “triste realidad” se hace más amarga ante el entorno de amor y paz de la Navidad.

Los especialistas señalan que la cultura, el espacio cotidiano y lo que significa vivir en nuestra sociedad, “la Guadalajara que crece y se expande”, presenta elementos creativos e interesantes por todos sus habitantes que la convierten en una gran urbe.

El psiquiatra Mario Alberto Aguilar señala que esta situación tiene varias desventajas en las que habrá que poner atención y superarlas, “las distancias entre cada uno de los habitantes es una de ellas, el momento de la Navidad que es tradicional por la cultura mayoritariamente católica y por el rito de su celebración, tiene este significado intenso de cercanía con los seres queridos”.

La vida rápida que se presenta en Guadalajara, impide que se frecuente a los amigos, aquellos seres queridos “con los que suelo estar uno junto al otro, uno se revitaliza y se le viene asignando este espacio de las fiestas navideñas, en donde el convivio, la cercanía y el afecto es un nutrimento emocional”.

Para aquellas personas que no coinciden con el escenario descrito, el recuerdo de las ausencias suele ser una carga mayor, los seres queridos que se fueron, los amigos que ya no están, en un ritmo de vida que impide hacer los duelos cotidianos, “son aquellos momentos en los que, por ejemplo en una tarde, nos acordamos del ser querido que ya no está, no lo hacemos porque andamos muy a la carrera y es importante hacer esta pausa y vivir el duelo”.

En esta temporada, cuando la mayor parte del tiempo se dedica a las reuniones donde se convive y se piensa en “aquellos” que ya no están, el especialista señala que se subraya su ausencia, donde se tiene la oportunidad de observar que otros se están riendo… “Es un elemento que significa angustia, estrés, que puede ser sobrellevado, pero que si va más allá de las fuerzas emocionales de la persona, puede ser que nos lleve a una depresión”.

Ésta se puede combatir de una forma natural pero siempre y cuando se esté dispuesto a hacerlo. “Sí hay que llorar, se debe de llorar a los amigos que no están, al esposo, papá, hijo… hay que dedicarles un tiempo para llorar, buscar a otro, al amigo que nos puede escuchar y luego busquemos al mismo tiempo a las amistades que siempre están, es decir, que compartamos nuestro dolor en esos momentos”. El psiquiatra Aguilar compara este hecho al de un “rito” que necesitan los humanos para equilibrar la vida, algunos emblemáticos como el matrimonio, las celebraciones religiosas, la graduación escolar… de esa forma se debe llorar a los ausentes. Se trata de una fórmula sana, acertada y gratificante.

También está el proceso migratorio al que todo México está expuesto, esos movimientos que se dan de lugar, lo más sano es hablar y acordarse de las personas ausentes, dedicarles el momento necesario y entonces vendrá una solución muy clara, “un proceso de resignación y de paz, no como la alegría que implica tenerlos, pero sí de armonía, paz y resignación”.

Familias por tradición

La costumbre de la familia tapatía es fundamental, “ojalá no se pierda, si llegan ciudadanos, amigos de otros lugares, lo importante es que siga, mantenernos en familia nos nutre, disminuye nuestros núcleos agresivos, un dato es que la personas que se suicidan son personas que en proporción viven solos, están separados, son viudos o viven aislados”.

Los individuos no pueden vivir en soledad o como ermitaños, siempre se necesita a alguien más: “Que la cultura tapatía nos permita un espacio familiar donde convivan los papás, los hijos… porque además nuestra cultura es de familias extensas, hay primos que se hacen buenos amigos, que se mantenga el vínculo familiar es una gran necesidad para todos”.

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