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La insostenible levedad del peso

GUADALAJARA, JALISCO (08/MAY/2010).- En el final de la década de los 80, Brasil comenzó a invadir el mercado mexicano de autopartes. Las partes de repuesto llegaban a precios extremadamente asequibles. Su calidad era directamente proporcional a costo. Era un momento en el que la moneda brasileña tuvo por lo menos tres nombres: cruzeiro, cruzado y real. Su valor ante otras divisas era escaso y esto forzaba la economía brasileña a adoptar un perfil exportador. Su mercado interno era débil y mostraba pocas perspectivas de crecimiento. México, en cambio, estaba a “días” de entrar al primer mundo y comenzaba a tejer su hoy en día sofisticada red de acuerdos comerciales. El dólar estadounidense se compraba con poco más de dos pesos. Hoy que la situación se ha invertido, los consumidores mexicanos vivimos un mundo irreal, en el que nuestro nivel de exigencia es varias veces mayor que nuestra capacidad adquisitiva. Es una frustrante realidad. Somos cada vez más pobres, pero pensamos merecer sólo lo mejor.

El más reciente golpe a nuestra cartera llegó con la devaluación comenzada en 2008, cuando llegamos a necesitar 16 pesos para comprar un dólar. Esto nos llevó a vivir un año de 2009 extremadamente atípico, en el que los precios de los autos nuevos fueron subsidiados debido a que las marcas tenían enormes inventarios que no podían mantener. Los precios de los autos en nuestro país estuvieron el año pasado entre los más bajos del mundo, una distorsión que aún no se corrige del todo debido a que, a pesar de la mejora económica reciente, el poder adquisitivo del pueblo sigue por el suelo. Así, nos estamos transformando de nuevo en una economía exportadora, lo que a largo plazo no es sostenible, más todavía cuando el peso se está fortaleciendo, una tendencia que parece irreversible, pero es aún muy lenta.

Claro que hay que aprovechar el momento de debilidad del peso para mandar productos hacia afuera. La industria automotriz nacional lo sabe y se aplica en esa tarea. Tanto que durante el primer trimestre, las exportaciones y la producción de vehículos alcanzaron niveles por arriba del 2008, un año en el que se vendieron 1.12 millones de vehículos en territorio nacional. Sin embargo, las ventas internas bajaron 3.3 por ciento comparadas al raquítico 2009, cuando se vendieron menos de 760 mil vehículos en el país. En teoría la economía del país está creciendo, pero esto claramente aún no llega a los bolsillos de la gente.

La distorsión creada por la brusca caída del poder de compra, me recuerda el ingreso de Peugeot a México, a principios de la década pasada. La marca francesa trajo el 405 de Chile, porque era el país con el que se tenía un tratado de libre comercio (con Europa aún no se tenía) y fue duramente criticada por poner en suelo nacional un auto “anticuado”, un coche de una generación anterior, ya que el 406 ya se vendía en el Viejo Continente. México podía pagar por lo que había de mejor en el mundo y quería hacerlo. Vivimos un momento en el cual la mayoría de los autos Chevrolet vendidos en México eran Opel, por lo tanto, de origen europeo. Hoy en día, con el euro a casi 17 pesos, ya no hay ni un solo Opel en este país. Y pasa lo mismo con muchas otras marcas, como Renault o VW, que piensan varias veces antes de traer un auto desde Europa.

Pero ya no podemos comprar ni siquiera de Brasil. Con el real valiendo poco más de 1.7 reales por dólar, los autos que vienen de Brasil resultan carísimos. Traer un coche de allá para venderlo aquí, en estos días, significa perder dinero para comprar participación de mercado. No todos están dispuestos a hacerlo. Honda, por ejemplo, no lo hace y prefiere perder mercado, aunque éste, ya es otro tema.

Para tener autos compactos y modernos, éstos tienen que ser fabricados aquí. Por suerte hay proyectos como el Ford Fiesta, el Nissan March y el Fiat 500. Pero el Fiat Linea, un auto que se pensaba traer a suelo azteca, no vendrá porque su precio estaría por arriba del mercado. Y podría pasar lo mismo con el nuevo Uno, a menos que Chrysler entienda que puede venderlo por cerca de 140 mil pesos.

Los precios, que ya subieron comparados a 2009, deben hacerlo aún más en éste y en los años próximos. Falta que la gente recupere su poder de compra. Las inversiones están regresando al país, pero lo harían de forma más contundente y continuada, si tuviéramos más seguridad e infraestructura. El peso mexicano, que empieza a revaluarse, sólo comenzará a ser realmente benéfico cuando llegue a nuestro bolsillo. Mientras tanto, volveremos a vivir una etapa similar a la del antiguo y poco querido “decreto automotor”, que obligaba a solo vender aquí lo que aquí se produjera. Lo peor de todo es que ahora, ya estamos todos “mal acostumbrados” a tener en nuestras manos lo mejor, a un precio tan bajo, que es insostenible.

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