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Motor de arranque
¿Luz al final del túnel?
Esta semana que hoy termina fue compleja y complicada para la industria automotriz. Los problemas vienen, como se está haciendo costumbre, de Estados Unidos, incluyendo el Tratado de Libre Comercio que genera tráfico no deseado—aunque legal— de vehículos usados desde el norte. Por fortuna, parece que dentro de la oscuridad de estos días, ya hay un par de señales, originarias de Brasil e Italia, que bien podrían ser la luz al final del túnel, un indicio de que las cosas pueden estar comenzando a mejorar.
En la parte complicada de las noticias en la semana, está, por supuesto, la visita obligatoria de los jefes ejecutivos de GM y Chrysler a Washington, para hacer el primer reporte sobre el préstamo de 17.4 mil millones de dólares que se les concedió entre diciembre y enero pasados. Ambas empresas volvieron a decir más de lo mismo que ya habían dicho en las negociaciones que comenzaron en octubre de 2008, es decir, que necesitan más dinero o podrán quebrar, llevando consigo un sector muy importante de la economía estadounidense y mundial, produciendo un indeseable efecto cascada.
General Motors, mucho más grande que Chrysler, habló de planes para cerrar otras 14 plantas y despedir a 50 mil empleados en los próximos dos años. La empresa va a reducir su tamaño al igual que su oferta de productos.
Marcas como Hummer y Saab, ya están en venta. Con Saturn ocurre lo mismo. Pontiac seguirá “como un fabricante de nicho”, quién sabe exactamente esto qué significa. El hecho es que la hoy inmensa GM, tendrá bajo su paraguas sólo Chevrolet, Cadillac, GMC y Buick.
Chrysler afirma que, de no recibir su dinero tendría que cerrar, de tajo, a 29 plantas productoras. Cortaría también súbitamente, a 40 mil puestos de trabajo. La marca, que dijo que va a lanzar 24 nuevos modelos en los próximos años, ya declaró que desaparecen de su portafolio actual productos como la Dodge Durango, la Chrysler Aspen y el Chrysler PT Cruiser, éste último fabricado en México. Ya se había anunciado antes la desaparición del PT Convertible, ahora se declara oficialmente muerto el auto que ayuda a revivir la empresa hace cerca de una década.
Es natural que, en el mundo globalizado en el que vivimos, el cierre de empresas del tamaño de GM y Chrysler —algo que, por absurdo que suene, puede ocurrir— dificulte mucho las cosas para los demás, es decir, para los fabricantes de autos que sobrevivan. Esto se debe a que hay muchos proveedores comunes, que al verse obligados a producir en menor escala, también se verían ante la necesidad de aumentar sus precios a los demás.
Sin embargo, por más que sea dura la desaparición de ese par de gigantes, no sería el Apocalipsis. En 1991, la mayor compañía aérea del mundo, Pan American Airways, cerró sus puertas. La compañía venía en problemas desde 1973, con la primera crisis del petróleo. Luego, se enfrentó a nuevas reglas para la operación de líneas aéreas, dictadas por el Gobierno de Estados Unidos. Pan AM, como era mejor conocida, acusó a muchos de jugar de manera desleal. Pidió dinero prestado y juró que las cosas serían mejores. Pero finalmente, en enero de 1991, tuvo que enfrentarse con la bancarrota. El 4 de diciembre de ese mismo año, cerró sus puertas. Su cierre no representó el fin de otras empresas como Boeing o McDonald Douglas, como muchos entonces suponían. Tampoco dejó el mundo sin opciones para volar.
Claro que el planeta es distinto hoy en día. Y resulta también obvio una línea aérea no es lo mismo que una compañía automotriz. Pero si llegaran a cerrar GM y Chrysler — lo que no deseo que ocurra, claro esté — no sería el “fin del mundo”. Los hombres seguiremos andando en coches y, siempre que posible, los vamos a cambiar por nuevos, fabricados por el que más nos parezca. Si faltan proveedores en Estados Unidos, pronto llegarán otros, del mismo lugar o de México, Brasil, Rusia, India o China.
De hecho, de Brasil nos llega la buena noticia que, durante los primeros 15 días de febrero, las ventas de autos aumentaron 8% comparado contra 2008. Esto hizo que empresas que habían hecho despidos de personal por “pánico”, los volvieran a contratar, como ocurrió con Renault, que trajo de regreso a 500 empleados a su planta en Curitiba.
La otra buena señal llega de Italia, donde el mercado está creciendo debido a la intervención del gobierno local, que está ofreciendo 1,500 euros (cerca de 30 mil pesos) para que el que tenga coches con más de 10 años de edad, lo cambie por uno más nuevo y menos contaminante. Esto ya hizo que Fiat, el mayor fabricante local, pusiera reversa en sus intenciones de cerrar plantas y cortar personal.
Son dos buenas noticias en un momento en el que éstas se han mostrado escasas. La moraleja que nos deja todo esto es que, por increíble que pueda parece en este momento, no sólo habrá vida después de afamada “crisis”, sino que la hay en este preciso momento, por si nos habíamos olvidado.
En la parte complicada de las noticias en la semana, está, por supuesto, la visita obligatoria de los jefes ejecutivos de GM y Chrysler a Washington, para hacer el primer reporte sobre el préstamo de 17.4 mil millones de dólares que se les concedió entre diciembre y enero pasados. Ambas empresas volvieron a decir más de lo mismo que ya habían dicho en las negociaciones que comenzaron en octubre de 2008, es decir, que necesitan más dinero o podrán quebrar, llevando consigo un sector muy importante de la economía estadounidense y mundial, produciendo un indeseable efecto cascada.
General Motors, mucho más grande que Chrysler, habló de planes para cerrar otras 14 plantas y despedir a 50 mil empleados en los próximos dos años. La empresa va a reducir su tamaño al igual que su oferta de productos.
Marcas como Hummer y Saab, ya están en venta. Con Saturn ocurre lo mismo. Pontiac seguirá “como un fabricante de nicho”, quién sabe exactamente esto qué significa. El hecho es que la hoy inmensa GM, tendrá bajo su paraguas sólo Chevrolet, Cadillac, GMC y Buick.
Chrysler afirma que, de no recibir su dinero tendría que cerrar, de tajo, a 29 plantas productoras. Cortaría también súbitamente, a 40 mil puestos de trabajo. La marca, que dijo que va a lanzar 24 nuevos modelos en los próximos años, ya declaró que desaparecen de su portafolio actual productos como la Dodge Durango, la Chrysler Aspen y el Chrysler PT Cruiser, éste último fabricado en México. Ya se había anunciado antes la desaparición del PT Convertible, ahora se declara oficialmente muerto el auto que ayuda a revivir la empresa hace cerca de una década.
Es natural que, en el mundo globalizado en el que vivimos, el cierre de empresas del tamaño de GM y Chrysler —algo que, por absurdo que suene, puede ocurrir— dificulte mucho las cosas para los demás, es decir, para los fabricantes de autos que sobrevivan. Esto se debe a que hay muchos proveedores comunes, que al verse obligados a producir en menor escala, también se verían ante la necesidad de aumentar sus precios a los demás.
Sin embargo, por más que sea dura la desaparición de ese par de gigantes, no sería el Apocalipsis. En 1991, la mayor compañía aérea del mundo, Pan American Airways, cerró sus puertas. La compañía venía en problemas desde 1973, con la primera crisis del petróleo. Luego, se enfrentó a nuevas reglas para la operación de líneas aéreas, dictadas por el Gobierno de Estados Unidos. Pan AM, como era mejor conocida, acusó a muchos de jugar de manera desleal. Pidió dinero prestado y juró que las cosas serían mejores. Pero finalmente, en enero de 1991, tuvo que enfrentarse con la bancarrota. El 4 de diciembre de ese mismo año, cerró sus puertas. Su cierre no representó el fin de otras empresas como Boeing o McDonald Douglas, como muchos entonces suponían. Tampoco dejó el mundo sin opciones para volar.
Claro que el planeta es distinto hoy en día. Y resulta también obvio una línea aérea no es lo mismo que una compañía automotriz. Pero si llegaran a cerrar GM y Chrysler — lo que no deseo que ocurra, claro esté — no sería el “fin del mundo”. Los hombres seguiremos andando en coches y, siempre que posible, los vamos a cambiar por nuevos, fabricados por el que más nos parezca. Si faltan proveedores en Estados Unidos, pronto llegarán otros, del mismo lugar o de México, Brasil, Rusia, India o China.
De hecho, de Brasil nos llega la buena noticia que, durante los primeros 15 días de febrero, las ventas de autos aumentaron 8% comparado contra 2008. Esto hizo que empresas que habían hecho despidos de personal por “pánico”, los volvieran a contratar, como ocurrió con Renault, que trajo de regreso a 500 empleados a su planta en Curitiba.
La otra buena señal llega de Italia, donde el mercado está creciendo debido a la intervención del gobierno local, que está ofreciendo 1,500 euros (cerca de 30 mil pesos) para que el que tenga coches con más de 10 años de edad, lo cambie por uno más nuevo y menos contaminante. Esto ya hizo que Fiat, el mayor fabricante local, pusiera reversa en sus intenciones de cerrar plantas y cortar personal.
Son dos buenas noticias en un momento en el que éstas se han mostrado escasas. La moraleja que nos deja todo esto es que, por increíble que pueda parece en este momento, no sólo habrá vida después de afamada “crisis”, sino que la hay en este preciso momento, por si nos habíamos olvidado.