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Motor de arranque

No soy partidario de los que creen que todo tiempo pasado fue mejor

No soy partidario de los que creen que todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, creo que cuando hablamos de las exposiciones de autos en México, esto es verdad. Al menos cuando nos referimos a la mayor de las exposiciones, que antes se llamaba Auto Expo Mundial y ahora fue bautizada como Salón Internacional del Automóvil de México (SIAM).

A finales de los años 90, esa exposición se hacía en los relativamente apretados salones del edificio del World Trade Center de la capital del país, en la avenida Insurgentes sur. Luego, se transfirió al más amplio y moderno Centro Banamex, donde hasta hoy se realiza. Ese fue, empero, el único cambio positivo de la pasada era a la actual. Desde entonces, la mayor feria de vehículos de México perdió fuerza, importancia y brillo.
En sus buenos tiempos, la Auto Expo Mundial era dirigida por Bill Meyer, quien pese a no haber tenido jamás la elegancia de aprender el español, hizo un muy buen trabajo. México estaba entonces donde debía estar, disputando con Brasil el puesto de organizador de la exposición de automóviles más importante de América Latina. A cada año, los amantes de los autos nos frotábamos las manos esperando por los nuevos modelos que íbamos a ver allá. Muchas veces, eran vehículos que se veían por primera vez en América. Unas cuantas ocasiones, México fue lugar en que se develó un auto antes que cualquier otro.

Entonces, la visión chica, miope, probablemente hasta envidiosa, entró en acción. ¿Si ese extranjero gana mucho dinero haciendo una exposición, por qué nosotros no podemos ganar en su lugar? Eso pareció haber pensado la AMIA, cuando decidió que sería ella, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, que tomaría las riendas de la exhibición de los autos que eran fabricados por sus afiliados. Tenía tanto sentido como si la asociación de banqueros decidiera ponerse a construir casas, ya que ellos las financian. La AMIA reúne a los fabricantes, es cierto, pero no sabe hacer exposiciones. Y esto quedó muy claro con el paso de los años. Tanto, que tuvieron que contratar a otros que sí las saben hacer, pero el principal argumento que tuvo la AMIA hacia sus asociados, el menor precio del metro cuadrado de área de exhibición, desapareció. Así siendo ¿Cuál fue el beneficio de quitar a Meyer? Particularmente no veo ninguno.

Que quede claro que no tengo ninguna relación con el señor Meyer, quien ni siquiera sé dónde está, nunca he entrevistado y, vaya, ni siquiera saludado. Pero recuerdo muy bien la importancia que tenía ese evento y veo, con tristeza, la que tiene ahora.
No quiero hablar de las ausencias, como las de BMW, Honda y Toyota, porque éstas siempre existieron, incluso en la época de Meyer.
Hoy, las puertas del SIAM se abren al público. Hay novedades, es cierto. Ahí están el nuevo Nissan Maxima; el Volkswagen Touran; el Renault Safrane; la Dodge RAM y la Ford Lobo 2009. Pero estos vehículos en muchos casos, ya se pueden ver en las agencias de cada una de las marcas, como el hermoso Mazda 6, por ejemplo.

Hay que reconocer, también, que hay al menos una luz en el final del túnel. Audi exhibió la Q5; Porsche el nuevo 911 y GM la versión de producción del Camaro 2010. Son vehículos atractivos y novedosos lo suficiente como atraer público al evento. Ojalá el resultado final sea tan bueno, que Honda, BMW y Toyota, decidan regresar el año que viene, o en 2010, si se decide que la feria será celebrada a cada dos años. Pero a juzgar por la monotonía de los dos días dedicados a los medios, eso es sólo una esperanza.

Sergio Oliveira

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