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¿Más niños al mundo?
Cómo la realización de festivales, ferias y carnavales de algunas ciudades “favorece” el incremento de la tasa de natalidad en México
Hace poco tiempo un semanario de circulación nacional publicó un artículo acerca de cómo la realización de festivales, ferias y carnavales de algunas ciudades “favorece” el incremento de la tasa de natalidad en México. En él se explicaban que los participantes de la procreación eran, mayoritariamente, los visitantes nacionales o extranjeros en el papel de padres –algo ignoto para ellos una vez que vuelven a su población natal- y, desafortunadamente, las niñas no mayores a los 18 años oriundas del sitio en cuestión como incubadoras de un arranque pasional mal encauzado.
Los puertos de Veracruz y Mazatlán encabezaban esta lista. Y por supuesto que, además de los hijos no deseados en menores de edad, entre los vestigios de dichos carnavales se encontraba un alza en las pacientes contagiadas por enfermedades de transmisión sexual.
El mismo semanario, ya en los últimos días de julio, volvió a publicar una investigación en la que se abordaba el tema de la baja en la población infantil de las europas: que si las del norte –porque era básicamente la mujer el tema de estudio- eran las que más comulgaban con la idea de formar una familia (contrario a la idea generalizada de que por allá casi no hay críos); que si las del sur eran más rejegas; que si la condición como profesionales importaba para la determinación de ser madres o no...
Norte, sur, este, oeste de México... cualquier punto cardinal de nuestro bonito país es idóneo para nivelar la mortandad mundial. Y eso es una pena. Lo curioso es que, en las ciudades mexicanas que presumen de un avance mayor –léase Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey-, sucede algo más o menos parecido a lo que acontece del otro lado del charco.
Acá, en tapatilandia, el ejemplo es notorio. A los que se casan o empiezan una vida en común les cuesta hasta más de un año el engendrar el primero y, en muchos de los casos, el único descendiente de la nueva familia.
¿Conciencia social o espacial? Pensar en el futuro que les espera a esos pobres niños da miedo.Total: en México no faltará quien siga trayendo con gusto o disgusto más niños al mundo.
Oprobio
Los puertos de Veracruz y Mazatlán encabezaban esta lista. Y por supuesto que, además de los hijos no deseados en menores de edad, entre los vestigios de dichos carnavales se encontraba un alza en las pacientes contagiadas por enfermedades de transmisión sexual.
El mismo semanario, ya en los últimos días de julio, volvió a publicar una investigación en la que se abordaba el tema de la baja en la población infantil de las europas: que si las del norte –porque era básicamente la mujer el tema de estudio- eran las que más comulgaban con la idea de formar una familia (contrario a la idea generalizada de que por allá casi no hay críos); que si las del sur eran más rejegas; que si la condición como profesionales importaba para la determinación de ser madres o no...
Norte, sur, este, oeste de México... cualquier punto cardinal de nuestro bonito país es idóneo para nivelar la mortandad mundial. Y eso es una pena. Lo curioso es que, en las ciudades mexicanas que presumen de un avance mayor –léase Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey-, sucede algo más o menos parecido a lo que acontece del otro lado del charco.
Acá, en tapatilandia, el ejemplo es notorio. A los que se casan o empiezan una vida en común les cuesta hasta más de un año el engendrar el primero y, en muchos de los casos, el único descendiente de la nueva familia.
¿Conciencia social o espacial? Pensar en el futuro que les espera a esos pobres niños da miedo.Total: en México no faltará quien siga trayendo con gusto o disgusto más niños al mundo.
Oprobio