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Los secretos de la selva maya
Yaxchilán, la antigua ciudad prehispánica, te llena cada pupila con el esplendor de su cultura, la Naturaleza y las leyendas
OCOSINGO, CHIAPAS (16/ENE/2011).- El cantar de las aves es lo que da la bienvenida al visitante en la Selva Lacandona. Fabio Romero, de origen chiapaneco y guía especializado, asegura que en este exótico lugar hay más de 600 tipos.
Son las nueve de la mañana en territorio chiapaneco. Vamos sobre el Río Usumacinta, por el más caudaloso de México y la frontera con Guatemala. Lo hacemos arriba de una lancha de madera y techo de palma.
Nuestro viaje dura cerca de 40 minutos. Llegamos a la ciudad de Yaxchilán. “En la época de los Mayas, no era un sitio alejado, el Usumacinta fue su principal vía de comunicación. Yo digo que es como la carretera panamericana de los Mayas”, dice Fabio.
Mientras avanzamos, observamos cientos de árboles de cedro y caoba. También hay caucho y zapote. “Esa madera era considerada como preciosa ya que con ella fabricaban los dinteles”, que eran los marcos que adornaban las puertas de los templos.
Instrucciones al paso
Para hacer el viaje debes llegar a Tuxtla Gutiérrez y desde ahí viajar a Palenque durante seis horas. Toma un transporte como el ADO. Cuesta 180 pesos por persona. Al llegar, deberás subir al colectivo y viajar a Frontera Corozal, el trayecto es de tres horas por un costo aproximado 50 pesos.
Lo más cómodo sería llegar un día antes a Palenque y dormir. Al día siguiente puedes salir temprano y desayunar en Valle Escondido, en el kilómetros 63. Ahí se sirve un menú continental, o de lo contrario seguir hasta Frontera Corozal, poblado donde se ubica un centro ecoturístico de nombre Escudo Jaguar, donde hay un pequeño restaurante para comer lo mismo que los lacandones y hasta cabañas para dormir si quieres convivir con los indígenas.
Dinteles y emperadores
Al llegar, vemos un pequeño embarcadero donde hay unas cinco cooperativas de lanchas, todas van a Yaxchilán. El costo por persona, viaje ida y vuelta es de 150 pesos. El primer recorrido sale a las 7:30 horas y la zona arqueológica abre media hora más tarde.
“En Yaxchilán van encontrar jeroglíficos donde se muestran escenas de guerra, una muy famosa es la que tuvo el emperador Escudo-Jaguar II para conquistar Bonampak”, dice José Luís, el arqueólogo que acompaña al grupo de turistas.
Al bajar de la lancha, subimos por una vereda de piedras, entramos por fin a la metrópoli. Lo primero que hacemos es cruzar el Laberinto, llamado así no sólo por su forma sino por su compleja distribución de sus cuartos, dicen que fue hecho a propósito de esa forma para confundir a los enemigos.
La ciudad es considerada uno de los centros ceremoniales más importantes del Periodo Clásico Maya, su importancia se debe a que fue edificada justo en ese tiempo en el que la civilización era la más importante de todas.
“Lo más relevante es que tiene los dinteles mejor elaborados de la zona Maya. Adornaban la puerta de los templos que tenían una trabe con figuras dibujadas. El grosor eran de un metro”, explica Fabio.
Entonces José Luís nos lleva al Templo 12 donde se está el dintel más antiguo, data del año 525 d.C. “Los grabados describen la ascensión al poder de un gobernante. Se fabricaban cada cinco, 10 ó 20 años”.
Y es que, según el calendario maya, cada cinco años se debía realizar una ceremonia de sacrificio para mantener en paz a los dioses y agradecerles los favores y la buena cosecha.
Subimos los escalones de la Gran Acrópolis, que está en la plaza principal. En Yaxchilán hay que acostumbrarse a mirar hacia al techo para admirar los relieves que se localizan en el Edificio 7, el 23 y el 33, este último, tiene en su interior los mejores conservados y las esculturas decapitadas del Pájaro Jaguar IV.
Cosmogonía de la fertilidad
Para recorrer toda la zona se necesita una hora, aunque todo depende de la condición física. Todavía no sabemos cómo explicar lo que se siente estar aquí. Yaxchilán hace que suspiremos, que logremos imaginar a los guerreros en sus ceremonias.
“Es por sus creencias”, afirma Fabio, mientras nos cuenta una historia: los mayas asociaban su cosmogonía a la fertilidad, se hacían sacrificios donde se punzaban las yemas de los dedos con puntas de jade. Las gotas de sangre las ponían en un recipiente con papel amate e incienso. Lo quemaban y el humo era ofrecido a los dioses.
El viento sopla de súbito. La selva tiene más de mil 100 años de reposo, sólo ella sabe por qué ya no hay habitantes en Yaxchilán. Dicen que fue el cambio climático, conocido como el “mega niño”. También dicen que había guerras. Pronto lo sabremos, la verdad será revelada en el 2012, un cambio de ciclo. Lo que no hay que descubrir es lo tangible, la grandeza expuesta de Yaxchilán.
PARA SABER
Yaxchilán: abre de lunes a domingo de 8:00 a 17:00 horas. El acceso tiene un costo de 49 pesos por persona.
¿Quién lleva? Kukulcán Travel Agency por 450 pesos por personas. Los grupos parten desde Palenque, incluyen transporte, desayunos, guía y visita a Bonampak y Yaxchilán.
Fabio Romero, guía especializado, realiza recorridos de un día desde Tuxtla Gutiérrez. Por persona cobra mil pesos. Contacto: 045 961 6554553.
Más información: www.turismochiapas.gob.mx
Son las nueve de la mañana en territorio chiapaneco. Vamos sobre el Río Usumacinta, por el más caudaloso de México y la frontera con Guatemala. Lo hacemos arriba de una lancha de madera y techo de palma.
Nuestro viaje dura cerca de 40 minutos. Llegamos a la ciudad de Yaxchilán. “En la época de los Mayas, no era un sitio alejado, el Usumacinta fue su principal vía de comunicación. Yo digo que es como la carretera panamericana de los Mayas”, dice Fabio.
Mientras avanzamos, observamos cientos de árboles de cedro y caoba. También hay caucho y zapote. “Esa madera era considerada como preciosa ya que con ella fabricaban los dinteles”, que eran los marcos que adornaban las puertas de los templos.
Instrucciones al paso
Para hacer el viaje debes llegar a Tuxtla Gutiérrez y desde ahí viajar a Palenque durante seis horas. Toma un transporte como el ADO. Cuesta 180 pesos por persona. Al llegar, deberás subir al colectivo y viajar a Frontera Corozal, el trayecto es de tres horas por un costo aproximado 50 pesos.
Lo más cómodo sería llegar un día antes a Palenque y dormir. Al día siguiente puedes salir temprano y desayunar en Valle Escondido, en el kilómetros 63. Ahí se sirve un menú continental, o de lo contrario seguir hasta Frontera Corozal, poblado donde se ubica un centro ecoturístico de nombre Escudo Jaguar, donde hay un pequeño restaurante para comer lo mismo que los lacandones y hasta cabañas para dormir si quieres convivir con los indígenas.
Dinteles y emperadores
Al llegar, vemos un pequeño embarcadero donde hay unas cinco cooperativas de lanchas, todas van a Yaxchilán. El costo por persona, viaje ida y vuelta es de 150 pesos. El primer recorrido sale a las 7:30 horas y la zona arqueológica abre media hora más tarde.
“En Yaxchilán van encontrar jeroglíficos donde se muestran escenas de guerra, una muy famosa es la que tuvo el emperador Escudo-Jaguar II para conquistar Bonampak”, dice José Luís, el arqueólogo que acompaña al grupo de turistas.
Al bajar de la lancha, subimos por una vereda de piedras, entramos por fin a la metrópoli. Lo primero que hacemos es cruzar el Laberinto, llamado así no sólo por su forma sino por su compleja distribución de sus cuartos, dicen que fue hecho a propósito de esa forma para confundir a los enemigos.
La ciudad es considerada uno de los centros ceremoniales más importantes del Periodo Clásico Maya, su importancia se debe a que fue edificada justo en ese tiempo en el que la civilización era la más importante de todas.
“Lo más relevante es que tiene los dinteles mejor elaborados de la zona Maya. Adornaban la puerta de los templos que tenían una trabe con figuras dibujadas. El grosor eran de un metro”, explica Fabio.
Entonces José Luís nos lleva al Templo 12 donde se está el dintel más antiguo, data del año 525 d.C. “Los grabados describen la ascensión al poder de un gobernante. Se fabricaban cada cinco, 10 ó 20 años”.
Y es que, según el calendario maya, cada cinco años se debía realizar una ceremonia de sacrificio para mantener en paz a los dioses y agradecerles los favores y la buena cosecha.
Subimos los escalones de la Gran Acrópolis, que está en la plaza principal. En Yaxchilán hay que acostumbrarse a mirar hacia al techo para admirar los relieves que se localizan en el Edificio 7, el 23 y el 33, este último, tiene en su interior los mejores conservados y las esculturas decapitadas del Pájaro Jaguar IV.
Cosmogonía de la fertilidad
Para recorrer toda la zona se necesita una hora, aunque todo depende de la condición física. Todavía no sabemos cómo explicar lo que se siente estar aquí. Yaxchilán hace que suspiremos, que logremos imaginar a los guerreros en sus ceremonias.
“Es por sus creencias”, afirma Fabio, mientras nos cuenta una historia: los mayas asociaban su cosmogonía a la fertilidad, se hacían sacrificios donde se punzaban las yemas de los dedos con puntas de jade. Las gotas de sangre las ponían en un recipiente con papel amate e incienso. Lo quemaban y el humo era ofrecido a los dioses.
El viento sopla de súbito. La selva tiene más de mil 100 años de reposo, sólo ella sabe por qué ya no hay habitantes en Yaxchilán. Dicen que fue el cambio climático, conocido como el “mega niño”. También dicen que había guerras. Pronto lo sabremos, la verdad será revelada en el 2012, un cambio de ciclo. Lo que no hay que descubrir es lo tangible, la grandeza expuesta de Yaxchilán.
PARA SABER
Yaxchilán: abre de lunes a domingo de 8:00 a 17:00 horas. El acceso tiene un costo de 49 pesos por persona.
¿Quién lleva? Kukulcán Travel Agency por 450 pesos por personas. Los grupos parten desde Palenque, incluyen transporte, desayunos, guía y visita a Bonampak y Yaxchilán.
Fabio Romero, guía especializado, realiza recorridos de un día desde Tuxtla Gutiérrez. Por persona cobra mil pesos. Contacto: 045 961 6554553.
Más información: www.turismochiapas.gob.mx