Suplementos
Los primeros niveles del amor
Conforme avanzamos, aprendemos implicaciones que las completan
El primer mandamiento de la Ley de Dios, es decir de los del Antiguo Testamento, dice textualmente:
“Ama a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”
Si aprendemos y cumplimos esto, ya estamos en el primer nivel; estar en el escalón inicial es ya un buen principio, de allí podemos ir subiendo a planos superiores.
Porque en todas las cosas --las actividades, las profesiones, la ciencia, los oficios, los distintos aspectos del arte-- hay niveles.
Unas cosas nos enseñan en la primaria y luego, conforme avanzamos, aprendemos implicaciones que las completan y las perfeccionan.
Cuando vamos a la secundaria y seguimos progresando, lo que aprendimos cuando niños se va perfeccionando, completando y enriqueciendo con elementos nuevos.
Lo mismo exactamente sucede con aquello que atañe a lo espiritual.
Progresando en el amor
El amor se integra en todos los niveles del ser, y la persona los va perfeccionando hasta hacerlo llegar a dimensiones excelsas.
Pero estamos en el nivel más elemental. Ya en temas anteriores hemos comentado que amar a Dios sobre todas las cosas es una obligación del ser humano, por el mismo hecho de ser humano, o porque reconocemos que Él nos amó primero.
El amor al prójimo
Pero la segunda parte de este mandamiento dice que también debemos amar al prójimo como a uno mismo. Considerando literalmente la palabra, prójimo es aquel que está más próximo a nosotros.
Lo cual quiere decir que son aquellos con quienes convivimos a diario, con quienes compartimos la vida, con los que se vive bajo el mismo techo; esos son los primeros que tienen el derecho a ser amados como nos amamos nosotros mismos.
Todo amor es de Dios
Ese derecho proviene de Dios, no es una exigencia que la otra persona nos impone por su gusto o por capricho.
Amar al prójimo es parte del mandamiento de Amar a Dios sobre todas las cosas.
Porque bien afirma San Juan: Si no amas a tu prójimo a quien ves, es imposible que puedas amar a Dios que no ves... y si dices que amas a Dios y no amas a tu prójimo, tu amor a Dios es fantasía.
Amar en la vida diaria
Y el amor se expresa y se manifiesta en cosas prácticas y muy concretas. Si soy amable en la oficina, en la fábrica o en la escuela con los compañeros y compañeras de trabajo, con muchísima razón tengo que ser mucho más amable en la casa con los hijos, con la pareja y con todos los que conviven conmigo en la casa.
Porque muchas veces por motivos o circunstancias, nos toca convivir con padres, abuelos, tíos, etc.
Y es allí donde se viven los momentos más importantes de la vida, que a lo mejor no son los más abundantes, pero sí los más intensos y los más importantes.
Allí donde el amor que debemos a Dios, la gentileza, la buena palabra, un detalle acomedido para ayudar a quien está más atareado, son expresiones de lo que haríamos a Dios si estuviera presente entre nosotros.
Y no es mentira, ya que Dios está presente en una forma no física, sino espiritual, pero real. Lo vamos a reflexionar muy ampliamente en el contexto de la fiesta de Pentecostés, donde tendremos oportunidad de meditar más a fondo cómo el Espíritu Santo está vivo y presente entre nosotros.
Amor para Dios
Y es un hecho que lo que hacemos en familia o al prójimmo, Dios lo recibe en sus manos como hecho a Él mismo. Por eso está tan unido el mandamiento de amar a Dios con el amar al prójimo.
Lo malo de todo esto es que si no amamos, si hacemos groserías, si hablamos a gritos, si ofendemos o golpeamos, también todo esto Dios lo recibe en sus manos como hecho a Él mismo.
Amor que progresa
Cuando hayamos pasado el examen inicial, si no reprobamos, podremos estar en condiciones de subir al siguiente nivel y seguir progresando en el amor en todas sus dimensiones: Amor humanno que crece y se perfecciona hasta volverse divino.
María Belén Sánchez fsp
“Ama a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”
Si aprendemos y cumplimos esto, ya estamos en el primer nivel; estar en el escalón inicial es ya un buen principio, de allí podemos ir subiendo a planos superiores.
Porque en todas las cosas --las actividades, las profesiones, la ciencia, los oficios, los distintos aspectos del arte-- hay niveles.
Unas cosas nos enseñan en la primaria y luego, conforme avanzamos, aprendemos implicaciones que las completan y las perfeccionan.
Cuando vamos a la secundaria y seguimos progresando, lo que aprendimos cuando niños se va perfeccionando, completando y enriqueciendo con elementos nuevos.
Lo mismo exactamente sucede con aquello que atañe a lo espiritual.
Progresando en el amor
El amor se integra en todos los niveles del ser, y la persona los va perfeccionando hasta hacerlo llegar a dimensiones excelsas.
Pero estamos en el nivel más elemental. Ya en temas anteriores hemos comentado que amar a Dios sobre todas las cosas es una obligación del ser humano, por el mismo hecho de ser humano, o porque reconocemos que Él nos amó primero.
El amor al prójimo
Pero la segunda parte de este mandamiento dice que también debemos amar al prójimo como a uno mismo. Considerando literalmente la palabra, prójimo es aquel que está más próximo a nosotros.
Lo cual quiere decir que son aquellos con quienes convivimos a diario, con quienes compartimos la vida, con los que se vive bajo el mismo techo; esos son los primeros que tienen el derecho a ser amados como nos amamos nosotros mismos.
Todo amor es de Dios
Ese derecho proviene de Dios, no es una exigencia que la otra persona nos impone por su gusto o por capricho.
Amar al prójimo es parte del mandamiento de Amar a Dios sobre todas las cosas.
Porque bien afirma San Juan: Si no amas a tu prójimo a quien ves, es imposible que puedas amar a Dios que no ves... y si dices que amas a Dios y no amas a tu prójimo, tu amor a Dios es fantasía.
Amar en la vida diaria
Y el amor se expresa y se manifiesta en cosas prácticas y muy concretas. Si soy amable en la oficina, en la fábrica o en la escuela con los compañeros y compañeras de trabajo, con muchísima razón tengo que ser mucho más amable en la casa con los hijos, con la pareja y con todos los que conviven conmigo en la casa.
Porque muchas veces por motivos o circunstancias, nos toca convivir con padres, abuelos, tíos, etc.
Y es allí donde se viven los momentos más importantes de la vida, que a lo mejor no son los más abundantes, pero sí los más intensos y los más importantes.
Allí donde el amor que debemos a Dios, la gentileza, la buena palabra, un detalle acomedido para ayudar a quien está más atareado, son expresiones de lo que haríamos a Dios si estuviera presente entre nosotros.
Y no es mentira, ya que Dios está presente en una forma no física, sino espiritual, pero real. Lo vamos a reflexionar muy ampliamente en el contexto de la fiesta de Pentecostés, donde tendremos oportunidad de meditar más a fondo cómo el Espíritu Santo está vivo y presente entre nosotros.
Amor para Dios
Y es un hecho que lo que hacemos en familia o al prójimmo, Dios lo recibe en sus manos como hecho a Él mismo. Por eso está tan unido el mandamiento de amar a Dios con el amar al prójimo.
Lo malo de todo esto es que si no amamos, si hacemos groserías, si hablamos a gritos, si ofendemos o golpeamos, también todo esto Dios lo recibe en sus manos como hecho a Él mismo.
Amor que progresa
Cuando hayamos pasado el examen inicial, si no reprobamos, podremos estar en condiciones de subir al siguiente nivel y seguir progresando en el amor en todas sus dimensiones: Amor humanno que crece y se perfecciona hasta volverse divino.
María Belén Sánchez fsp