Suplementos
Los personajes: un par de aventureros llevan el nombre de la paz
La no adherencia a algún club de motociclismo, contrario a lo que podría pensarse, les ha traído beneficios, ya que regularmente, según detallan, los viajes en grupo son casi deportivos o sólo de fines de semana
Por: Eduardo Sánchez
Fotos: Edmundo Pacheco
Abordo de motocicletas BMW, un par de tapatíos está realizando una difícil y a la vez venturosa proeza que los ha puesto en la mira de miles de personas en el continente –hasta ahora-: recorrer el mundo en dos ruedas. Lo que con anterioridad y actualmente han hecho algunas otras personas–el actor Ewan McGregor dedica sus tiempos libres a esta hazaña y lleva contabilizados más de 32 mil kilómetros recorridos, y la velerista Galia Moss logró atravesar el Atlántico-, para este par de personajes tiene como objetivo hacer una ruta pacífica internacional.
Diego Fernández Somellera y Manuel Vizcaíno De la Peña son “amigos desde morros”. Y las únicas motos que habían montado hasta antes de 1994 –cuando hicieron el primer periplo con destino a Cancún al concluir sus estudios profesionales, uno como diseñador y el otro como arquitecto- eran de campo, de ésas que son de fácil uso.
“Nos compramos unas motos sin saber usarlas ni nada, pero a partir de ahí nos quedamos clavados con el motociclismo -señala Manuel-. Unas motos chiquititas y baratas que rearmamos, reensamblamos; les hicimos de todo. Nos iban tirando aceite por la carretera, temíamos no llegar a nuestro destino (risas) -secunda el amigo-. Pero al final de cuentas llegamos a Cancún que era la meta, y después de eso, no hemos parado. Hemos seguido en moto por todo México y ahora decidimos darle la vuelta al mundo”.
Lo dicen así, como si se tratara de hacer un recorrido por el centro de Guadalajara. Pero lo están logrando. Ruta por la paz. Rodando por el mundo, nombre que eligieron para denominar el recorrido que los llevará, literalmente, por todo el planeta, está dividido en cinco etapas de cuatro mil kilómetros cada una. Las dos primeras, integradas por Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia, ya están concluidas, y esperan cumplir un total de cuatro, antes de que finalice este año.
“El nombre describe muy bien la esencia del viaje, nuestra actitud como viajeros o como entendemos el viaje. Para nosotros es importante convertirnos casi en locales, socializar con la gente. Eso es algo muy intenso y que sólo sucede en un recorrido como éste, porque, si vas en avión, no pasas de ser un turista más”, advierten.
El anhelo de cualquier viajero, dicen los motociclistas, “vayas en velero, en lancha o en combi, es conocer el mundo entero. Para nosotros, antes de emprender el recorrido, siempre fue como un sueño guajiro porque pensábamos que solamente o los muy ricos o los muy hippies o los muy ‘valemadristas’ lo podían hacer”.
Aunque Manuel y Diego tienen compromisos laborales y de familia que atender en Guadalajara –cada uno tiene dos hijos pequeños-, aclaran que sus trabajos tienen “tiempos muertos” que les permiten hacer los viajes. Y también la autorización de sus respectivas esposas, quienes a pesar de no estar muy felices con la idea, los apoyan y contribuyen a que el viaje sea una realidad.
“Hemos invitado a varias personas a formar parte de este proyecto; nos dicen que les late la idea, pero siempre nos dejan plantados el mero día. Para muchos no somos más que un par de locos e irresponsables. Pero se podría decir que lo único que se necesita para hacer estos viajes es soñar. Sí, tenemos a nuestras familias y cosas por hacer en Guadalajara, pero trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Es cuestión de determinación”.
Motociclistas solitarios
Dicen que el darle una dimensión global a sus viajes en motocicleta surgió después de que recorrieron el país en varias ocasiones. Sin embargo, “Estados Unidos nos ha dado flojera porque son puros freeways; es un viaje recto. Y entonces dijimos ‘vámonos hasta abajo, hasta donde lleguemos, ahí dejamos las motos y nos regresamos’. Si nos tardamos 10 años en hacer eso, pues qué chido”, detallan los pilotos.
La no adherencia a algún club de motociclismo, contrario a lo que podría pensarse, les ha traído beneficios, ya que regularmente, según detallan, los viajes en grupo son casi deportivos o sólo de fines de semana: ir hasta determinado punto y de inmediato regresar. Lo suyo, catalogado por ellos mismos como una cuestión más solitaria, les da la oportunidad de experimentar más aventuras.
“En el camino tienes que ir concentrado al 400%; la mente sirve como defensa y no puede haber distracciones. Una de nuestras reglas es transitar siempre por carreteras libres y caminos sinuosos porque ahí es donde encontramos un mayor atractivo en el paisaje y en los poblados, por eso nunca usamos las autopistas. Sabemos el peligro que corremos, pero ahí es donde está la adrenalina del viaje”.
En territorio nacional, han andado por los rumbos del Ejército Zapatista y, en el exterior, han pasado por en medio de los asentamientos de la guerrilla colombiana, entre otras zonas de conflicto en el sur del continente. La razón por la que su tránsito ha transcurrido sin mayores percances más que la avería de alguna moto, es por “la buena vibra” que irradian y la comunicación que sostienen con la gente local.
Los periodos de manejo, hasta antes de que los sorprenda la noche en algún sitio, son de nueve o 10 horas con sus debidas intermitencias. “Nos conocemos muy bien arriba de la moto. Vamos manejando en equipo y nos cuidamos mutuamente”.
En busca de patrocinios
Después de que concluyan con la parte del trayecto que les falta en Sudamérica (Argentina, Chile, Perú y Brasil), se trasladarán hacia Australia y de ahí a Japón, para continuar en Tailandia, China, la India y Kazajistán. Y saltándose Medio Oriente por la naturaleza bélica del terreno, subirán hasta Europa del norte. En España, ya en el centro del Viejo Continente, un club de motociclismo con el que han hecho contacto, les proporcionará un mapa de África. Desde este último punto, tomarán un barco con rumbo a Alaska, donde harán el descenso a Guadalajara pasando por los dos países de América del Norte que hasta ahora han evitado: Canadá y Estados Unidos.
Sin embargo, no saben a ciencia cierta cuál será el tiempo que les lleve realizar la vuelta al mundo ni tienen fechas predefinidas de partida hacia los países que suceden a Australia. Salvo en el caso de la siguiente etapa que iniciarán en los próximos días, dicen que el arranque de las demás depende de los apoyos y patrocinios que reciban por parte de la iniciativa privada.
Hasta ahora, en los 12 mil kilómetros de recorrido total, han recibido el soporte de nueve compañías locales, nacionales e internacionales, pero “necesitamos un empujoncito más. Somos los primeros mexicanos en darle la vuelta al mundo y sería genial que por cada número de kilómetros que recorriéramos alguna empresa donara alguna casa o el tratamiento para alguna enfermedad, como sucedió con los patrocinadores de Galia Moss cuando atravesó el Atlántico”. En un contrato de cooperación mutua entre ellos como viajeros y las empresas como mecenas, el beneficio, entonces, sería bilateral.
“El compromiso es terminar de recorrer el mundo y hacerlo bien. Dejar amistades, pura buena vibra y llevar el nombre de Guadalajara a todas partes. Nos gustaría comprometernos a lograrlo en tiempo definido, pero si nos esperáramos a tener todo resuelto, probablemente no hayamos ni iniciado. Ya en el camino a ver qué hacemos, la cosa es tener la decisión de hacerlo”, concluyen.
Fotos: Edmundo Pacheco
Abordo de motocicletas BMW, un par de tapatíos está realizando una difícil y a la vez venturosa proeza que los ha puesto en la mira de miles de personas en el continente –hasta ahora-: recorrer el mundo en dos ruedas. Lo que con anterioridad y actualmente han hecho algunas otras personas–el actor Ewan McGregor dedica sus tiempos libres a esta hazaña y lleva contabilizados más de 32 mil kilómetros recorridos, y la velerista Galia Moss logró atravesar el Atlántico-, para este par de personajes tiene como objetivo hacer una ruta pacífica internacional.
Diego Fernández Somellera y Manuel Vizcaíno De la Peña son “amigos desde morros”. Y las únicas motos que habían montado hasta antes de 1994 –cuando hicieron el primer periplo con destino a Cancún al concluir sus estudios profesionales, uno como diseñador y el otro como arquitecto- eran de campo, de ésas que son de fácil uso.
“Nos compramos unas motos sin saber usarlas ni nada, pero a partir de ahí nos quedamos clavados con el motociclismo -señala Manuel-. Unas motos chiquititas y baratas que rearmamos, reensamblamos; les hicimos de todo. Nos iban tirando aceite por la carretera, temíamos no llegar a nuestro destino (risas) -secunda el amigo-. Pero al final de cuentas llegamos a Cancún que era la meta, y después de eso, no hemos parado. Hemos seguido en moto por todo México y ahora decidimos darle la vuelta al mundo”.
Lo dicen así, como si se tratara de hacer un recorrido por el centro de Guadalajara. Pero lo están logrando. Ruta por la paz. Rodando por el mundo, nombre que eligieron para denominar el recorrido que los llevará, literalmente, por todo el planeta, está dividido en cinco etapas de cuatro mil kilómetros cada una. Las dos primeras, integradas por Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia, ya están concluidas, y esperan cumplir un total de cuatro, antes de que finalice este año.
“El nombre describe muy bien la esencia del viaje, nuestra actitud como viajeros o como entendemos el viaje. Para nosotros es importante convertirnos casi en locales, socializar con la gente. Eso es algo muy intenso y que sólo sucede en un recorrido como éste, porque, si vas en avión, no pasas de ser un turista más”, advierten.
El anhelo de cualquier viajero, dicen los motociclistas, “vayas en velero, en lancha o en combi, es conocer el mundo entero. Para nosotros, antes de emprender el recorrido, siempre fue como un sueño guajiro porque pensábamos que solamente o los muy ricos o los muy hippies o los muy ‘valemadristas’ lo podían hacer”.
Aunque Manuel y Diego tienen compromisos laborales y de familia que atender en Guadalajara –cada uno tiene dos hijos pequeños-, aclaran que sus trabajos tienen “tiempos muertos” que les permiten hacer los viajes. Y también la autorización de sus respectivas esposas, quienes a pesar de no estar muy felices con la idea, los apoyan y contribuyen a que el viaje sea una realidad.
“Hemos invitado a varias personas a formar parte de este proyecto; nos dicen que les late la idea, pero siempre nos dejan plantados el mero día. Para muchos no somos más que un par de locos e irresponsables. Pero se podría decir que lo único que se necesita para hacer estos viajes es soñar. Sí, tenemos a nuestras familias y cosas por hacer en Guadalajara, pero trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Es cuestión de determinación”.
Motociclistas solitarios
Dicen que el darle una dimensión global a sus viajes en motocicleta surgió después de que recorrieron el país en varias ocasiones. Sin embargo, “Estados Unidos nos ha dado flojera porque son puros freeways; es un viaje recto. Y entonces dijimos ‘vámonos hasta abajo, hasta donde lleguemos, ahí dejamos las motos y nos regresamos’. Si nos tardamos 10 años en hacer eso, pues qué chido”, detallan los pilotos.
La no adherencia a algún club de motociclismo, contrario a lo que podría pensarse, les ha traído beneficios, ya que regularmente, según detallan, los viajes en grupo son casi deportivos o sólo de fines de semana: ir hasta determinado punto y de inmediato regresar. Lo suyo, catalogado por ellos mismos como una cuestión más solitaria, les da la oportunidad de experimentar más aventuras.
“En el camino tienes que ir concentrado al 400%; la mente sirve como defensa y no puede haber distracciones. Una de nuestras reglas es transitar siempre por carreteras libres y caminos sinuosos porque ahí es donde encontramos un mayor atractivo en el paisaje y en los poblados, por eso nunca usamos las autopistas. Sabemos el peligro que corremos, pero ahí es donde está la adrenalina del viaje”.
En territorio nacional, han andado por los rumbos del Ejército Zapatista y, en el exterior, han pasado por en medio de los asentamientos de la guerrilla colombiana, entre otras zonas de conflicto en el sur del continente. La razón por la que su tránsito ha transcurrido sin mayores percances más que la avería de alguna moto, es por “la buena vibra” que irradian y la comunicación que sostienen con la gente local.
Los periodos de manejo, hasta antes de que los sorprenda la noche en algún sitio, son de nueve o 10 horas con sus debidas intermitencias. “Nos conocemos muy bien arriba de la moto. Vamos manejando en equipo y nos cuidamos mutuamente”.
En busca de patrocinios
Después de que concluyan con la parte del trayecto que les falta en Sudamérica (Argentina, Chile, Perú y Brasil), se trasladarán hacia Australia y de ahí a Japón, para continuar en Tailandia, China, la India y Kazajistán. Y saltándose Medio Oriente por la naturaleza bélica del terreno, subirán hasta Europa del norte. En España, ya en el centro del Viejo Continente, un club de motociclismo con el que han hecho contacto, les proporcionará un mapa de África. Desde este último punto, tomarán un barco con rumbo a Alaska, donde harán el descenso a Guadalajara pasando por los dos países de América del Norte que hasta ahora han evitado: Canadá y Estados Unidos.
Sin embargo, no saben a ciencia cierta cuál será el tiempo que les lleve realizar la vuelta al mundo ni tienen fechas predefinidas de partida hacia los países que suceden a Australia. Salvo en el caso de la siguiente etapa que iniciarán en los próximos días, dicen que el arranque de las demás depende de los apoyos y patrocinios que reciban por parte de la iniciativa privada.
Hasta ahora, en los 12 mil kilómetros de recorrido total, han recibido el soporte de nueve compañías locales, nacionales e internacionales, pero “necesitamos un empujoncito más. Somos los primeros mexicanos en darle la vuelta al mundo y sería genial que por cada número de kilómetros que recorriéramos alguna empresa donara alguna casa o el tratamiento para alguna enfermedad, como sucedió con los patrocinadores de Galia Moss cuando atravesó el Atlántico”. En un contrato de cooperación mutua entre ellos como viajeros y las empresas como mecenas, el beneficio, entonces, sería bilateral.
“El compromiso es terminar de recorrer el mundo y hacerlo bien. Dejar amistades, pura buena vibra y llevar el nombre de Guadalajara a todas partes. Nos gustaría comprometernos a lograrlo en tiempo definido, pero si nos esperáramos a tener todo resuelto, probablemente no hayamos ni iniciado. Ya en el camino a ver qué hacemos, la cosa es tener la decisión de hacerlo”, concluyen.