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Los cinco años del Café Scientifique

El café científico ofrecido en la Casa ITESO Clavigero se consolida como una tradición en la ciudad

GUADALAJARA, JALISCO.- “Es sorprendente para nosotros mismos estar cumpliendo cinco años en un proyecto que no sabíamos qué respuesta iba a tener en la sociedad tapatía”, reflexiona Susana Herrera, coordinadora de la maestría en Difusión de la ciencia y la cultura del ITESO, y una de las principales caras identificables detrás del proyecto Café Scientifique. “Debemos sentirnos contentos, si no satisfechos, contentos”, continúa. “Creo que ha suscitado también el interés de ir a leer otras cosas acerca del tema que se presenta”.
Aquello ocurría en José Guadalupe Zuno 2083, bautizada como Casa ITESO Clavigero en honor al célebre jesuita del siglo XVIII, Francisco Xavier Clavigero. Se ofrece ahí el primer martes de cada mes una charla de ciencia acercando al público asistente a algunos de los científicos y tecnólogos más extraordinarios de nuestro país.
Y así, de pronto, cinco años han transcurrido desde su inicio. ¿Qué ha ocurrido con sus asistentes? La maestra Herrera ha podido identificar entre ellos a la inquietud suscitada por hacer mucho más que simplemente sentarse a escuchar una charla y vaciar su capuchino. Todo lo contrario. Se profundiza, se inquiere, se investiga en temas quizás explicados por primera vez en la terraza del café, buscando la documentación pertinente, y retomándolos en participaciones posteriores. El espacio brinda mucho más que información. Es, fundamentalmente, una experiencia.

Más que información

“Antonio Lazcano se presentó en los primeros cafés”, recuerda Maya Viesca, responsable de Difusión Cultural de del ITESO y quien fungiera como coordinadora del Café durante sus primeros cuatro años. “Él tiene un libro de texto sobre el origen de la vida, y entonces, un chavo de secundaria -como que los mandaron de la escuela- se levantó diciendo: ‘bueno, yo lo que quiero saber es ¿qué es la vida?’. Todo el mundo nos quedamos paralizados, porque es una pregunta enorme, y hacérsela a uno de los mejores científicos del país y que te la responda, se me hace que es la magia de este tipo de espacios”.
Un capítulo similar se inscribió con la participación del paleontólogo Federico Solórzano:
“Un niño divino que llegó al principio del Café -seguro porque más tarde se lo iban a llevar ya a dormir; ahora sí que le sirvieron aquí su chocomilk - llegó con un dinosaurio de juguete a decirle (al octogenario Federico Solorzano) que él quería ser paleontólogo de grande. Y como esas hay muchas, es una anécdota por sesión, yo creo. La gente no hace este tipo de cosas, por obligación, o por compromiso, sino por una satisfacción muy espontánea y muy profunda”.
“Como ves tenemos ahorita más de 200 asistentes, caras conocidas que han estado a lo largo del tiempo que se ha venido realizando el Café”, anuncia Adriana Pantoja, quien tomara la estafeta de Maya Viesca en la coordinación de las pláticas. “Creo que esto es un reflejo de que la gente ya está encariñada con el concepto,.

Pasión por el Café

Y es que su audiencia ya muestra una clara tendencia a crecer. La noche del 2 de septiembre celebrando los cinco años del Café, alojó en su interior a más de 200 personas, las cuales no se habían dejado disuadir por la amenaza de lluvia para dejar de asistir.
“Por lo general andamos de 60 a 80 por día, y de ahí para arriba”, explica Carlos Enrique Orozco, Jefe del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO.
“Decíamos que si terminábamos el año ya íbamos a estar bien -dice-. La preocupación ahora es estar trayendo invitados de buen nivel, que se hagan propuestas, y además sean muy hábiles en el manejo de la palabra, porque aquí no se vale Power Point ni nada de eso. Ya no es la preocupación de si el invitado va a llegar o no va a llegar”.
“Recuerdo los inicios del Café”, conmemora Arturo Suárez, bien conocido por sus periquetes cientifiquetes acompañando cada una de las presentaciones. “Al principio pensé que se trataría de una aventura simpática. Pero creo que ahora, con el tiempo, si lo comparas con otras reuniones, aún de otras instituciones, se nota la diferencia”.
El Café Scientifique ya comienza a esparcir su semilla en eventos similares organizados por otros centros. Orozco explica que no se contempla aumentar la frecuencia de las charlas –digamos, a dos por mes-, si bien se pregunta por la versatilidad del concepto.
“Ojalá luego creemos alguna cantina científica, en algún lugar”, especula medio en broma. “En los cafés científicos europeos sí hay alcohol”, concluye.

Por: jose langarica

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