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Los Seises, antiquísimo tesoro musical de Guadalajara

Las largas sotanas rojas, selladas por 'becas' triangulares y un elegante cuaderno pautado

GUADALAJARA, JALISCO (18/OCT/2015).- Gratísima sorpresa tuvimos en días pasados cuando, al caminar distraídamente por el centro de la ciudad nos acercamos a la fachada posterior de la Catedral; detrás de una antigua reja metálica que cerraba el pórtico pudimos distinguir un letrero que decía algo que por la lejanía no pudimos entender: algo así como museo de alguna cosa, o coros de no sé qué...  Preguntones e inquietos como somos, ay vamos a averiguar.  

—Va a cantar el coro más al rato— nos dijo un ser humano gris y enfurruñado ya muy entrado en años que, con un largo plumero y vestido de faldas, atacaba las arañas escondidas en los altos techos.

—Vengan más al rato— dijo con voz rasposa mirando al cielo, sin descuidar su cruzada contra los molinos de viento de ocho patas. Nunca supimos si aquel Quijote fantasmagórico era señor o señora; ni si estaba vivo, o regresaba del más allá con esa valerosa encomienda.

Francamente nos latió mucho regresar. Y así lo hicimos “al rato” que nos había dicho, para encontrar ahora un ambiente sacro pero jovial, lleno de sotanas rojas, canteras labradas, y gente amable y sonriente. Sentimos que algo bueno iba a suceder: y así fue.

Supusimos que en una sala vacía llamada Capitular, con las sillas acomodadas a manera de auditorio, sería donde el coro cantaría. Nos metimos cual intrusos, tratando de perdernos en las últimas filas donde creímos que no se notaría nuestra presencia. Un poco más tarde, cuando unas niñas empezaron a poner letreritos con el nombre de los invitados en los respaldos, sentimos que la guillotina se acercaba… en ese momento, una señorita alta y guapa, tomándonos de la mano ¡nos llevó hasta la primera fila!

Pensando que era una equivocación de su parte, confesamos nuestra intromisión. —Ya lo sé— nos dijo; pero como he observado el interés que han puesto a cada detalle, merecen estar aquí: ¡sean bienvenidos! —aclaró sonriente—.

Con esta grata sorpresa fue que tuvimos la suerte de conocer al antiquísimo “Colegio de Infantes de la Catedral Metropolitana de Guadalajara”, y a su entusiasta y culto Director, Don Aurelio Martínez Corona.   

 Un silencio sepulcral se hizo entre los asistentes que ya llenaban la sala, cuando una tenue campanita en las manos de un corista, anunció la entrada de los impecables miembros de “Los Seises”: el antiquísimo coro proveniente del siglo XVI.

Sus largas sotanas rojas abrazadas por anchas “cotas” blancas alrededor del cuello; selladas en el frente por “becas” triangulares (manera de escapularios) de diferentes colores indicando diferentes rangos; y todo esto complementado con el elegante cuaderno pautado que abrazaban sobre su pecho, hacían muy válidas las caras sobrias y respetuosas de cada uno de los infantes que desfilaban en silencio hasta encontrar sus lugares al frente de la capilla.

Don Aurelio, con verdadero orgullo, entusiasmo, y alegría desbordante, después de dar la bienvenida a un nuevo miembro —siguiendo las costumbres y tradiciones centenarias— nos dio una breve explicación de lo que sería interpretado por el coro.

Nuestro azoro no daba crédito a las voces que escuchábamos: calidad, precisión, y voces sonoras y bien timbradas era lo que llegaba a nuestros oídos en aquel sobrio y elegante lugar.

Eran los frutos de los meticulosos y precisos ensayos tres veces por semana, más la cantata en la Catedral cada 15 días, que salían a relucir los coristas cuyas edades van desde los tiernos 7 años hasta los 22. Verdaderamente, ante nuestra incredulidad, tuvimos que realizar que todo esto había sido un “boccato di cardinale”. Las felicitaciones a Don Aurelio, y a quienes nos fue posible de los coristas (niñas incluidas desde 1990) no se hicieron esperar.

NB. Los ensayos son: lunes, miércoles y viernes entre las 4 ½ y las 8 de la noche —en diferentes grupos— en la Casa del Coro (Manuel Acuña 832). Los conciertos en la Catedral, cada 15 días a las 12 de la mañana.

El nombre de “Los Seises” proviene de la tradición sevillana de tener ese número de pequeños cantores solistas (que generalmente eran más) en la Catedral. Existen testimonios del siglo XII donde se menciona que “Los Seises” ya cantaban -y bailaban- en la Catedral de Sevilla.

En América, la tradición la inicia el clérigo Cristóbal de Peraza, en la pequeña capilla de Compostela (Nayarit), en el año de 1554 para, por medio del canto facilitar la enseñanza de su religión a los nativos del lugar.

En Guadalajara, en el año de 1990 le fue  encargada a Don Aurelio Martínez Corona: licenciado en Filosofía, Canto Gregoriano, Música Sagrada, Música Antigua y muchos etcéteras, la formación del coro, y el rescate de las tradiciones del siglo XVI, Desde entonces, él  ha sido el orgulloso y abnegado Director Artístico de la institución.

Por todo esto, vale repetir lo que Los Seises aseguran “somos retoños de un árbol viejo que siempre ha dado frutos buenos” .                          

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