Suplementos
Los Mandamientos de Dios
No sé si comprendemos bien lo que significa lo expresado en el cuarto mandamiento de Dios
A decir verdad, yo no sé si los habitantes de este mundo que vivimos en este siglo de tantos avances tecnológicos, de tanto desarrollo científico, comprendemos bien lo que significa lo expresado en el cuarto mandamiento de Dios, que dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.
Tal vez para algunos estas palabras no digan gran cosa en la vida concreta de cada día.
Pero fijándonos bien, honrar a tu padre y a tu madre no significa hacerles reverencias ni quemarles incienso. Significa más bien, no hacerles quedar mal, no minimizarlos, no hablar mal de ellos ni herirlos con hechos.
Significa que quien vea nuestro comportamiento no nos pueda decir: “¿Eso es lo que te enseñan en tu casa?”. Mejor, indiscutiblemente, que digan: “Qué bien te educaron en tu familia”.
En el Antiguo Testamento
Honrar a los propios padres tal vez significaba mucho para los antiguos, y no sólo para el pueblo judío, sino para todos los que se decían civilizados. Aquello iba desde respetarlos, cuidarlos, atenderlos y tenerles toda clase de deferencias. Cosa que desde luego implicaba también escucharlos y hacer caso de sus consejos.
La enseñanza de Jesús nuestro Señor
Si preguntáramos a Jesús lo que significa y cómo debemos hoy vivir y entender este mandamiento, muy probablemente nos diría:
“Ama a tu padre y a tu madre, porque ellos te dieron la vida, pero ama también a tus hijos, a tu pareja, para que ellos aprendan a amar como yo te he enseñado, con un amor afectivo y efectivo, donde no falten palabras cariñosas, caricias y besos, pero sobre todo dedicación, atención y entrega sincera y generosa.
“Donde la prioridad de tu vida y de tu tiempo sea para ellos. Ama verdaderamente a tus padres y a tus hermanos, ama a la familia que tú has formado, de la que eres dueño y responsable, de la que se te pedirá cuentas un día.
“Forma un hogar en donde no haya gritos, ni pleitos, ni palabras ásperas, ni crueles y mucho menos golpes. Un hogar donde verdaderamente reina el amor, porque sólo así se puede crear un clima hermoso donde habrá respeto, comprensión y alegría”.
Esto es para todos
Por eso Jesús, al decirnos “Honra a tu padre y a tu madre”, nos quiere decir: “ama a tu padre y a tu madre, a tu esposo o esposa, ama a tus hijos, ama a todos los tuyos y al prójimo.
“Amalos con amor sincero y desinteresado. Con un amor que no deje lugar a dudas; con un amor verdaderamente cristiano, es decir que sea semejante al ejemplo de amor que dejó Cristo Jesús, para que todos los demás, al ver reflejado el amor divino, puedan desearlo y apreciarlo”.
El amor que todo lo envuelve
Si alguien afirma que este “programa” es muy difícil, nadie se lo va a discutir; pero también le diremos que es posible si hacemos nuestro el ejemplo que Cristo Jesús nos dejó con su vida para que aprendiéramos a amar.
El Señor Jesús nos da un amor que envuelve, supera y diviniza todos los amores humanos.
Desde luego, a nosotros nos toca poner ese amor como prioridad por encima de todos nuestros otros amores, porque sólo injertados en Él no se deterioran, sino que crecen, se elevan y se tornan cada vez más hermosos.
María Belén Sánchez fsp
Tal vez para algunos estas palabras no digan gran cosa en la vida concreta de cada día.
Pero fijándonos bien, honrar a tu padre y a tu madre no significa hacerles reverencias ni quemarles incienso. Significa más bien, no hacerles quedar mal, no minimizarlos, no hablar mal de ellos ni herirlos con hechos.
Significa que quien vea nuestro comportamiento no nos pueda decir: “¿Eso es lo que te enseñan en tu casa?”. Mejor, indiscutiblemente, que digan: “Qué bien te educaron en tu familia”.
En el Antiguo Testamento
Honrar a los propios padres tal vez significaba mucho para los antiguos, y no sólo para el pueblo judío, sino para todos los que se decían civilizados. Aquello iba desde respetarlos, cuidarlos, atenderlos y tenerles toda clase de deferencias. Cosa que desde luego implicaba también escucharlos y hacer caso de sus consejos.
La enseñanza de Jesús nuestro Señor
Si preguntáramos a Jesús lo que significa y cómo debemos hoy vivir y entender este mandamiento, muy probablemente nos diría:
“Ama a tu padre y a tu madre, porque ellos te dieron la vida, pero ama también a tus hijos, a tu pareja, para que ellos aprendan a amar como yo te he enseñado, con un amor afectivo y efectivo, donde no falten palabras cariñosas, caricias y besos, pero sobre todo dedicación, atención y entrega sincera y generosa.
“Donde la prioridad de tu vida y de tu tiempo sea para ellos. Ama verdaderamente a tus padres y a tus hermanos, ama a la familia que tú has formado, de la que eres dueño y responsable, de la que se te pedirá cuentas un día.
“Forma un hogar en donde no haya gritos, ni pleitos, ni palabras ásperas, ni crueles y mucho menos golpes. Un hogar donde verdaderamente reina el amor, porque sólo así se puede crear un clima hermoso donde habrá respeto, comprensión y alegría”.
Esto es para todos
Por eso Jesús, al decirnos “Honra a tu padre y a tu madre”, nos quiere decir: “ama a tu padre y a tu madre, a tu esposo o esposa, ama a tus hijos, ama a todos los tuyos y al prójimo.
“Amalos con amor sincero y desinteresado. Con un amor que no deje lugar a dudas; con un amor verdaderamente cristiano, es decir que sea semejante al ejemplo de amor que dejó Cristo Jesús, para que todos los demás, al ver reflejado el amor divino, puedan desearlo y apreciarlo”.
El amor que todo lo envuelve
Si alguien afirma que este “programa” es muy difícil, nadie se lo va a discutir; pero también le diremos que es posible si hacemos nuestro el ejemplo que Cristo Jesús nos dejó con su vida para que aprendiéramos a amar.
El Señor Jesús nos da un amor que envuelve, supera y diviniza todos los amores humanos.
Desde luego, a nosotros nos toca poner ese amor como prioridad por encima de todos nuestros otros amores, porque sólo injertados en Él no se deterioran, sino que crecen, se elevan y se tornan cada vez más hermosos.
María Belén Sánchez fsp