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Literatura
Le Clézio, de viaje por las letras, se encontró con el Nobel
A los 23 años, Jean-Marie Gustave Le Clézio debutó en la literatura. Estas son las líneas con las que abre su primera novela: “Pues érase una vez, durante la canícula, un fulano que estaba sentado delante de una ventana abierta: era un varón desmesurado, un poco encorvado, y se llamaba Adam; Adam Pollo”. Le procès-verbal, se llama en francés esa ópera prima, El atestado, en español. Apareció en 1963 y, el mismo año, ganó el Premio Renaudot. No fue debut y despedida, sino el inicio de una sólida carrera literaria que en el camino, que aún continuará, esperamos, se acaba de topar con el premio Nobel. En el texto de presentación de El atestado, Le Clézio dejó en claro su deseo de no detenerse, de viajar sin fin por los mundos literarios: “Tengo dos ambiciones secretas. Una de ellas es escribir algún día una novela tal que si en ella se muriese el protagonista en el último capítulo o, si me apuran, se viese aquejado por la enfermedad de Parkinson, a mí me aplastase una marea de cartas anónimas y sucias. Desde este punto de vista, lo sé, el ‘Atestado’ no está del todo conseguido. [...] Por fin, me permito indicarles que tengo emprendida la redacción de otro relato, mucho más extenso, que cuenta con el máximo de sencillez lo que ocurre al día siguiente de la muerte de una muchacha”. Por el humor, por la agradable ligereza con la que se toma las profundidades de la literatura, se antoja seguir de viaje con este autor francés de 68 años que fue nuestro vecino, ya que vivió en Michoacán. En español se puede conseguir una lista de interesantes títulos, para ponerse al día. He aquí algunos fragmentos de novelas traducidas.
Entrevista con
Jean-Marie Gustave Le Clézio
Entrevista telefónica con Jean Marie Gustave Le Clézio inmediatamente después de anunciarse que él era el ganador del Premio Nobel de Literatura 2008, el 9 de octubre de 2008, realizada por la Fundación Nobel.
Dado que usted creció en varios países y que ha vivido en distintos lugares del mundo, ¿hay algún sitio que considere su hogar?
Sí, de hecho, diría que Mauricio*, que es el lugar de mis ancestros, es realmente el lugar que considero mi patria chica. Así que sería Mauricio, definitivamente.
Y, usted creció siendo bilingüe, sin embargo siempre escribe en francés. ¿Hay alguna razón en particular para hacerlo?
Bueno, sí. De hecho de niño crecí hablando francés, quiero decir, en una escuela pública francesa. Así que mi primer contacto con la literatura fue en francés, y esa es la razón por la que escribo en francés.
Y, usted comenzó a escribir de muy niño, y es muy prolífico. Ha escrito más de 30 libros. ¿Escribir no le cuesta nada de trabajo? ¿Disfruta de la pluma y el papel?
Sí, definitivamente. Uno de mis placeres más grandes en la vida es sentarme ante una mesa, dondequiera que sea. No tengo oficina, puedo escribir donde sea. Así que, pongo una hoja de papel en la mesa y luego viajo. Literalmente, escribir es para mí como viajar. Es salirme de mí mismo y vivir otra vida; quizá una mejor vida.
Qué bien. La gente suele decir que leer es como viajar, pero escribir, también lo es, eso está muy bien.
Sí, las dos cosas van por el mismo camino. Disfruto muchísimo estar en un país extranjero, en un nuevo país, en un nuevo lugar. Y también disfruto comenzar un nuevo libro. Es como ser otra persona.
Usted escribe sobre otros lugares, otras culturas, otras posibilidades, y en particular ha escrito un libro sobre los indios de América. ¿Qué de su cultura le llamó especialmente la atención?
Bueno, probablemente el hecho de que su cultura sea tan diferente de la cultura europea y, por otro lado, que no tenga la oportunidad de expresarse por sí misma. Es una cultura que, de alguna manera, ha sido rota por el mundo moderno, y especialmente por las conquistas europeas. Así que siento que hay en ello un fuerte mensaje para los europeos. Esencialmente soy europeo. Así que siento que hay un fuerte mensaje para que los europeos se encuentren con esta cultura que es tan diferente de la europea. Tienen mucho que aprender de esta cultura; las culturas de los indios del continente americano.
Usted también escribe mucho sobre la experiencia colonial. ¿Siente que es importante para la cultura europea moderna examinar su pasado en este sentido?
Sí, siento que las sociedades europeas y también las americanas, le deben mucho a la gente que sometieron durante la época colonial. Con esto quiero decir que la riqueza de Europa viene del azúcar, del algodón, de las colonias. Y a partir de esta riqueza comenzó el mundo industrial. Así que realmente le deben demasiado a la gente colonizada. Y tienen que pagar las deudas que tienen con ella.
El amplio espectro de su escritura es inclasificable, ¿pero existe acaso un propósito que unifique lo que usted escribe?
Lo principal sería ser honesto conmigo mismo, expresarme de la manera más certera. Siento que el escritor es tan sólo una especie de testigo de lo que está pasando. Ser escritor no quiere decir ser profeta ni filósofo, sino testigo de lo que existe alrededor de él. Así que escribir es la mejor manera de testificar, de ser testigo.
Y para aquellos que no estén familiarizados con su trabajo, ¿sugeriría algunos puntos de partida en particular?
No. No me atervería a hacer eso. Porque leer es una práctica libre. Te tienes que dejar llevar, pero no por el azar, sino por tus propios sentimientos. Pienso que los lectores son libres de empezar por los libros que quieran. Nadie los tiene que guiar en su lectura.
Qué respuesta tan interesante, gracias. La última pregunta: el premio le traerá mayor notoriedad. ¿Hay algún mensaje en particular que a usted le gustaría difundir por medio de esa notoriedad?
Bueno, déjeme pensarlo. De alguna manera es un situación muy intimidante, porque no estoy acostumbrado, no tengo el hábito de dar mensajes ni de expresar pensamientos. Diría que preferiría ser leído, y que mi escritura inspirara a algunas personas. Está, por supuesto, el discurso que tengo que ofrecer a la Academia Nobel (10 de diciembre, en Estocolmo, Suecia), así que quizá encontraré algunos mensajes para expresar entonces.
*La pequeña isla Mauricio es una república situada al sureste de África, en el océano Índico, al este de Madagascar.
(Entrevista tomada del sitio de la Fundación Nobel: http://nobelprize.org/ Traducida del inglés por Víctor Ortiz Partida)
El pez dorado (novela, fragmento)
1. Cuando tenía seis o siete años, me raptaron. En realidad no me acuerdo muy bien de cómo fue, porque era demasiado pequeña y todo lo que he vivido después ha borrado ese recuerdo. Es más bien como un sueño, como una pesadilla lejana, terrible, que se me repite algunas noches y me deja alterada durante todo el día. Hay una calle blanca por el resplandor del sol, polvorienta y vacía, el cielo azul, el grito desgarrador de un pájaro negro y, de pronto, unas manos de hombre me arrojan al fondo de un gran saco y me ahogo. Lalla Asma fue quien me compró. Por eso no sé cuál es mi verdadero nombre, el que mi madre me puso al nacer, tampoco el de mi padre ni el del lugar donde nací. Lo único que sé es lo que me contó Lalla Asma: que llegué a su casa una noche y que por eso me llamó Laila, la Noche. Soy del sur, de muy lejos, tal vez de un pueblo que ya no exista. Antes de eso no recuerdo nada, sólo esa calle polvorienta, el pájaro negro y el saco.
J.M.G. Le Clézio. El pez dorado. Traducción de Mercedes Corral. Tusquets Editores. 1.ª edición: diciembre 1999. Título original: Poisson d’or. Éditions Gallimard, 1997
Urania (novela, fragmento)
Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos.
No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes. Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando como se está cerca del mundo.
(...)
Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.
J.M.G. Le Clézio. Urania. Editorial El Cuenco de Plata, 2007
Libros de JMG Le Clézio en español:
El atestado, Cátedra. Letras Universales
El diluvio, Seix Barral
Desierto, Debate
Tres ciudades santas, UAM
La conquista divina de Michoacán, FCE
Oritsha, Debate
El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, FCE
Diego y Frida, Editorial Diana
La cuarentena, Tusquets
El pez dorado, Tusquets
El africano, Adriana Hidalgo
Urania, El cuenco de plata
Entrevista con
Jean-Marie Gustave Le Clézio
Entrevista telefónica con Jean Marie Gustave Le Clézio inmediatamente después de anunciarse que él era el ganador del Premio Nobel de Literatura 2008, el 9 de octubre de 2008, realizada por la Fundación Nobel.
Dado que usted creció en varios países y que ha vivido en distintos lugares del mundo, ¿hay algún sitio que considere su hogar?
Sí, de hecho, diría que Mauricio*, que es el lugar de mis ancestros, es realmente el lugar que considero mi patria chica. Así que sería Mauricio, definitivamente.
Y, usted creció siendo bilingüe, sin embargo siempre escribe en francés. ¿Hay alguna razón en particular para hacerlo?
Bueno, sí. De hecho de niño crecí hablando francés, quiero decir, en una escuela pública francesa. Así que mi primer contacto con la literatura fue en francés, y esa es la razón por la que escribo en francés.
Y, usted comenzó a escribir de muy niño, y es muy prolífico. Ha escrito más de 30 libros. ¿Escribir no le cuesta nada de trabajo? ¿Disfruta de la pluma y el papel?
Sí, definitivamente. Uno de mis placeres más grandes en la vida es sentarme ante una mesa, dondequiera que sea. No tengo oficina, puedo escribir donde sea. Así que, pongo una hoja de papel en la mesa y luego viajo. Literalmente, escribir es para mí como viajar. Es salirme de mí mismo y vivir otra vida; quizá una mejor vida.
Qué bien. La gente suele decir que leer es como viajar, pero escribir, también lo es, eso está muy bien.
Sí, las dos cosas van por el mismo camino. Disfruto muchísimo estar en un país extranjero, en un nuevo país, en un nuevo lugar. Y también disfruto comenzar un nuevo libro. Es como ser otra persona.
Usted escribe sobre otros lugares, otras culturas, otras posibilidades, y en particular ha escrito un libro sobre los indios de América. ¿Qué de su cultura le llamó especialmente la atención?
Bueno, probablemente el hecho de que su cultura sea tan diferente de la cultura europea y, por otro lado, que no tenga la oportunidad de expresarse por sí misma. Es una cultura que, de alguna manera, ha sido rota por el mundo moderno, y especialmente por las conquistas europeas. Así que siento que hay en ello un fuerte mensaje para los europeos. Esencialmente soy europeo. Así que siento que hay un fuerte mensaje para que los europeos se encuentren con esta cultura que es tan diferente de la europea. Tienen mucho que aprender de esta cultura; las culturas de los indios del continente americano.
Usted también escribe mucho sobre la experiencia colonial. ¿Siente que es importante para la cultura europea moderna examinar su pasado en este sentido?
Sí, siento que las sociedades europeas y también las americanas, le deben mucho a la gente que sometieron durante la época colonial. Con esto quiero decir que la riqueza de Europa viene del azúcar, del algodón, de las colonias. Y a partir de esta riqueza comenzó el mundo industrial. Así que realmente le deben demasiado a la gente colonizada. Y tienen que pagar las deudas que tienen con ella.
El amplio espectro de su escritura es inclasificable, ¿pero existe acaso un propósito que unifique lo que usted escribe?
Lo principal sería ser honesto conmigo mismo, expresarme de la manera más certera. Siento que el escritor es tan sólo una especie de testigo de lo que está pasando. Ser escritor no quiere decir ser profeta ni filósofo, sino testigo de lo que existe alrededor de él. Así que escribir es la mejor manera de testificar, de ser testigo.
Y para aquellos que no estén familiarizados con su trabajo, ¿sugeriría algunos puntos de partida en particular?
No. No me atervería a hacer eso. Porque leer es una práctica libre. Te tienes que dejar llevar, pero no por el azar, sino por tus propios sentimientos. Pienso que los lectores son libres de empezar por los libros que quieran. Nadie los tiene que guiar en su lectura.
Qué respuesta tan interesante, gracias. La última pregunta: el premio le traerá mayor notoriedad. ¿Hay algún mensaje en particular que a usted le gustaría difundir por medio de esa notoriedad?
Bueno, déjeme pensarlo. De alguna manera es un situación muy intimidante, porque no estoy acostumbrado, no tengo el hábito de dar mensajes ni de expresar pensamientos. Diría que preferiría ser leído, y que mi escritura inspirara a algunas personas. Está, por supuesto, el discurso que tengo que ofrecer a la Academia Nobel (10 de diciembre, en Estocolmo, Suecia), así que quizá encontraré algunos mensajes para expresar entonces.
*La pequeña isla Mauricio es una república situada al sureste de África, en el océano Índico, al este de Madagascar.
(Entrevista tomada del sitio de la Fundación Nobel: http://nobelprize.org/ Traducida del inglés por Víctor Ortiz Partida)
El pez dorado (novela, fragmento)
1. Cuando tenía seis o siete años, me raptaron. En realidad no me acuerdo muy bien de cómo fue, porque era demasiado pequeña y todo lo que he vivido después ha borrado ese recuerdo. Es más bien como un sueño, como una pesadilla lejana, terrible, que se me repite algunas noches y me deja alterada durante todo el día. Hay una calle blanca por el resplandor del sol, polvorienta y vacía, el cielo azul, el grito desgarrador de un pájaro negro y, de pronto, unas manos de hombre me arrojan al fondo de un gran saco y me ahogo. Lalla Asma fue quien me compró. Por eso no sé cuál es mi verdadero nombre, el que mi madre me puso al nacer, tampoco el de mi padre ni el del lugar donde nací. Lo único que sé es lo que me contó Lalla Asma: que llegué a su casa una noche y que por eso me llamó Laila, la Noche. Soy del sur, de muy lejos, tal vez de un pueblo que ya no exista. Antes de eso no recuerdo nada, sólo esa calle polvorienta, el pájaro negro y el saco.
J.M.G. Le Clézio. El pez dorado. Traducción de Mercedes Corral. Tusquets Editores. 1.ª edición: diciembre 1999. Título original: Poisson d’or. Éditions Gallimard, 1997
Urania (novela, fragmento)
Era la guerra. Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa. Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón. Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos.
No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes. Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando como se está cerca del mundo.
(...)
Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.
J.M.G. Le Clézio. Urania. Editorial El Cuenco de Plata, 2007
Libros de JMG Le Clézio en español:
El atestado, Cátedra. Letras Universales
El diluvio, Seix Barral
Desierto, Debate
Tres ciudades santas, UAM
La conquista divina de Michoacán, FCE
Oritsha, Debate
El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, FCE
Diego y Frida, Editorial Diana
La cuarentena, Tusquets
El pez dorado, Tusquets
El africano, Adriana Hidalgo
Urania, El cuenco de plata