Letras para viajar por Librerías
Jorge Carrión emprende un viaje con su libro más reciente, mismo que le valió ser finalista de Anagrama en su apartado de ensayo
“Siempre me he sentido a salvo en las librerías”, asegura satisfecho ante Librerías, mezcolanza entre la historia del libro y la de esas tiendas, la génesis de buena parte de la cultura occidental y algunos retazos de lo que le ha ayudado a ser escritor. Una obra sobre unos centros “sistemáticamente olvidados por los estudios culturales”, que ahora publica Anagrama tras quedar finalista de su premio de ensayo.
La fascinación está garantizada; ya nadie podrá decir que las librerías son sitios aburridos y estáticos, donde nunca pasa nada. Porque cuenta Carrión, por ejemplo, que los responsables de los 50 kilómetros de estantes de la londinense Foyles (fundada en 1903) le enviaron una carta a Hitler con una oferta formal por los libros que había decidido quemar. El dictador no respondió, pero el éxito les sonrió con el pedido que realizaron a las nuevas autoridades soviéticas sobre los libros de la Rusia zarista y los laxos primeros años revolucionarios. Se vengaron del dictador nazi: sacos de arena mezclada con la edición inglesa del Mein kampf protegieron el techo del local cuando los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
Un encanto más literario tiene la también londinense Stanfords, de 1901, que la mitología se empeña que sea donde el escritor viajero por antonomasia, Bruce Chatwin, compraba sus mapas. No es seguro, pero entre quienes sí fueron clientes figuran el explorador polar Robert Scott y el mismísimo Sherlock Holmes, que encarga en la tienda el mapa del páramo en el que desde siglos inmemoriales mandan los Baskerville.
Carrión va haciendo saber a sus compañeros de viaje que había 28 bibliotecas en la Roma del año 35 antes de Cristo, donde los ricachones ya compraban libros a peso para embellecer sus casas. O que en la Lello de Oporto, la librería más bonita del mundo según Vila-Matas, se rodó la secuencia de Harry Potter en la que el joven mago compra textos escolares.
Si en la Librairies des Colonnes de Tánger, en 1949, debían soportar las sustracciones que Jane Bowles realizaba en sus largos periodos de inestabilidad psicológica, peor lo pasaban los propietarios de los locales donde el beatnik Gregory Corso se llevaba ejemplares, que al día siguiente intentaba vender en el mismo local. Shakespeare & Company es la librería de las librerías, que Sylvia Beach tuvo que cerrar durante la ocupación de París por las amenazas del oficial alemán al que no quiso venderle un ejemplar de Finnegans Wake de un Joyce al que le había editado su Ulises, fue, con su naturaleza de biblioteca, galería de arte, hotel, embajada y centro cultural a la vez, cenit de una manera de entender un negocio.
Hoy estamos en la fase de las librerías como catedrales contemporáneas, así lo muestran la espectacular Ateneo de Buenos Aires (recuperando un majestuoso cine-teatro) o la misma La Central del Callao madrileño (en lo que fuera una finca palaciega del XIX). Se trata de competir con los grandes iconos culturales del momento y de entrar, sin complejos, en el circuito turístico-cultural.
El librero es un sector muy mutante, ‘se tiene poca consciencia de su función y la parte del negocio se acaba imponiendo a la cultural’. Cinco de las librerías que cita Carrión en su ensayo han desaparecido desde que acabó su libro, en buena parte un ejercicio de melancolía de ese adolescente que pasaba muchísimas tardes de sábado fascinado entre los anaqueles de la librería de ocasión Rogés Llibres de Mataró, igual que ante las bibliotecas particulares de los clientes de su padre, trabajador de Telefónica que iniciaba una segunda jornada laboral como vendedor a domicilio de Círculo de Lectores.
>Un mundo distante y distinto de los libros electrónicos, que cuestan de imaginar como un bien tan querido y como lo consideraban hasta los prestamistas del siglo XII, cuando los libros se llegaban a aceptar como garantía de pago. Qué tiempos...
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Magia
Harry Potter es un mago, muy aplicado, y su conocimiento sale de los muchos libros que devora. Los seguidores de esta saga cinematográfica podrán identificar cómo algunas de las escenas son rodadas en la librería Lello de Oporto, que cuenta con estantes gigantescos en los que se contiene todo un tesoro de sabiduría. El mago acudió allí para llevarse algunos de sus libros de estudio.