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Crónica a manera de homenaje pertinente

Mi maestro en el arte de la literatura fue Ricardo Yánez, luego de que mi amante fuera Pablo Neruda, fui su Matilde en mi pensamiento. Y es por esta sencilla transposición de roles, del pensamiento a lo cotidiano, que honro la memoria de Neruda y celebro la existencia de Ricardo Yánez, poeta que me enseñó que la poesía viene del cuerpo y a él va, en su cadencia de significado o absurdo, línea melódica, caricia conceptual o simplemente audible, danzable, deseable.
Y porque interrogó alguna vez a la que yo era sobre la pertinencia de degustar los vocablos también en la prosa, en la persecución de un sentido que significara algo legible, nació la que hoy soy y escribo: otro motivo de celebración.

Es así, por lo que le tomamos la palabra varios en esta ciudad, y lo hicimos nuestro maestro, por eso, ahora, uno de entre nosotros, Ramiro Aguirre, sugirió que fuera premiado el maestro y su propuesta (así como las pruebas con ella ofrecidas de manera formal) fue debidamente estudiada, y dijeron sí quienes lo nombraron al fin Premio Jalisco en Letras 2007.

¿Qué hizo Ricardo?, fue a Casa Jalisco, y en ceremonia privada recibió la distinción referida.

Luego, ese mismo día, comimos juntos, y al terminar los postres me tendió, a través de la mesa, una hoja de papel, he aquí su contenido:
“Siento o creo sentir, presiento, que este premio no tanto me corresponde a mí como a quienes han hecho de mi palabra (escasa, pobre, inexacta, a veces imposible) un señal de tránsito por esta vida, la artística y la común, hacia la que probablemente nos aguarda. Agradezco la vida que insuflan otras vidas a la palabra que parece mía y no es sino la de mis padres, la de mis maestros, la de mi familia, la de mis amigos, la de quienes mejor que leerme han sabido leer a los que en serio han sido, son poetas, lo que la poesía en serio es, y de ese y otros modos vivirla en sus propias acciones y palabras. A ellos, a ustedes, muchas gracias”.

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