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Entrevista a Heriberto Yépez

Háblame de Heriberto Yépez como profesor.
Como maestro siento que sí soy muy autoritario, como que no soy muy democrático, no creo en la democracia, sí creo que la gente puede hablar y decir muchas cosas, pero a veces no les permito que hablen, les digo, vamos a discutir, vamos a educarnos, ya que estemos educados, vamos a hablar. Yo no creo en la libertad de expresión, yo creo en la profundidad de expresión.

Volviendo a tu novela Al otro lado, si pudiéramos hablar de dos momentos hermanos, el momento de la escena donde María Félix, que es un trasvesti, les dice hasta de lo que se van a morir a los que van a ver su show, y este momento que se da en tu ensayo sobre Pedro Infante que se puede leer en internet; cuando yo lo leí dije, “este no le dejó la cabeza en su lugar ni a su madre”.
Sí.

Y la María Félix de tu novela es una desgraciada también.
Sí.

No sé si te divertiste al escribir esta escena.
Sí, muchísimo, además, déjame decirte que esa María Félix, parcialmente existe.

¿Es el actor Darío T. Pié?
No, es una travesti tijuanense. El personaje no es ella, tomé elementos de este travesti que suele hacer un show de María Félix, algunos elementos, y los hice estéticos.

¿Estéticos?
Sí, quitar… lo estético es lo que de alguna manera descontextualiza, y lo perfecciona.

Ah, de acuerdo.
Yo sí me divertí muchísimo y, ¿sabes qué?, sí se me hace un momento importante de la novela. Fuerte, es como toda la basura mexicana.

Sí, se los dijo como ella cree que es. No sé, ¿personalmente piensas eso?
Algunas cosas sí. También, no te creas que mis libros dicen lo que yo pienso, muchas veces es, simplemente lo que ese personaje, la consecuencia de ese pensamiento, o de ese ser, es eso. Pero, yo también soy muy cruel, ¿eh?, Este libro para mí es contra el mexicano.

Sí. Es un libro enojado ¿no?
Sí, por supuesto, es un libro, apasionado, y, por lo tanto, de momentos de
enojo muy fuertes. Es un libro contra el impedimento del mexicano.

¿Contra el impedimento de lograr la plenitud en su vida?
Sí, exactamente. Yo creo que Tiburón (el protagonista de la novela) lo que está buscando es la plenitud de la vida.

¿No tuviste, una vez que terminaste la novela, o no sé, cuántas versiones habrás hecho de ella?
Cuatro versiones.

Cuatro.
Sí.

¿Y en la que diste por terminada, ese final, no te parece… sí sabes a dónde voy?
No, no sé a dónde vas.


Que te van a acusar de realismo mágico.
No, ¿sabes? Yo tengo una tesis sobre el realismo mágico.

Venga.
Alguna vez he querido publicarla, no la he publicado porque según yo es tan buena, que digo, no… “El realismo mágico es un vestigio literario que se desprende del chamanismo indígena latinoamericano”, y creo que eso nadie lo ha sabido ver, que es como obvio, las ideas del realismo mágico de Carpentier, por ejemplo, se desprenden del chamanismo antillano, entonces, el realismo mágico que llamamos realismo mágico en la literatura, es una forma literaria, quiero decir, débil, no profunda, de chamanismo. Entonces si alguien entiende ese final, por ejemplo, como una forma de realismo mágico, yo le diría esto: Es que tú no sabes chamanismo.

Eres muy malo.
Pero, ¿sabes qué?, sí veo muchas lecturas posibles: van a decir esto, van a decir esto, hay gente que va a detestar ese final, hay gente que va a decir que la novela se arruinó por ese final, hay gente que le va a encantar ese final, y yo creo que… te voy a decir algo, que no debería decir, pero, cuando las siguientes novelas aparezcan, se va a entender mucho mejor este final, porque esta novela no es un libro aislado, es un momento en mi novelística que ya tengo un proyecto mucho más claro, y esta novela se engarza con otras novelas. El mundo de Ciudad de Paso, por ejemplo, no se va a terminar con esa novela.

Sí, pues dejaste abierto lo de Liz.
Sí, por ejemplo, exactamente.

Venía a reclamarle a Tiburón.
Esa historia puede continuar. Y Tiburón apenas ha captado algunas cosas, no ha entendido del todo todo.

Pero él tomó una decisión en un momento muy cercano al final.
Sí.

...de que lo más abyecto se considera lo más sagrado, y es el momento en que él se transforma en este Chamán en el momento en que uno se pregunta, ¿Heriberto Yépez le está haciendo un homenaje al realismo mágico? Bueno, no, ya me aclaraste.
Sí y no, porque, mira, yo creo que tú tienes una clave de lectura que no tiene el lector común, que ni de chiste, se le ocurre al lector común, porque hemos convivido en lugares en los que yo digo qué pienso de la novela, en los que yo hablo de Chamanismo, entonces como que puedes ver algo que el lector no va a ver.

Pero vamos explicándoselo.
Pues un poco, pero no se los expliques tanto.

No. La visión que tú tienes de la novela, podemos partir de una manera más general. Háblame de ello.
Yo no quiero hacer novela irónica. No me interesa. A mí se me hace que la novela irónica es una cobardía. La novela que nada más aporta entretenimiento, o que al final de cuentas deja al lector sintiéndose una mierda, no, y este libro todavía me parece literario, pero yo quiero ir marchando cada vez más hacia una escritura iniciática, hacia la iluminación, no me interesa a mí la literatura.

Siento que físicamente, con tu personaje, sí hubo una evolución, sí pensamos en la figura del quincunce, que se refiere a la evolución, el personaje de tu novela, Tiburón, él sí sale de las tinieblas al tomar esta decisión.
Ajá.

Y sí es una instancia más allá del Tiburón que encontramos en la primera página, atascándose con la droga.
Claro, y que además, también desde un principio ya veíamos que él era un ser extático.
Inerte.
Sí, él quería ser algo más que un ser humano común, y él lo lograba a través de la droga, él no tenía conocimiento de qué manera sentirse pleno. Es un poco mi vida, yo quería sentirme más allá de la realidad, entonces, en una realidad mexicana, por ejemplo, lo que tienes a la mano es alcohol y drogas y eso lo utilizas, pero yo creo que no es necesario que el ser humano viva en esas condiciones. Tiburón, este personaje, pues en este mundo encuentra eso, y este mundo también Ciudad de Paso, como es tan radical, tan sucia, tan ilegal, tan puerca, tan violenta, lo obliga a que se llene hasta el hocico de mierda, entonces la pregunta que siempre está sobrevolando sobre Tiburón es “¿qué sigue de la mierda?” Y hay un momento en que más mierda, ya no es la respuesta.

Llega un momento en que hay tanta abyección que tú como lector dices, esto ya es el absurdo, cuando empiezan a construirse los muros contínuos.
Sí.

Cuando él llega y alguien le dice “no todo es blanco y negro”.
Ajá.

Y hay amor.
Hay algo más allá de toda esta mierda y es como un rompimiento en la novela.

¿Por qué tienes personajes con una personalidad muy definida que son cosas?
Es que yo creo que todo está vivo. Yo creo que todo tiene conciencia. No es deliberado. Por ejemplo, “Cholo”…

Ah, bueno, pero él es bien importante, es un ser vivo, pero me refiero al teléfono, a Christa.
Pero es lo mismo, Cholo, Christa o Cebraphone, aparecieron, nunca dije, “voy a hacer un personaje que…”, sino que aparecieron y empezaron a decir cosas, dije, “ah, bueno, tienen vida”. Y en un momento sí me di cuenta, por ahí de la segunda versión; oye pues sí, Christa, no nada más es su auto que él quiere, ¿no?, Christa me está diciendo, “hey, yo también tengo vida, no nada más me utilices para transportar a Tiburón, yo también tengo una historia, yo vengo del otro lado”, órale Christa, ¿a ver, cuál es tu historia? Christa nos cuenta su historia también, y también Cholo y también Cebraphone, que él yo creo que va a seguir creciendo.


Ay, Dios.
Ya al final descubrí algo de Cebraphone, ya cuando el libro estaba casi listo, dije no, apenas lo descubrí, necesito entender que viene algo más, todavía no lo termino de ver; yo medito mucho sobre mis personajes, yo me los tomo en serio, los sueño, etcétera, y me di cuenta que Cebraphone todavía me dice, “Heriberto, hay algo más, necesitas estudiarme, verme”; también como él es blanco y negro, todavía es como un resto de ese mundo que se quedó un tanto blanco y negro, entonces, él necesita seguir transformándose.

¿Le vas a dar la oportunidad de que viva a través de cuántas novelas, o no sabes todavía cuántas?
Tengo ciertos planes, pero, ¿sabes qué?, mis planes nunca duran mucho, o sea, siempre pienso que eso ve a ser y ahorita te diría “esto va a ser”, y prueba que no era novela, sino eran dos… ahorita tengo tres en la cabeza y finalmente fue una. Antes pensaba que lo que pensaba era lo real, después me di cuenta que lo que pienso no es más que una piedra en una realidad que va a nacer, que no es lo que pensamos.

Claro, pero es parte también de la felicidad de la creación.
Sí.

No tener el control.
No tener el control, que sea inesperado, que sea realmente una sorpresa. Ahorita, cuando me siente en diciembre a volver a escribir porque, durante el trimestre (recordemos que H.Y. es profesor) se me prohíbe un poco la escritura, escribo nada más ciertas horas, o ciertos días, fin de semana, pero cuando ya en diciembre, enero, febrero, así que me dedico dieciséis horas al día a escribir, no sé que libro sigue, pero tengo varios libros que estoy super desesperado de comenzar a hacer, por cierto, un libro sobre la novela, ya he hecho tantos apuntes, tengo cuadernos de cursos, y simplemente cosas que he pensado sobre la novela que también quiero sentarme a poner en orden todas esas cosas que yo digo sobre la novela, a explorar citas, etcétera.

A hacer un libro de Teoría.
Sí, de teoría y también de técnicas, un libro que ahorita se llama en mi mente La Vía del Novelista, y ya tengo muchos avances.

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