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Las obras de justicia y la salvación

Podemos entender el amor de Dios como algo que recibimos, a pesar de que no lo merecemos

     Siempre ha habido mucha discusión respecto al tema de la salvación, y su relación con las buenas obras. Unos afirman que la salvación se recibe sólo a través de la fe, sin la participación de las obras, otros mencionan que las obras son la evidencia de la fe, y unos más dicen que la fe se complementa con las obras. ¿Cómo podemos saber con precisión la respuesta correcta?

     Una buena manera de entender la relación entre la salvación, la fe y las obras, podemos verla a través del pasaje de Lucas 19, 1-10, en donde se cuenta la historia de Jesús y Zaqueo. Zaqueo es el prototipo del pecador, que ha dedicado su vida a tomar malas decisiones, mientras que Jesús es el Salvador, aquel que vino a rescatar lo que se había perdido.

      Zaqueo vivía en la ciudad de Jericó, la cual se conmocionó con la noticia de que Jesús pasaría por ella; esa fue la razón por la que toda la gente se volcó por las calles para ver y escuchar a Jesús. Zaqueo sintió mucha curiosidad y quiso ver a Jesús, pero estaba consciente de que no podría mezclarse libremente con el pueblo, porque muchos de ellos lo odiaban por ser un publicano. Un publicano era una persona judía, al servicio de los romanos, cuya tarea era cobrar los impuestos a sus paisanos obteniendo ganancias por cobrar más de lo que era debido. Para muchos de ellos, los publicanos eran unos traidores.

     Como Zaqueo era un hombre de baja estatura, no le quedó más remedio que subirse a un árbol, con la esperanza de ver a Jesús. Para sorpresa suya, Jesús no sólo pasó por debajo de ese árbol, sino que se detuvo y le pidió a Zaqueo que lo invitara a hospedarse en su casa. Zaqueo bajó inmediatamente y lo llevó para hospedarlo, incluso esa misma noche organizó una cena en su honor.

     Hasta este punto de la historia, podemos entender el amor de Dios como algo que recibimos, a pesar de que no lo merecemos. La casa de Zaqueo era sin duda, una de las más indignas de todo Jericó para que Jesús pusiera un pie dentro de ella; pero así es y será siempre la gracia: es el favor inmerecido que recibimos de Dios. La salvación es por gracia, por misericordia de Dios hacia nosotros.

     Zaqueo, al recibir a Jesús en casa, demostró su fe en la gracia y el amor que Jesús le estaba ofreciendo. La fe es la que nos hace creer que esto es así, y podemos entonces recibir de Dios el perdón y la misericordia que nunca hemos merecido, y que nunca mereceremos. Evidentemente Jesús nunca condicionó su amor a Zaqueo, ya que jamás mencionó cosas como “si dejas de robar, vendré a tu casa”, o “si devuelves lo que has robado, podré cenar contigo”.

     Sin embargo, cuando la verdadera fe ha entrado al corazón, esa persona siente el impulso de hacer obras justas, obras que demuestren que la salvación ha llegado a un corazón. Es por eso que esa misma noche, Zaqueo se levantó en medio de la cena y anunció: “Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a todo aquel que le defraudé en el cobro de impuestos, le voy a reponer esa cantidad cuatro veces más”.

     Las obras justas no ganan la salvación, pero sin duda demuestran que la salvación se ha recibido con fe. Debemos hacer obras correctas, pero no debemos confiar en ellas para nuestra salvación.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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