Suplementos
La verdad ante todo
Si queremos ser auténticos discípulos de Cristo, tenemos el compromiso de buscar su voluntad y proclamarla
Si queremos ser auténticos discípulos de Cristo, tenemos el compromiso de buscar su voluntad y proclamarla. De las múltiples asociaciones, sectas, iglesias, etc., que actualmente existen (más de 20,000), no todas pueden tener la verdad, ni todas pueden tener la razón, ni todos pueden ser la Iglesia que Cristo fundó.
Quienes creemos que la Iglesia que Cristo fundó es la Católica, lo hacemos fundamentados en la Biblia, la Historia y la sucesión apostólica.
En primer término, por la Biblia, porque en ella se nos revela y ello lo comprueba, que Cristo fundó una sola Iglesia. Así lo leemos en el Evangelio de San Mateo, capítulo 16, verso 18, pasaje que la Iglesia hoy nos propone para reflexionar en la Eucaristía dominical: “Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer”.
De igual manera, al anunciar eso, le anuncia también al apóstol Pedro (quien vino a ser el primer sucesor de Jesús, el primer Papa, Sumo Pontífice o Vicario de Cristo): “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (ib v.19). Y, así mismo, que esa Iglesia permanecería hasta el fin del mundo: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he recomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mt 28, 20).
Así pues, es claro y contundente lo que la Biblia relata acerca de cómo Cristo anuncia que sobre la persona y el gobierno del apóstol Pedro edificaría SU Iglesia y no SUS iglesias, y cómo al entregarle simbólicamente las llaves de su Reino, le estaba delegando toda la autoridad para conducirla por el camino de la Verdad y para que, siendo ella la depositaria de ésta, la transmitiera a todos los pueblos y naciones de todo el mundo y de todos los tiempos.
Veamos ahora cómo la historia y la sucesión apostólica nos muestran que la única Iglesia que viene desde el tiempo de Cristo es la Católica. Si no viene de ese tiempo, cualquier cosa que se diga no tiene fundamento verdadero.
Si preguntamos a cualquier persona que sea miembro de cualquier iglesia o asociación religiosa que no sea católica, que nos diga un nombre de algún miembro de la misma, entre el año 33 en que Jesús murió, resucitó, envió al Espíritu Santo --fundando entonces su Iglesia--, y el año 1521, cuando Lutero se separó de ella, no podrán responder porque no existió ninguno. Por otro lado, a excepción de las llamadas iglesias históricas, todas las demás denominaciones datan de 100, 300 y hasta 400 años de fundadas, por lo que no pueden ser la Iglesia que Cristo fundó.
En lo que respecta a la sucesión apostólica, expresión que refiere a la continuidad ininterrumpida de sucesores de los apóstoles, desde Pedro, el apóstol institido por Cristo como su primer sucesor, hasta Benedicto XVI, ha habido 226 Papas.
Es lógico que si Nuestro Señor Jesucristo escogió a Pedro para que fuera el pastor visible de su rebaño (Jn 21, 15-17), otros a los que Él también eligiera --aunque ya no en persona, sino a través de los mismos apóstoles inspirados por el Espíritu Santo--, tendrían que continuar con su misión, ya que el mandato del mismo Jesús a su Iglesia fue de predicar el Evangelio por todo el mundo (Mc 16, 15) hasta el final de los tiempos (Mt 28, 18-20). Por este motivo, al morir el primer Papa (Pedro), hubo un sucesor que fue Lino, y así sucesivamente hasta el actual Papa: Benedicto XVI.
Ninguna de las demás denominaciones religiosas puede argumentar lo mismo ni siquiera algo parecido. Si uno empieza a investigar quién es su jefe actual y quién estuvo antes, nunca llegarán hasta el tiempo de Cristo, pues no existieron.
Queridos hermanos lectores: Quise hablar de esta verdad porque, como ya lo mencioné, el Evangelio de hoy nos la recuerda, y, así mismo, fundamentado en lo que Jesús afirmó diciendo: “Ustedes serán verdaderos discípulos míos, si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8, 31-32). Sobra decir, siendo respetuoso de las creencias de todos, que ninguna otra razón me ha motivado a ello. ¡Que el Señor los bendiga!
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
Quienes creemos que la Iglesia que Cristo fundó es la Católica, lo hacemos fundamentados en la Biblia, la Historia y la sucesión apostólica.
En primer término, por la Biblia, porque en ella se nos revela y ello lo comprueba, que Cristo fundó una sola Iglesia. Así lo leemos en el Evangelio de San Mateo, capítulo 16, verso 18, pasaje que la Iglesia hoy nos propone para reflexionar en la Eucaristía dominical: “Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer”.
De igual manera, al anunciar eso, le anuncia también al apóstol Pedro (quien vino a ser el primer sucesor de Jesús, el primer Papa, Sumo Pontífice o Vicario de Cristo): “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (ib v.19). Y, así mismo, que esa Iglesia permanecería hasta el fin del mundo: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he recomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mt 28, 20).
Así pues, es claro y contundente lo que la Biblia relata acerca de cómo Cristo anuncia que sobre la persona y el gobierno del apóstol Pedro edificaría SU Iglesia y no SUS iglesias, y cómo al entregarle simbólicamente las llaves de su Reino, le estaba delegando toda la autoridad para conducirla por el camino de la Verdad y para que, siendo ella la depositaria de ésta, la transmitiera a todos los pueblos y naciones de todo el mundo y de todos los tiempos.
Veamos ahora cómo la historia y la sucesión apostólica nos muestran que la única Iglesia que viene desde el tiempo de Cristo es la Católica. Si no viene de ese tiempo, cualquier cosa que se diga no tiene fundamento verdadero.
Si preguntamos a cualquier persona que sea miembro de cualquier iglesia o asociación religiosa que no sea católica, que nos diga un nombre de algún miembro de la misma, entre el año 33 en que Jesús murió, resucitó, envió al Espíritu Santo --fundando entonces su Iglesia--, y el año 1521, cuando Lutero se separó de ella, no podrán responder porque no existió ninguno. Por otro lado, a excepción de las llamadas iglesias históricas, todas las demás denominaciones datan de 100, 300 y hasta 400 años de fundadas, por lo que no pueden ser la Iglesia que Cristo fundó.
En lo que respecta a la sucesión apostólica, expresión que refiere a la continuidad ininterrumpida de sucesores de los apóstoles, desde Pedro, el apóstol institido por Cristo como su primer sucesor, hasta Benedicto XVI, ha habido 226 Papas.
Es lógico que si Nuestro Señor Jesucristo escogió a Pedro para que fuera el pastor visible de su rebaño (Jn 21, 15-17), otros a los que Él también eligiera --aunque ya no en persona, sino a través de los mismos apóstoles inspirados por el Espíritu Santo--, tendrían que continuar con su misión, ya que el mandato del mismo Jesús a su Iglesia fue de predicar el Evangelio por todo el mundo (Mc 16, 15) hasta el final de los tiempos (Mt 28, 18-20). Por este motivo, al morir el primer Papa (Pedro), hubo un sucesor que fue Lino, y así sucesivamente hasta el actual Papa: Benedicto XVI.
Ninguna de las demás denominaciones religiosas puede argumentar lo mismo ni siquiera algo parecido. Si uno empieza a investigar quién es su jefe actual y quién estuvo antes, nunca llegarán hasta el tiempo de Cristo, pues no existieron.
Queridos hermanos lectores: Quise hablar de esta verdad porque, como ya lo mencioné, el Evangelio de hoy nos la recuerda, y, así mismo, fundamentado en lo que Jesús afirmó diciendo: “Ustedes serán verdaderos discípulos míos, si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8, 31-32). Sobra decir, siendo respetuoso de las creencias de todos, que ninguna otra razón me ha motivado a ello. ¡Que el Señor los bendiga!
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx