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La fuerza de las palabras

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios...”

     Con este elocuente discurso empieza san Juan su Evangelio, y con su mismo texto empezamos este Adviento que marca el inicio de un nuevo año Litúrgico.

     Un tiempo privilegiado en el cual celebramos la memoria de la venida del Señor en nuestro mundo.

     Vino a vivir entre nosotros y a ayudarnos a vivir según Dios.

     Jesús era el Verbo, la Palabra de Dios hecha vida para darnos vida, y sobre su ejemplo vamos a meditar, durante este año, qué es lo que nos enseña para nuestra vida práctica y cómo tendremos que aplicar su enseñanza, para hacer de nuestra existencia algo que valga verdaderamente la pena.

La familia es la base de todo

     Por lo tanto, vamos a centrar nuestras reflexiones en temas familiares, porque de allí se desprende que seamos personas valiosas, buenos ciudadanos que vayan conformando una sociedad sana, floreciente y fructífera, de la cual dependerá un mundo mejor, más agradable y con perspectivas de futuro.

     Es innegable que todo cuanto se refiere a lo humano tiene su origen y su base en las palabras.

     Las palabras son la primera expresión externa del pensamiento y del sentimiento.

     Si hay buenas palabras, la comunicación irá fluyendo natural y casi insensiblemente por buenos derroteros.

     Por eso es imprescindible hablar bien y tener el control de las propias palabras.

     Por tanto, hoy vamos a pedir al Señor Jesús que nos ayude a emplear bien el incomparable don de la Palabra:

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú
que eres la Palabra eterna de Dios,
enséñanos a hablar con sabiduría,
a decir tan sólo cosas buenas,
que apoyen y construyan,
que animen y den alegría,
que lleven un poco de la vida
que las tuyas nos dan.

Señor Jesús,
nuestro mundo necesita todavía
palabras bondadosas, como las tuyas,
palabras de comprensión y de ternura
que lleven a todo sufrimiento
la misericordia y el perdón,
la compasión y el amor que Dios nos da
en cada etapa y en cada circunstancia
de nuestro caminar por la vida.

Señor Jesús,
enséñanos a hablar como Tú,
con certeza y verdad,
con fe y entusiasmo,
con alegría y amor.

Palabras en familia

     Al llegar a los planos familiares es inevitable reconocer que la primera educación la reciben los niños en casa, y las primeras pautas les vienen comunicadas por las palabras que a diario escuchan.

     Hay papás y mamás que desean ver en sus hijos lo mejor, que sean los más

aplicados en la escuela, los más educados y, en fin, que sean lo máximo en todo, pero no se han preocupado por decirles las buenas palabras que son semillas de donde podrá germinar lo bueno.

     Si en casa escuchan palabras groseras, expresiones negativas, mentiras, comentarios inadecuados y en ocasiones hasta ofensas y amenazas, ¿de dónde queremos que saquen lo mejor?

     Si en la familia se habla sin ton ni son de todo cuanto sucede en torno, sin hacer un análisis de los acontecimientos, sin hacer aclaraciones ni establecer disculpas o dar elementos para la comprensión, eso será lo que desde niños los muchachos irán aprendiendo, y cuando sean mayores tampoco podrán tener la capacidad para hablar correcta y sanamente de cuanto sucede en su entorno.

     Para que los hijos sean lo máximo, primero deben educarse los padres; primero es el ejemplo del cual dependerán las actitudes positivas de las nuevas generaciones, que sabrán construir en su momento lo bueno y lo mejor.

María Belén Sánchez fsp 

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