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La estrella más brillante
La estrella podría ser un cometa, o quizá la alineación especial de varios cuerpos celestes
Los evangelios relatan que cerca del tiempo del nacimiento de Jesús en Belén, apareció una estrella en el Oriente, que guió a los magos hasta el lugar en donde se encontraba el niño. Muchos han sugerido que esta estrella podría ser un cometa, o quizá la alineación especial de varios cuerpos celestes, y aunque no se ha llegado a una conclusión científica final, es aceptado por la mayoría que se trató de un evento que pocas veces podría haber sido visto. Sin duda que el brillo de esa estrella fue mayor que todo lo visto anteriormente por los hombres.
Es seguro que muchos corazones estaban expectantes ante la llegada del Mesías que se les había prometido, y también muchos ojos estaban pendientes de cualquier aviso de que esto estaría pasando; por eso no nos extraña cuando leemos que unos magos (o sabios) de Oriente descubrieron la estrella, y decidieron con prontitud moverse en la dirección que les indicaba, para encontrar al nacido Rey de los judíos.Cuando ellos llegaron a Jerusalén, no tenían duda de lo que había acontecido, ya que su pregunta fue: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos a adorarle”.
Todo concordaba: los tiempos y la señal en el cielo. Para gente sabia como esos magos, no había duda de que esa estrella anunciaba la llegada de un Rey como nunca había habido en la tierra. La estrella lo anunciaba. Con todo, esa no fue la estrella más brillante. En realidad, la estrella más brillante, la que atraería a sí misma a toda la humanidad, se encontraba en esos momentos en forma de un bebé, y descansando en los amorosos brazos de su madre: era Jesús.
Cada cierto tiempo hay revistas y medios de comunicación que determinan quién ha sido el personaje del año; es decir, la persona que, en opinión de muchos, ha afectado mayormente a la humanidad. También se llega a determinar lo mismo para una década y hasta para un siglo. Se han publicado listas y fotografías de “las personas más influyentes en la historia de la humanidad”, pero ninguna puede igualar a Jesús de Nazaret. Incluso podríamos podríamos poner a todas las demás personalidades en un solo lado y compararlas con Jesús, y ni aún así habría punto de comparación.
El evangelista Juan lo describió en estas palabras, al principio de su obra: “La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre”. Al comenzar a describir la persona y la obra de Jesús, Juan, quien lo conoció personalmente y muy profundamente, habló de Él en la figura de la Luz que vino al mundo y que iluminó a todo hombre. Jesús no vino para acercarnos a Dios: Jesús es Dios mismo que se ha acercado a nosotros.
Es evidente que cada hombre acumula tinieblas en su corazón, y que esas tinieblas son cada día más densas, a pesar de mi cultura, riqueza o buenos deseos; por eso fue necesario que la Luz viniera a la tierra. Pero esa Luz no fue la del cometa o estrella que pasó cerca de Belén y que iluminó geográficamente las tierras de Judea, sino que era necesaria una Luz que llegara a las tinieblas del corazón; ahí es donde se incuban las mentiras, los adulterios, los asesinatos y las envidias, en esos antros profundos del corazón, a donde la terapia o la medicina no pueden llegar.
Esas espantosas tinieblas no podían ser disipadas por el esfuerezo de los hombres, ni por su conocimiento; por eso era necesario que viniera una Luz del cielo, que revelara su condición, pero también que les ofreciera esperanza. Cuando la Luz de Cristo ilumina el corazón de una persona, lo primero que hace es evidenciar su profunda necesidad, pero no lo hace para mostrar la vergüenza de la gente, sino para ofrecerle la respuesta, la solución, que tranformará esas tinieblas en claridad y en una nueva manera de vivir.
La estrella de Belén iluminó a los hombres por un breve tiempo, pero luego se fue para prosegir su camino; pero la Estrella que nació en Belén llegó para quedarse, y desde entonces su Luz sigue guiando a los hombres a la verdadera salvación.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
Es seguro que muchos corazones estaban expectantes ante la llegada del Mesías que se les había prometido, y también muchos ojos estaban pendientes de cualquier aviso de que esto estaría pasando; por eso no nos extraña cuando leemos que unos magos (o sabios) de Oriente descubrieron la estrella, y decidieron con prontitud moverse en la dirección que les indicaba, para encontrar al nacido Rey de los judíos.Cuando ellos llegaron a Jerusalén, no tenían duda de lo que había acontecido, ya que su pregunta fue: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos a adorarle”.
Todo concordaba: los tiempos y la señal en el cielo. Para gente sabia como esos magos, no había duda de que esa estrella anunciaba la llegada de un Rey como nunca había habido en la tierra. La estrella lo anunciaba. Con todo, esa no fue la estrella más brillante. En realidad, la estrella más brillante, la que atraería a sí misma a toda la humanidad, se encontraba en esos momentos en forma de un bebé, y descansando en los amorosos brazos de su madre: era Jesús.
Cada cierto tiempo hay revistas y medios de comunicación que determinan quién ha sido el personaje del año; es decir, la persona que, en opinión de muchos, ha afectado mayormente a la humanidad. También se llega a determinar lo mismo para una década y hasta para un siglo. Se han publicado listas y fotografías de “las personas más influyentes en la historia de la humanidad”, pero ninguna puede igualar a Jesús de Nazaret. Incluso podríamos podríamos poner a todas las demás personalidades en un solo lado y compararlas con Jesús, y ni aún así habría punto de comparación.
El evangelista Juan lo describió en estas palabras, al principio de su obra: “La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre”. Al comenzar a describir la persona y la obra de Jesús, Juan, quien lo conoció personalmente y muy profundamente, habló de Él en la figura de la Luz que vino al mundo y que iluminó a todo hombre. Jesús no vino para acercarnos a Dios: Jesús es Dios mismo que se ha acercado a nosotros.
Es evidente que cada hombre acumula tinieblas en su corazón, y que esas tinieblas son cada día más densas, a pesar de mi cultura, riqueza o buenos deseos; por eso fue necesario que la Luz viniera a la tierra. Pero esa Luz no fue la del cometa o estrella que pasó cerca de Belén y que iluminó geográficamente las tierras de Judea, sino que era necesaria una Luz que llegara a las tinieblas del corazón; ahí es donde se incuban las mentiras, los adulterios, los asesinatos y las envidias, en esos antros profundos del corazón, a donde la terapia o la medicina no pueden llegar.
Esas espantosas tinieblas no podían ser disipadas por el esfuerezo de los hombres, ni por su conocimiento; por eso era necesario que viniera una Luz del cielo, que revelara su condición, pero también que les ofreciera esperanza. Cuando la Luz de Cristo ilumina el corazón de una persona, lo primero que hace es evidenciar su profunda necesidad, pero no lo hace para mostrar la vergüenza de la gente, sino para ofrecerle la respuesta, la solución, que tranformará esas tinieblas en claridad y en una nueva manera de vivir.
La estrella de Belén iluminó a los hombres por un breve tiempo, pero luego se fue para prosegir su camino; pero la Estrella que nació en Belén llegó para quedarse, y desde entonces su Luz sigue guiando a los hombres a la verdadera salvación.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com