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La dignidad y el deseo

Elisabeth tiene que estar casada y con dos o tres hijos, y seguro que no piensa demasiado en mí

“Y durante esta época apenas pasa una noche sin que piense en la chica a quien traté muy superficialmente durante un par de meses, cuando yo era un prodigio sexual de veintidós años, la chica que llevaba un relicario al cuello con la foto de su padre. Se me ocurre incluso escribirle, a la atención de sus padres. Llego a levantarme de la cama a rebuscar entre mis papeles, a ver si encuentro la dirección de Estocolmo. Pero a estas alturas Elisabeth tiene que estar casada y con dos o tres hijos, y seguro que no piensa demasiado en mí. No hay mujer viva que no piense mí; no, desde luego, con amor”.

Philip Roth. El profesor del deseo. Mondadori. México. 2008. 253 págs.

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