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La Playa

Pueblo en Bolaños que atesora un admirable templo colonial

GUADALAJARA, JALISCO (23/FEB/2014).-En la falda noreste del cerro El Comité, a la vera del río Bolaños se localiza el bizarro poblado La Playa, que atesora un admirable templo colonial. Una fría, Marcela, Nicolás y yo, partimos rumbo a Bolaños, bordeamos parte del cerro El Águila y pasando Carrizalillo apreciamos el encantador cañón, manifestando atractivos cerros, como: Las Pérez, Gavilanes, Pajaritos, La Ciénaga y la mesa El Rodeo, todos con vistosas crestas, una era larga y rocosa en todas sus caras, otra con profundas gargantas, súbitamente se dejó ver el río y sobre una vega aledaña sobresalía un templo de buen tamaño, rodeado de follajes, era nuestro destino.

Nicolás Valdés Huerta comentó: “Paralelamente debieron moverse ante la Autoridad Eclesiástica de Guadalajara, pues sorpresivamente para los franciscanos de Chimaltitlán, en cuya jurisdicción se hallaba Bolaños, el 20 de marzo de 1751, el Lic. Miguel de Carmona y Godoy tomó posesión del recién erigido curato de La Playa. Era el principio del fin”. Y Fr. Luis del Refugio del Palacio citó: “No dejaron jamás los obispos de estas partes, que querían a todo trance acomodar a su clero… despojar a los Regulares de sus Doctrinas o Curatos… Cometieron los reyes de España la injusticia flagrante de mandar que al secularizarse un curato, quedaran a beneficio de la parroquia las iglesias y los conventos sin tener otra cosa que hacer los frailes sino salirse, con su puro hábito y pobres libros a recluirse en un solo convento que se les dejó, el de Guadalajara”.

Cuando se bifurco el camino, viramos a la derecha y a corto trecho volvimos a ver el templo y su caserío. Frente a la plaza, el atrio, cubierto de tumbas, la puerta principal formada por un arco trilobulado sobre capiteles dóricos y con escudo papal en la clave, dos llaves cruzadas y un tocado con cruz. La puerta enmarcada por columnas estípite, sobre la cornisa la ventana coral, vertical y arqueada, por remate, la Virgen de Juan Diego con doble corona, la segunda, una tiara pontifica, suspendida por unos ángeles, en sí es una triple corona, a los costados salen dos leones que drenan agua por sus bocas. Sobre el cornisamento curveado posa una cruz retrinchada, acompañada por almenas. Del lado izquierdo luce el campanario, de planta cuadrada y de dos cuerpos, el primero alto y el segundo bajo y de planta menor, ambos con un vano arqueado por cara, sobre las cornisas adornan almenas, se cubrió con cúpula.

La puerta lateral norte, en arco de medio punto soportado por capiteles dóricos, la clave con dos ángeles sosteniendo una corona con cruz. A los costados una media columna estriada, sobre la cornisa un nicho vacio, enconchado y con columnillas salomónicas, animado por almenas piramidales. La puerta sur, tapada, su hueco liga con la primitiva capilla, que nos mostró unas tapias que abrazan dos puertas y sostienen un arco que apoyaba el techo. La planta arquitectónica del templo es en cruz latina, iluminado por ventanas verticales y cuadradas, la cúpula con tambor octagonal y de ocho gajos, revestidos por azulejos poblanos, de color azul fuerte, y coronada con linterna.

En el altar cuelga una pintura de la Virgen de Tepeyac, obra de Antonio Enríquez y data de 1753, con dos columnas estípite por lado. La construcción del recinto comenzó en 1739 y finalizó para 1760. La sacristía fue adosada, con contrafuertes y una puerta baja, arriba de su techo está una ventana de cantera arqueada y sobre el muro del templo, un marco de esquila, arqueado y con almenas. Dos ventanas ven al panteón y al río.

Miramos algunas moradas de piedra con vanos arqueados y largas gárgolas, había una finca con una columna en su esquina, elemento que la distinguía, camino al río vimos unos muros de piedra con columnas salientes, miramos el caudal del vibrante río, delimitado por diversas plantas, al tocar piedras formaba estelas y olas, anunciando su pasar.

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