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La Inquisición

El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos por tener la mejor formación teológica

   Como comentamos en el artículo anterior, la edad media fue testigo de importantes movimientos heréticos que orillaron a que el Papa Inocencio III tratara de combatir por diferentes medios a los grupos de herejes, particularmente a los albigenses. Sus resultados fueron poco eficaces, por lo que más tarde el Papa Gregorio IX emitió los estatutos conocidos como “Excommunicamus” en 1231, con los cuales instituía a la Inquisidor. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos por tener la mejor formación teológica y ser quienes rechazaban abiertamente las ambiciones mundanas. ¿Cómo fue la labor inquisitoria? ¿Es cierto todo lo negativo que se habla de ella?

   El procedimiento inquisitorio original consistía en que los inquisidores se instalaban en alguna plaza desde donde promulgaban un decreto por el que los herejes debían presentarse voluntariamente. A quienes lo hacían les aplicaban penas menores que a quienes había que buscar, juzgar y condenar. Prácticamente cualquier persona podía acusar a otra de herejía y mantenerse en el anonimato, hasta que el Papa Bonifacio VIII abrogó tal práctica, y además, a los inquisidores les estaba permitido encarcelar a los acusadores sobre los que recayera la sospecha de mentir. Los castigos para los que confesaran o fueran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso, acto que se conocía como “sermo generalis” o auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar una cruz. Por su parte, a quienes hicieran falsas acusaciones se les cosían dos lengüetas rojas a sus ropas. Los casos graves merecían el encarcelamiento que podía ir de varios meses a perpetuo. Aunque en sus inicios la Inquisición dedicó más sus actividades a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron para tratar casos de brujería y adivinación. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control, la actividad de la Inquisición disminuyó hasta que a finales del siglo XIV y durante el siglo XV poco se supo de ella.

   En 1542 el Papa Paulo III estableció en Roma la Congregación de la Inquisición, conocida también como la Inquisición Romana y el Santo Oficio, en la que seis cardenales integraron la primera comisión, cuya influencia se extendió a toda la Iglesia. El Santo Oficio fue una institución nueva, poco vinculada a su predecesora medieval. Mientras que ésta última se centraba en contra de las herejías que ocasionaban desórdenes públicos, la primera se preocupó más por la ortodoxia académica, sobre todo la que aparecía en los escritos de teólogos y eclesiásticos. Durante sus primeros doce años, tuvo un protagonismo modesto, principalmente en Italia; sin embargo, cuando uno de sus miembros originales, el cardenal Juan Pedro Carafa se convirtió en el Papa Paulo IV en 1555, se inició una persecución activa de sospechosos, se elaboró una lista de libros que atentaban contra la fe o la moral, y se publicó el primer Índice de Libros Prohibidos en 1559. En 1965, el Papa Paulo VI reorganizó el Santo Oficio y le puso el nuevo nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe.

   De manera paralela se desarrolló la historia de la Inquisición española. En 1476 se estableció el Tribunal de la Inquisición en Sevilla, de la que siete años más tarde fray Tomás de Torquemada es nombrado Inquisidor General. Esta inquisición se iba a ocupar del problema de los judíos conversos, y el papado dejó en manos de los soberanos españoles la responsabilidad de su Inquisición, de manera que ésta se convirtió en un instrumento del Estado más que de la Iglesia, aunque los eclesiásticos, y en particular los dominicos, actuaron como sus funcionarios. Con el tiempo se convirtió en leyenda, en especial en zonas protestantes, por su crueldad y oscurantismo. El gran inquisidor y su tribunal tenían jurisdicción sobre los tribunales locales de virreinatos como México y Perú, donde estuvieron más ocupados con la hechicería que con la herejía. La Inquisición se suprimió finalmente en 1843. Es de interés que entre 1527 y 1548, se llevaron a cabo 131 procesos en México, 13 de los cuales fueron contra indígenas. Lo cierto es que en poco más de 600 años de vigencia, la inquisición ejecutó alrededor de 3000 personas (un promedio de cinco por año). Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS

Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx  

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