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La Casa del Lago

Se encuentra por donde la brisa de la laguna acaricia los valles marrones, anillados por plantíos de alfalfa

En las faldas del cerro La Calera, por donde la brisa de la laguna acaricia los valles marrones, anillados por plantíos de alfalfa, se encuentra la maravillosa Casa del Lago.

De Usmajac, seguimos camino a Amatitlán, lugar de amates, sitio de manantiales.

Pasando las ultimas casas de Usmajac, fuimos encantados por un vibrante lago, apaisado, sosegado y lleno de reflejos. El pintoresco lago esta animado por tules, bambúes y al fondo por gruesos eucaliptos. Los muros del lago giran con gracia en dirección a una preciosa casa, la Casa del Lago, enmarcada por el espejo del lago, por unos bambúes y por unos eucaliptos al fondo.

Apreciamos una puerta arqueada entre ventanas verticales y también rematadas en arco.

La puerta liga con una terraza descubierta, delimitada por un elegante barandal a base de balaústres. La casa colinda con el lago artificial, pero finalmente lago, en su orientación sur, al este y norte es abrazada por un bosque de eucaliptos y al oeste, la huerta, que brinda deliciosos aromas a la casa, se le conoce también como “La Casa de la Huerta”.

Caminamos al centro del lago, para admirarlo desde otras perspectivas, nos sentamos sobre unas piedras sombreadas por añosos árboles, la casa quedó detrás de un follaje, unas palmeras y un tejaban se dejaron ver, llegaron unos cuervos y más tarde unas garzas a refrescarse, antes nadaban unos patos Pekín, un tubo de unas ocho pulgadas alimentaba y arrullaba al lago, con su gran chorro.

Luego de haber disfrutado de los parajes del lago, nos adentramos al olvidado casco de la hacienda Amatitlán, observamos una preciosa arcada morisca en un patio interior, sobre columnas redondas y capiteles dóricos, en dirección de ellos, un ovalo, abajo del nivel de la arcada, detalle que nos cautivo. Después apreciamos unas bonitas puertas arqueadas, con marcos de piedras entreveradas, enseguida vimos la casa grande con vanos arqueados y con vista al ingenio, que lo delataba su alta chimenea, posteriormente miramos dos arcos del acueducto.

En 1924, la Junta Local Agraria, emprendió a dar posesión de 600 hectáreas de la hacienda Amatitlán, de los hermanos de la Peña, a campesinos sin tierra, de la comunidad de Usmajac. A pesar de la perdida de tierras, el ingenio siguió laborando.

Para 1946, inauguró su nueva planta, con una capacidad diaria de 1,500 toneladas, de los preciados granos dulces, el accionista mayoritario fue el señor Julio de la Peña Arias.

Del acueducto dimos unos pasos y fuimos regocijados por el increíble sendero de la Casa del Lago, más que sendero es una fantástica alameda, llena de belleza y de energía.

Gruesos y atractivos eucaliptos delimitan, sombrean y embellecen la alameda, en los prados aledaños se pasean y pastan hermosos venados cola blanca, al final de la alameda esta la mágica arcada trilobulada de la casa, que gozaron la alegre Teresa Castañeda y la guapa Ana de la Peña, en la actualidad la disfrutan la familia García Morales.

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