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Kamakura, templos entre montañas

Fue capital de Japón entre los años 1194 y 1333. Es un oasis de la naturaleza situada entre montañas

JAPÓN.- Entre árboles vacíos en invierno o el blanco rosado de los cerezos en primavera, Kamakura, capital de Japón entre 1194 y 1333, es siempre un buen destino, a 50 kilómetros al sur de Tokio y con vistas al Pacífico.

Más de una veintena de templos y casi una decena de santuarios conforman un completo recorrido que discurre entre montañas y, en ocasiones, junto al mar, capaz de agotar el entusiasmo occidental por este tipo de monumentos.

Tres kilómetros de radio en torno a la estación de Kita-Kamakura concentran los templos zen más conocidos de esta población, entre los que destaca el de Kenchoji, que hoy en día funciona como monasterio con diez subtemplos.

La distancia entre ellos permite al visitante emprender el camino andando, aunque ello puede ser suficiente para cansar sus piernas, por lo que varios autobuses urbanos prestan servicio alrededor de las zonas de interés turístico.

MILES DE TURISTAS CADA DÍA.

El santuario Tsurugaoka Hachimangu se alza sobre la mayoría de templos de Kamakura, al ser el más atractivo de la ciudad por su gran tamaño y ubicación. Situado en el centro de la ciudad, muy cercano a la estación de tren y centro neurálgico de la población, acoge a miles de turistas cada día.

Varios torii -típica puerta roja de entrada a un templo- dispuestos a lo largo de la avenida principal de Kamakura anticipan la aparición del enorme edificio sintoísta.

A los pies de una larga escalinata que conduce hasta el interior del templo, los visitantes se lavan la boca con agua en una fuente común y se esparcen humo de incienso por todo el cuerpo para desprenderse de sus impurezas, ritual sintoísta que siempre da la bienvenida a sus templos.

Muy cerca de este gran santuario la mayoría de los templos son budistas pues el resto de los centros sintoístas se sitúan más lejos del casco histórico de la ciudad y en pleno campo.

Durante más de un siglo, Japón fue gobernado por el clan Hojo desde Kamakura, pero en 1333, debilitado por el coste de mantener las defensas frente a las amenazas externas procedentes de China, fue derrotado por el emperador Go-Daigo y la capital se trasladó a Kioto.

Los templos sirvieron en algunas épocas en Japón para conservar el arraigo de la gente de un pueblo a ese mismo lugar y evitar su emigración a otras ciudades al desarrollar en los fieles un fuerte sentimiento de pertenencia.

EL GRAN BUDA, TESORO NACIONAL DE KANTO.

La razón que hace popular actualmente a Kamakura es, además de las cuatro playas que atraen a los tokiotas durante el verano, su Gran Buda de bronce, con 11.36 metros de altura, 125 toneladas y unas orejas de dos metros cada una.

Construido inicialmente en madera, el Gran Buda de Kamakura fue inspirado en el Gran Buda Todaiji de Nara, ciudad del centro del país y primera capital de Japón en el siglo VIII.

Cuando el fundador del Shogunato o Gobierno de Kamakura, Yoritomo Minamoto, asistió con su mujer a la inauguración de la estatua de Nara tras una reconstrucción, se le encaprichó una de las mismas características para Kamakura.

Aunque Minamoto murió cuatro años después, el proyecto de construcción de otro Gran Buda pudo salir adelante a base de donaciones recaudadas de todas partes del país y finalizó en 1243.
Originariamente, la figura de Buda era dorada y brillante y se encontraba en el interior de un templo, pero en el siglo XV un tsunami derribó hasta el edificio que la albergaba y actualmente se puede ver al aire libre.

La erosión y el paso del tiempo han hecho que las ocho grandes piezas de bronce que conforman, como un mosaico, el Buda presenten ahora un color verdoso.
Una ruta boscosa salpicada de templos conduce al visitante hasta el Gran Buda, único Tesoro Nacional de la región japonesa de Kanto, al tiempo que le revela otras de las mejores imágenes del viaje.

La multitud de turistas que acuden hasta este rincón de Japón ambientan diariamente las principales calles de tiendas de Kamakura y llenan sus restaurantes, que se benefician del atractivo que supone esta ciudad para el público extranjero.

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