Suplementos
Jerez
Este destino destaca por la arquitectura colonial, que embellece los recorridos por sus calles
GUADALAJARA, JALISCO (07/JUL/2013).- Al Este de los cerros: Los Lobos y Las Urracas, se encuentra una encantadora población llamada, Jerez. En suelo chichimeca, a finales de 1569, los hispanos Pedro Carrillo Dávila, Pedro Caldera y Martín Moreno fundaron Xerez de la Frontera, en honor al de Provincia de Cádiz, “Que a la fecha y por la guerra sólo había 12 vecinos españoles y nomás”. En 1574 se nombró “Cura y Vicario del Pueblo de Teúl y Villa de Xerez”. Al finalizar la Guerra Chichimeca la villa jerezana fue repoblada y el 25 de abril de 1589, el virrey nombró Alcalde Mayor al capitán Miguel Caldera. El naciente asentamiento fue tomando forma, las haciendas comarcanas contribuyeron, tales como la Hacienda de Víboras, de Manuel del Hoyo; Ciénaga de Jerez, Encarnación, Malpaso, Trancoso y Cieneguillas, de Eugenio Gordoa; El Tesoro de la familia Inguanzo, y El Cuidado de la familia Castellanos.
El corazón del poblado es la magnífica Plaza Mayor, llamada posteriormente, Jardín Rafael Páez, pues fue quien la transformó en un hermoso jardín entorno a un señorial kiosco, animado por peculiares fuentes. Atractivas casonas se levantaron alrededor del jardín, unas con espléndidos portales, como el de la familia Iguanzo. Al poniente, mira el Palacio Municipal, de dos niveles y con bizarros corredores arqueados entorno a una fuente y jardines. A unos pasos al Sur del Palacio, se mira el Santuario de la Soledad, en 1807, ya se contaba con la primera bóveda, ostenta expresiva portada, enmarcada por vistosos campanarios. Frente al Santuario, se edificó el hermoso Edificio de la Torre, con vanos trilobulados, fraccionado para cobijar a dos escuelas. Y frente al ábside del Santuario, se abrió en 1885, el Jardín Chico, donde a la sombra de corpulentos árboles se hacen buenas sopas, se ahorca una que otra mula, para dominar y lograr un buen cierre. A un costado del Jardín, se localiza el bonito Teatro Hinojosa, con un precioso pórtico arqueado, abrió sus puertas el 15 de septiembre de 1880. Cerca, se localiza la agradable capilla de María Auxiliadora. Regresando al edificio y siguiendo rumbo Oriente por la calle Aurora, donde se asoman tiendas con artesanías, de bellas formas y colores, sin faltar las arracadas jerezanas, más adelante se ubica la amplia y romántica Plaza Tacuba, con su sensual Portal de las Palomas. Enseguida se puede apreciar la pintoresca Parroquia de la Inmaculada Concepción, con elaborada fachada y una fantástica torre, en febrero de 1728, se había iniciado la exquisita obra clerical. A unos pasos de la Parroquia, con dirección Sur, se encuentra la Casa Museo Ramón López Velarde, cautivadora finca que acurrucó al magnífico poeta desde su nacimiento, “El viejo pozo de mi vieja casa… es un compendio de ilusión”, el 15 de junio de 1952, la morada abrió como museo. A unas cuadras de atractivas fachadas, hay otro museo, nombrado, Centro de Tradición y Cultura Jerezana, donde la fiesta de los piales y manganas es evocada, al igual que la fiesta brava.
Que placer es andar por los callejones jerezanos, en especial por el Angosto, salpicado de coquetos vanos, callejón que lleva a la bonita Capilla del Diezmo, que presume de admirable frontis, tomó dicho nombre porque antaño estaban los almacenes donde se juntaba el diezmo, que era el tributo para el clero. A pocas cuadras, al Suroeste de la Capilla, los diestros cinceles jerezanos se ratificaron en el Panteón de Dolores, “Marchitose la flor de mi existencia pero el divino jardinero me ha llamado a su huerto do reina una inmutable primavera”. Luego de un asado de novia, es buena idea visitar la insólita Hacienda Ciénaga de los Dolores, con bella capilla, elegante portal y única pajarera. De los corredores se observa el soberbio campanario. Las trojas son dignas de contemplarse, por sus grandes claros y agradables portadas. La troja de los tractores se sigue escuchando… Un inolvidable paseo, es adentrarse a la hechizante Sierra de los Cardos, rica en esculturas. “Jerez, goce visual”.
El corazón del poblado es la magnífica Plaza Mayor, llamada posteriormente, Jardín Rafael Páez, pues fue quien la transformó en un hermoso jardín entorno a un señorial kiosco, animado por peculiares fuentes. Atractivas casonas se levantaron alrededor del jardín, unas con espléndidos portales, como el de la familia Iguanzo. Al poniente, mira el Palacio Municipal, de dos niveles y con bizarros corredores arqueados entorno a una fuente y jardines. A unos pasos al Sur del Palacio, se mira el Santuario de la Soledad, en 1807, ya se contaba con la primera bóveda, ostenta expresiva portada, enmarcada por vistosos campanarios. Frente al Santuario, se edificó el hermoso Edificio de la Torre, con vanos trilobulados, fraccionado para cobijar a dos escuelas. Y frente al ábside del Santuario, se abrió en 1885, el Jardín Chico, donde a la sombra de corpulentos árboles se hacen buenas sopas, se ahorca una que otra mula, para dominar y lograr un buen cierre. A un costado del Jardín, se localiza el bonito Teatro Hinojosa, con un precioso pórtico arqueado, abrió sus puertas el 15 de septiembre de 1880. Cerca, se localiza la agradable capilla de María Auxiliadora. Regresando al edificio y siguiendo rumbo Oriente por la calle Aurora, donde se asoman tiendas con artesanías, de bellas formas y colores, sin faltar las arracadas jerezanas, más adelante se ubica la amplia y romántica Plaza Tacuba, con su sensual Portal de las Palomas. Enseguida se puede apreciar la pintoresca Parroquia de la Inmaculada Concepción, con elaborada fachada y una fantástica torre, en febrero de 1728, se había iniciado la exquisita obra clerical. A unos pasos de la Parroquia, con dirección Sur, se encuentra la Casa Museo Ramón López Velarde, cautivadora finca que acurrucó al magnífico poeta desde su nacimiento, “El viejo pozo de mi vieja casa… es un compendio de ilusión”, el 15 de junio de 1952, la morada abrió como museo. A unas cuadras de atractivas fachadas, hay otro museo, nombrado, Centro de Tradición y Cultura Jerezana, donde la fiesta de los piales y manganas es evocada, al igual que la fiesta brava.
Que placer es andar por los callejones jerezanos, en especial por el Angosto, salpicado de coquetos vanos, callejón que lleva a la bonita Capilla del Diezmo, que presume de admirable frontis, tomó dicho nombre porque antaño estaban los almacenes donde se juntaba el diezmo, que era el tributo para el clero. A pocas cuadras, al Suroeste de la Capilla, los diestros cinceles jerezanos se ratificaron en el Panteón de Dolores, “Marchitose la flor de mi existencia pero el divino jardinero me ha llamado a su huerto do reina una inmutable primavera”. Luego de un asado de novia, es buena idea visitar la insólita Hacienda Ciénaga de los Dolores, con bella capilla, elegante portal y única pajarera. De los corredores se observa el soberbio campanario. Las trojas son dignas de contemplarse, por sus grandes claros y agradables portadas. La troja de los tractores se sigue escuchando… Un inolvidable paseo, es adentrarse a la hechizante Sierra de los Cardos, rica en esculturas. “Jerez, goce visual”.