Suplementos
Insomnes desesperados
El estrés hace a la gente usar el alcohol como un sedante ¿Pero es buena idea?
Morfina significa “sueño” en griego, y esta se obtiene como un derivado del opio. La heroína fue introducida en 1898 como un resultado sintético del mismo, esperando retuviera los mismos milenarios beneficios de opio –la insensibilidad al dolor, por ejemplo, imprescindible para una operación quirúrgica- pero sin tener que pagar por su efecto adictivo. Ahora sabemos lo infundado de aquellas expectativas. Desde entonces se han buscado toda clase de sustancias ya sea como analgésicos o sedantes. Las típicas píldoras para dormir hicieron su debut en 1902 usando hidratos de cloro. Son inofensivas en dosis pequeñas, si bien no sólo pueden crear adicción, sino –ilustrando el parentesco entre Morfeo y Tanatos griegos, dioses del sueño y la muerte respectivamente- que también son usados comúnmente como vehículo de suicidio, ya que a dosis excesivas pueden resultar mortales. Las píldoras para dormir difícilmente deben ser aplicadas por más de diez días, y es útil tener presentes sus posibles efectos secundarios.
Pero con mucho, el campeón en lo que toca a sedantes, son los fermentos de jugos de frutas o de granos, así como la destilación para obtener licores más fuertes a los “naturales”. Usados por siglos en culturas como un útil sustituto a la falta de agua limpia, son ahora el refugio de desesperadas multitudes insomnes buscando el alcohol no sólo para socializar y relajarse una noche de viernes, sino para dormir. La cuestión de actuar así es no sólo los riesgos de salud implicados, sino incluso los económicos. De acuerdo a un estudio realizado por Meaean Daley, profesora de Psicología y Negocios en la Universidad de Quebec, los insomnes de esa provincia gastan 275 millones de dólares en alcohol en esta búsqueda de una noche de sueño reparador. La cifra es notable si se compara con los 14.7 millones gastados en medicamentos prescritos por doctores, o los 69.4 millones dirigidos a consultas médicas por insomnio. Al menos en lo que respecta a los habitantes de esa provincia, gastan casi el triple en el alcohol como una solución al insomnio, que tratando el padecimiento directamente, y parece difícil pensar que esto sea exclusivo de quienes hablan francés. Según lo explica la autora en el artículo publicado en la revista Sleep: “Aún los medicamentos para dormir de marcas regulares (por lo general más caras que sus variedades genéricas) son más baratas que tomar un trago o dos”.
Pero es peor, según Maher Karam-Hage, psiquiatra en desórdenes de la adicción en el Centro Anderson para el Cáncer de la Universidad de Texas en Houston, para la mayoría de las personas tomar una copa de vino junto a la cena no será malo para dormir, pero tres o cuatro puede provocar levantarse durante la noche, impidiendo el “sueño reparador” que hace a uno despertarse fresco por la mañana; la consecuencia es ese conocido efecto zombie de somnolencia durante el día, e insomnio por la noche.
Dormir y soñar
Tal vez este sea un buen momento para preguntarse ¿por qué dormimos, o por qué soñamos? Es justo decir que la ciencia moderna no tiene una respuesta completa sobre este tema. Consideremos el sueño REM (rapid eye movement), caracterizado por un movimiento rápido de los ojos durante el sueño, y descubierto por accidente por el psicólogo Eugene Aserinsky al usar un electroencefalógrafo en su hijo de 10 años mientras dormía. Es seguro que únicamente soñamos cuando ocurre el REM, que ocurre unas seis veces por noche de sueño, y que puede durar entre 10 minutos a una hora, pero no parece estar relacionado con la inteligencia de la especie. Los ornitorrincos, animales curiosos pero no especialmente brillantes, son los campeones del sueño REM: ¡Pasan hasta ocho horas diarias con sueños REM! Aproximadamente seis veces más que cualquier persona. Pero levante la mano la especie que haya conseguido el vuelo espacial… En todo caso el ornitorrinco no hace sino oscurecer la cuestión de los sueños.
Es bien conocida la idea de Freud viendo a los sueños como símbolos sexuales del subconsciente originados desde la infancia, disfrazados de tal manera que el superego no nos hiciera despertar en su escándalo, pero ya casi nadie toma en serio semejantes teorías (Freud afirmaba, sin embargo, que en un sueño un puro podía representar simplemente un puro). Una de las teorías más sugestivas es la del psicólogo Christopher Riche Evans y Edgar Arthur Newman, experto en computación. En 1993 ellos promovieron la idea del cerebro usando los sueños como la “bandeja de reciclaje” de Windows, donde se deshacía de la memoria de corto plazo junto a la información irrelevante del día anterior saturando el disco duro del cerebro, optimizando con ello la memoria a largo plazo, y manteniendo al software funcionando en orden. El proceso podía ocasionar la evocación de imágenes un tanto al azar, organizadas por el subconsciente de manera más o menos inteligible: los sueños. Como escribió el filósofo Martín Gardner comentando esta interesante teoría: “Durante una hora o dos, cada noche nos volvemos locos inofensivos”. Francis Crick, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN, y el matemático Graeme Mitchison, propusieron por su parte una idea muy similar.
Combatiendo el insomnio sin pastillas
Sea como fuere, uno de los tratamientos más sencillos recomendado para los desórdenes del sueño es sencillamente levantarse todos los días a una misma hora. Según lo explica Karam-Hage, aunque ser consistente en dormirse a una misma hora no es mala idea, nada es tan importante como buscar las pantuflas puntualmente todos los días, y no aplicar siestas de más de 10 minutos.
Todo tiene un costo, y en el caso del insomnio Daley calcula que este cuesta a Quebec unos cinco mil 400 millones de dólares (76 por ciento en pérdida de productividad), o aproximadamente el uno por ciento del Producto Interno Bruto de todo Canadá. ¿Cuáles serán las cifras para la sociedad tapatía? A este respecto vale la pena decir que somos todo oídos.
Destacados: Las píldoras para dormir difícilmente deben ser aplicadas por más de diez días, y es útil tener presentes sus posibles efectos secundarios.
Uno de los tratamientos más sencillos recomendado para los desórdenes del sueño es sencillamente levantarse todos los días a una misma hora y no aplicar siestas de más de 10 minutos.
Una de las teorías más sugestivas es la del psicólogo Christopher Riche Evans y Edgar Arthur Newman, experto en computación. En 1993 ellos promovieron la idea del cerebro usando los sueños como la “bandeja de reciclaje” de Windows, donde se deshacía de la memoria de corto plazo junto a la información irrelevante del día anterior saturando el disco duro del cerebro
Pero con mucho, el campeón en lo que toca a sedantes, son los fermentos de jugos de frutas o de granos, así como la destilación para obtener licores más fuertes a los “naturales”. Usados por siglos en culturas como un útil sustituto a la falta de agua limpia, son ahora el refugio de desesperadas multitudes insomnes buscando el alcohol no sólo para socializar y relajarse una noche de viernes, sino para dormir. La cuestión de actuar así es no sólo los riesgos de salud implicados, sino incluso los económicos. De acuerdo a un estudio realizado por Meaean Daley, profesora de Psicología y Negocios en la Universidad de Quebec, los insomnes de esa provincia gastan 275 millones de dólares en alcohol en esta búsqueda de una noche de sueño reparador. La cifra es notable si se compara con los 14.7 millones gastados en medicamentos prescritos por doctores, o los 69.4 millones dirigidos a consultas médicas por insomnio. Al menos en lo que respecta a los habitantes de esa provincia, gastan casi el triple en el alcohol como una solución al insomnio, que tratando el padecimiento directamente, y parece difícil pensar que esto sea exclusivo de quienes hablan francés. Según lo explica la autora en el artículo publicado en la revista Sleep: “Aún los medicamentos para dormir de marcas regulares (por lo general más caras que sus variedades genéricas) son más baratas que tomar un trago o dos”.
Pero es peor, según Maher Karam-Hage, psiquiatra en desórdenes de la adicción en el Centro Anderson para el Cáncer de la Universidad de Texas en Houston, para la mayoría de las personas tomar una copa de vino junto a la cena no será malo para dormir, pero tres o cuatro puede provocar levantarse durante la noche, impidiendo el “sueño reparador” que hace a uno despertarse fresco por la mañana; la consecuencia es ese conocido efecto zombie de somnolencia durante el día, e insomnio por la noche.
Dormir y soñar
Tal vez este sea un buen momento para preguntarse ¿por qué dormimos, o por qué soñamos? Es justo decir que la ciencia moderna no tiene una respuesta completa sobre este tema. Consideremos el sueño REM (rapid eye movement), caracterizado por un movimiento rápido de los ojos durante el sueño, y descubierto por accidente por el psicólogo Eugene Aserinsky al usar un electroencefalógrafo en su hijo de 10 años mientras dormía. Es seguro que únicamente soñamos cuando ocurre el REM, que ocurre unas seis veces por noche de sueño, y que puede durar entre 10 minutos a una hora, pero no parece estar relacionado con la inteligencia de la especie. Los ornitorrincos, animales curiosos pero no especialmente brillantes, son los campeones del sueño REM: ¡Pasan hasta ocho horas diarias con sueños REM! Aproximadamente seis veces más que cualquier persona. Pero levante la mano la especie que haya conseguido el vuelo espacial… En todo caso el ornitorrinco no hace sino oscurecer la cuestión de los sueños.
Es bien conocida la idea de Freud viendo a los sueños como símbolos sexuales del subconsciente originados desde la infancia, disfrazados de tal manera que el superego no nos hiciera despertar en su escándalo, pero ya casi nadie toma en serio semejantes teorías (Freud afirmaba, sin embargo, que en un sueño un puro podía representar simplemente un puro). Una de las teorías más sugestivas es la del psicólogo Christopher Riche Evans y Edgar Arthur Newman, experto en computación. En 1993 ellos promovieron la idea del cerebro usando los sueños como la “bandeja de reciclaje” de Windows, donde se deshacía de la memoria de corto plazo junto a la información irrelevante del día anterior saturando el disco duro del cerebro, optimizando con ello la memoria a largo plazo, y manteniendo al software funcionando en orden. El proceso podía ocasionar la evocación de imágenes un tanto al azar, organizadas por el subconsciente de manera más o menos inteligible: los sueños. Como escribió el filósofo Martín Gardner comentando esta interesante teoría: “Durante una hora o dos, cada noche nos volvemos locos inofensivos”. Francis Crick, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN, y el matemático Graeme Mitchison, propusieron por su parte una idea muy similar.
Combatiendo el insomnio sin pastillas
Sea como fuere, uno de los tratamientos más sencillos recomendado para los desórdenes del sueño es sencillamente levantarse todos los días a una misma hora. Según lo explica Karam-Hage, aunque ser consistente en dormirse a una misma hora no es mala idea, nada es tan importante como buscar las pantuflas puntualmente todos los días, y no aplicar siestas de más de 10 minutos.
Todo tiene un costo, y en el caso del insomnio Daley calcula que este cuesta a Quebec unos cinco mil 400 millones de dólares (76 por ciento en pérdida de productividad), o aproximadamente el uno por ciento del Producto Interno Bruto de todo Canadá. ¿Cuáles serán las cifras para la sociedad tapatía? A este respecto vale la pena decir que somos todo oídos.
Destacados: Las píldoras para dormir difícilmente deben ser aplicadas por más de diez días, y es útil tener presentes sus posibles efectos secundarios.
Uno de los tratamientos más sencillos recomendado para los desórdenes del sueño es sencillamente levantarse todos los días a una misma hora y no aplicar siestas de más de 10 minutos.
Una de las teorías más sugestivas es la del psicólogo Christopher Riche Evans y Edgar Arthur Newman, experto en computación. En 1993 ellos promovieron la idea del cerebro usando los sueños como la “bandeja de reciclaje” de Windows, donde se deshacía de la memoria de corto plazo junto a la información irrelevante del día anterior saturando el disco duro del cerebro