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Increíble odisea de un mexicano
Abraham Levy emprende un viaje por el litoral del país a bordo de un kayak
GUADALAJARA, JALISCO (09/NOV/2014).- Abraham Levy, es un admirable muchacho mexicano nacido en Colima hace 32 años, que se ha dedicado, con agudeza y sabiduría, a la inteligente misión de cumplir sus sueños.
Viene al caso la frase de John Lennon que dice: “La vida es aquello que pasó mientras estabamos haciendo planes”.
Uno de sus muchos sueños fue recorrer los 11 mil kilómetros del litoral mexicano remando en solitario en un pequeño kayak durante 13 meses; arribando a las playas en donde el mar y los acantilados se lo permitían.
Ahora mismo -cumpliendo otro de sus sueños- está intentando cruzar el Océano Atlántico ¡…a golpe de remo y en solitario…!
Salió del Puerto de Palos —como Colón— en el sur de España, el pasado día 23 de octubre para, después de recorrer 9 mil kilómetros durante unos larguísimos cinco meses de travesía, para llegar hasta las playas de Cancún en el Caribe mexicano.
Su pequeño bote, a quien el mismo bautizó como “Cascarita”, no tiene otra manera de impulsarse más que un par de remos y la fuerza de sus brazos. No, no está siendo seguido por embarcación alguna que lo vigile; no hay nadie quien lo auxilie en el trayecto. Solo existe un formidable equipo de médicos, comunicadores, meteorólogos, nutriólogos, psicólogos etc. con quien se mantiene en contacto, y lo asesora desde tierra con sofisticados equipos de comunicación
Como debe de beber por lo menos unos 10 litros de agua diario, constantemente tiene que estar desalinizando el agua del mar con un pequeño equipo de avanzada tecnología. Y al tener que consumir casi 7 mil calorías diariamente (gasolina para el motor) lleva en su bodega nada menos que 700 kilos de comida liofilizada (deshidratada) perfectamente estudiada y dosificada, que le servirá para alimentarse debidamente los 150 días que han sido estimados para la travesía. Un sofisticado sistema de paneles solares surte de energía eléctrica a las decenas de “chunches” electrónicos que lleva a bordo (GPS, teléfono satelital, radio VHF, Tracker, BLP baliza de emergencia y de localización permanente etc.). Todos los aparatos los lleva por pares: dos pares de remos, dos teléfonos, dos desalinizadoras etc. a excepción de un par de brazos y un cerebro fuerte, disciplinado y adiestrado para los que no hay repuesto.
Habremos de mencionar que en meses pasados, y solo como entrenamiento, hizo una travesía de 13 días y 600 kilómetros, desde Los Cabos hasta Puerto Vallarta; en donde se vio envuelto por la tormenta tropical “Sonia” que según dice fue una experiencia aterradora.
Su Bote de Remo Oceánico (BRO) es una Cascarita de tan solo 7 metros de eslora (largo) por 1.60 m de manga (ancho). Va sentado en un asiento deslizable sobre la cubierta, para que brazos, piernas y espalda puedan trabajar asiendo el par de largos remos de fibra de carbono. Atrás de él existe una pequeña cabina aislada, en donde puede comunicarse, intentar dormir o refugiarse —asegurado con un cinturón— en caso de tormenta fuerte. El BRO pudiera ser volteado completamente por una ola y recuperar en seguida su posición normal. Una orza (quilla) mantiene el rumbo, y un timón marca la dirección deseada. En la pequeña plataforma central existe un pequeño espacio que utiliza para usos múltiples, rehidratar —y posiblemente calentar— su comida con una pequeña estufa, descansar, hacer gimnasia etc.
Y aunque Cascarita sea todo un dechado de diseño y tecnología, lo más impresionante es la fuerza, el coraje, la disciplina y la voluntad de su admirable capitán y motor de la nave: Abraham Levy.
Un valiente mexicano que puede ser vivo ejemplo para las juventudes de nuestros días.
“…El mundo está en manos de los que tienen el coraje de soñar, y de correr el riesgo de vivir sus sueños…”
Viene al caso la frase de John Lennon que dice: “La vida es aquello que pasó mientras estabamos haciendo planes”.
Uno de sus muchos sueños fue recorrer los 11 mil kilómetros del litoral mexicano remando en solitario en un pequeño kayak durante 13 meses; arribando a las playas en donde el mar y los acantilados se lo permitían.
Ahora mismo -cumpliendo otro de sus sueños- está intentando cruzar el Océano Atlántico ¡…a golpe de remo y en solitario…!
Salió del Puerto de Palos —como Colón— en el sur de España, el pasado día 23 de octubre para, después de recorrer 9 mil kilómetros durante unos larguísimos cinco meses de travesía, para llegar hasta las playas de Cancún en el Caribe mexicano.
Su pequeño bote, a quien el mismo bautizó como “Cascarita”, no tiene otra manera de impulsarse más que un par de remos y la fuerza de sus brazos. No, no está siendo seguido por embarcación alguna que lo vigile; no hay nadie quien lo auxilie en el trayecto. Solo existe un formidable equipo de médicos, comunicadores, meteorólogos, nutriólogos, psicólogos etc. con quien se mantiene en contacto, y lo asesora desde tierra con sofisticados equipos de comunicación
Como debe de beber por lo menos unos 10 litros de agua diario, constantemente tiene que estar desalinizando el agua del mar con un pequeño equipo de avanzada tecnología. Y al tener que consumir casi 7 mil calorías diariamente (gasolina para el motor) lleva en su bodega nada menos que 700 kilos de comida liofilizada (deshidratada) perfectamente estudiada y dosificada, que le servirá para alimentarse debidamente los 150 días que han sido estimados para la travesía. Un sofisticado sistema de paneles solares surte de energía eléctrica a las decenas de “chunches” electrónicos que lleva a bordo (GPS, teléfono satelital, radio VHF, Tracker, BLP baliza de emergencia y de localización permanente etc.). Todos los aparatos los lleva por pares: dos pares de remos, dos teléfonos, dos desalinizadoras etc. a excepción de un par de brazos y un cerebro fuerte, disciplinado y adiestrado para los que no hay repuesto.
Habremos de mencionar que en meses pasados, y solo como entrenamiento, hizo una travesía de 13 días y 600 kilómetros, desde Los Cabos hasta Puerto Vallarta; en donde se vio envuelto por la tormenta tropical “Sonia” que según dice fue una experiencia aterradora.
Su Bote de Remo Oceánico (BRO) es una Cascarita de tan solo 7 metros de eslora (largo) por 1.60 m de manga (ancho). Va sentado en un asiento deslizable sobre la cubierta, para que brazos, piernas y espalda puedan trabajar asiendo el par de largos remos de fibra de carbono. Atrás de él existe una pequeña cabina aislada, en donde puede comunicarse, intentar dormir o refugiarse —asegurado con un cinturón— en caso de tormenta fuerte. El BRO pudiera ser volteado completamente por una ola y recuperar en seguida su posición normal. Una orza (quilla) mantiene el rumbo, y un timón marca la dirección deseada. En la pequeña plataforma central existe un pequeño espacio que utiliza para usos múltiples, rehidratar —y posiblemente calentar— su comida con una pequeña estufa, descansar, hacer gimnasia etc.
Y aunque Cascarita sea todo un dechado de diseño y tecnología, lo más impresionante es la fuerza, el coraje, la disciplina y la voluntad de su admirable capitán y motor de la nave: Abraham Levy.
Un valiente mexicano que puede ser vivo ejemplo para las juventudes de nuestros días.
“…El mundo está en manos de los que tienen el coraje de soñar, y de correr el riesgo de vivir sus sueños…”