Suplementos
Humboldt: un valiente y sabio expedicionario
El padre de la geografía moderna y universal fue un incansable curioso
GUADALAJARA, JALISCO (11/ENE/2015).- La temperatura alcanzaba los 50º C. Mi sombrero lo tenía que rellenar de hojas para aliviar el sofoco. Bebíamos el agua lodosa del río y teníamos que comer semillas de cacao crudas al acabarse las provisiones. Ahí fue que conocí el peor tormento de la selva amazónica: el suplicio constante del jején… que no era nada en comparación a los zancudos con su afilada trompa que traspasaban la ropa gruesa y hasta la lona de las hamacas: el dolor y la infección duraban por semanas” garrapateaba en la bitácora durante su incursión por el Orinoco en Venezuela, tratando de llegar hasta sus fuentes.
Habiendo nacido Alexander Von Humboldt en un entorno elegante y aristocrático, negó los planes que sus padres le habían preparado, para que fuera un serio y formal administrador de negocios, funcionario administrativo o contador. Sin embargo su mente estaba en los mares, ríos, selvas y montañas del mundo: consideraba que había mucho más que aprender de ellos, que de una elegante oficina, con un pulido escritorio y los papeles ahí apilados.
Aprovechando este ejemplo… creo que es bueno evitar a nuestros hijos los consejos direccionales nuestros sobre sus vocaciones e intereses. Dejémosles seguir sus instintos y vivir sus sueños aunque —les y nos— cueste. Es mejor decirles… ¡Piensa, sueña, cree y atrévete! Porque corregir el rumbo y dedicarse a lo que siempre se ha querido —dicha poco común— cuesta mucho dolor, tiempo y esfuerzo. Me consta.
A los 20 años, Alex salió de su natal Berlín para viajar por Inglaterra, Holanda y Francia, en donde se encontró con la revolución y todas sus causas y consecuencias; quedando sumamente impresionado con los contrastes de lujos, injusticias y pobrezas. Esto fue lo que lo convenció de su vocación por descubrir, admirar y estudiar otros mundos
Fue a los 27 años cuando, al fallecer su madre y recibir una suculenta fortuna, logró tanto su libertad como los fondos suficientes para realizar sus sueños que tanto le inquietaban. Su posición social y económica, aunada a las relaciones con los intelectuales de la época (Gay Lussac, Goethe, Shiller o Laplace por ejemplo) fueron sabiamente cultivadas por él para situarse en el ambiente intelectual que deseaba.
Acompañado por Aimé Bonpland —de su misma edad e intereses— inició una serie de viajes que lo colocaron “en la punta” de las investigaciones hasta entonces conocidas
En su diario, emocionado narra su llegada a Venezuela… “¡Que magnífica vegetación! ¡Que brillantes las plumas de los pájaros y el color de los peces! ¡Hasta los cangrejos son azules y dorados! No hemos hecho otra cosa que correr de un lado para otro como locos. Durante los primeros días hemos sido incapaces de hacer nada de provecho debido al entusiasmo con el que abandonamos una cosa para dedicarnos a la otra. Bonpland dice que se volverá loco si no acaban pronto todas esas maravillas…”.
Tanto él como el biólogo Aimé Bonpland —ambos de escasos 30 años— estaban azorados con las maravillas que tenían por descubrir en la exuberante naturaleza a donde el destino los había llevado, habiendo desviado su barco hasta estas sorprendentes tierras del “Nuevo Mundo”.
Remontaron por el Río Orinoco —a contra corriente— en una pequeña curiara (canoa local) para encontrar sus fuentes, descubriendo ahí su conexión con el Amazonas a través del río Casiquiare. Más tarde hicieron algo semejante en Colombia, navegando por el Río Magdalena desde Cartagena hasta Bogotá. Igualmente hicieron atrevidas excursiones por las alturas de los Andes, escalando enormes volcanes como el Chimborazo y el Cotopaxi. Además, en el Perú descubrieron las diferencias de temperatura del Océano Pacífico, que son las que provocan la corriente —bautizada con su nombre— que acarrea las aguas frías de la Antártida hasta el Ecuador, regulando la temperatura del planeta.
Su incursión por México fue más que impresionante; ya que los mapas que lograron hacer de la entonces Nueva España, fueron tan precisos que —al mostrarlos ingenuamente a los vecinos del Norte— fueron utilizados por ellos para la invasión y segmentación de nuestro territorio nacional.
Incontables pues, fueron las aportaciones que Alex Von Humboldt hizo a las ciencias y a la humanidad; tanto por la recolección y catalogación de plantas y animales desconocidos, como por las anotaciones geológicas y geográficas, a las que dedicó el resto de su larga vida científica.
En 1859, a los 90 años moría en Berlín el gran Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt: bien llamado “Padre de la Geografía Moderna Universal”.
vya@informador.com.mx
Habiendo nacido Alexander Von Humboldt en un entorno elegante y aristocrático, negó los planes que sus padres le habían preparado, para que fuera un serio y formal administrador de negocios, funcionario administrativo o contador. Sin embargo su mente estaba en los mares, ríos, selvas y montañas del mundo: consideraba que había mucho más que aprender de ellos, que de una elegante oficina, con un pulido escritorio y los papeles ahí apilados.
Aprovechando este ejemplo… creo que es bueno evitar a nuestros hijos los consejos direccionales nuestros sobre sus vocaciones e intereses. Dejémosles seguir sus instintos y vivir sus sueños aunque —les y nos— cueste. Es mejor decirles… ¡Piensa, sueña, cree y atrévete! Porque corregir el rumbo y dedicarse a lo que siempre se ha querido —dicha poco común— cuesta mucho dolor, tiempo y esfuerzo. Me consta.
A los 20 años, Alex salió de su natal Berlín para viajar por Inglaterra, Holanda y Francia, en donde se encontró con la revolución y todas sus causas y consecuencias; quedando sumamente impresionado con los contrastes de lujos, injusticias y pobrezas. Esto fue lo que lo convenció de su vocación por descubrir, admirar y estudiar otros mundos
Fue a los 27 años cuando, al fallecer su madre y recibir una suculenta fortuna, logró tanto su libertad como los fondos suficientes para realizar sus sueños que tanto le inquietaban. Su posición social y económica, aunada a las relaciones con los intelectuales de la época (Gay Lussac, Goethe, Shiller o Laplace por ejemplo) fueron sabiamente cultivadas por él para situarse en el ambiente intelectual que deseaba.
Acompañado por Aimé Bonpland —de su misma edad e intereses— inició una serie de viajes que lo colocaron “en la punta” de las investigaciones hasta entonces conocidas
En su diario, emocionado narra su llegada a Venezuela… “¡Que magnífica vegetación! ¡Que brillantes las plumas de los pájaros y el color de los peces! ¡Hasta los cangrejos son azules y dorados! No hemos hecho otra cosa que correr de un lado para otro como locos. Durante los primeros días hemos sido incapaces de hacer nada de provecho debido al entusiasmo con el que abandonamos una cosa para dedicarnos a la otra. Bonpland dice que se volverá loco si no acaban pronto todas esas maravillas…”.
Tanto él como el biólogo Aimé Bonpland —ambos de escasos 30 años— estaban azorados con las maravillas que tenían por descubrir en la exuberante naturaleza a donde el destino los había llevado, habiendo desviado su barco hasta estas sorprendentes tierras del “Nuevo Mundo”.
Remontaron por el Río Orinoco —a contra corriente— en una pequeña curiara (canoa local) para encontrar sus fuentes, descubriendo ahí su conexión con el Amazonas a través del río Casiquiare. Más tarde hicieron algo semejante en Colombia, navegando por el Río Magdalena desde Cartagena hasta Bogotá. Igualmente hicieron atrevidas excursiones por las alturas de los Andes, escalando enormes volcanes como el Chimborazo y el Cotopaxi. Además, en el Perú descubrieron las diferencias de temperatura del Océano Pacífico, que son las que provocan la corriente —bautizada con su nombre— que acarrea las aguas frías de la Antártida hasta el Ecuador, regulando la temperatura del planeta.
Su incursión por México fue más que impresionante; ya que los mapas que lograron hacer de la entonces Nueva España, fueron tan precisos que —al mostrarlos ingenuamente a los vecinos del Norte— fueron utilizados por ellos para la invasión y segmentación de nuestro territorio nacional.
Incontables pues, fueron las aportaciones que Alex Von Humboldt hizo a las ciencias y a la humanidad; tanto por la recolección y catalogación de plantas y animales desconocidos, como por las anotaciones geológicas y geográficas, a las que dedicó el resto de su larga vida científica.
En 1859, a los 90 años moría en Berlín el gran Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt: bien llamado “Padre de la Geografía Moderna Universal”.
vya@informador.com.mx