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Hostería del Ángel, 20 años de una amante inesperada

Ángel Cervantes es un enamorado de la cocina, en la que tiene décadas de experiencia

GUADALAJARA, JALISCO (20/AGO/2014).- Enamorado de la cocina igual que del teatro, el periodismo y la literatura, Ángel Cervantes celebra 20 años de lo que él considera su relax, su pasión, su vida, su amante: la Hostería del Ángel.

Su vida está dentro de Hostería del Ángel y lo supo desde aquel 11 de junio de 1994, fecha en que abrió por primera vez su recinto gastronómico, y a la par nació su primer hijo. Este hecho Ángel lo ve como una analogía que no reza más que “así tenía que pasar. Es una historia escrita, planeado no sale. Ése día supe que este era mi camino, que aquí es donde quería estar”.

Y se nota a leguas que Ángel encuentra en su hostería un segundo hogar, donde vive desde temprana hora del día y termina cuando sus comensales, su segunda familia, han terminado de degustar los platillos que con el alma se preparan y con el paladar se disfrutan. Rincones que para este amante inoportuno de la cocina son su más preciado tesoro: su cava, la cocina y la barra de la hostería.

ASÍ NACIÓ LA HOSTERÍA
Un rincón apetecible

Hostería del Ángel festeja 20 años de tradición en Zapopan, y es un referente de propuesta gastronómica de la ciudad. Este sitio nació de la idea de aplicar los conocimientos en preparación de carnes de su propietario, Ángel; mismos que adquirió luego de haber viajado por España y Estados Unidos, donde aprendió el oficio de la maduración de la carne, se certificó en el manejo de las bacterias y regresó a su tierra para concebir lo que ahora él define como su vida, su casa.

La Hostería del Ángel nació con la intención de darle un giro cien por ciento de la cocina española: ésa es su esencia, pero para aprovechar las 24 horas del día, señala Ángel Cervantes, decidió incorporar desayunos mexicanos, como huevos, chilaquiles y demás, mismos que empezaron a tomar especial fuerza, a tal grado que hoy los desayunos son igual de exitosos que su cena.

Asimismo, Hostería del Ángel ofrece por las tardes comidas con menús ejecutivos. Ya por la noche las tapas y tortillas españolas maridadas con una amplia selección de vinos de mesa son el común denominador.

“La Hostería nació con baguettes, rotolatas, tapas y tortilla española”, explica Ángel, y añade que los desayunos y comidas fueron obra posterior del lugar. “En la noche es el tapeo, los vinos tintos, las rotolatas, el jamón serrano, los pimientos rellenos, en fin”.

Actualmente, el menú en las tres comidas supera los 60 platillos y una de las peculiaridades del lugar es la atención personal de su propietario, quien los viernes, confiesa, le encanta ponerse a cocinar y de vez en vez sale una mezcla nueva de ingredientes que cautiva. Los domingos hay lechón y la ya tradicional paella al más puro estilo de Ángel Cervantes.

La bebida es también una parte fundamental, pues Ángel es promotor del vino. Hoy cuenta con alrededor de 100 etiquetas provenientes de España, Portugal, Francia e Italia; así como americanos: chilenos, argentinos, uruguayos, mexicanos y de California, Estados Unidos. Hay también bebidas suaves, licores y los clásicos refrescos, a lo que Ángel dice: “si yo pudiera eliminaba los refrescos, para comer no necesitas refresco”.

Hostería del Ángel es un sitio que inspira a la familia, y ese toque se respira desde que el mismo propietario lo ve en este sentido.

“Esto es un trabajo de más de 20 años, a mí nadie me dio nada; me parto porque una vez que mis clientes cruzan la puerta, se convierten en mi familia; esto (su restaurante) es mi casa, y en mi casa nadie les va a hacer daño ni a robar (...) yo aquí me muero”, concluye Ángel Cervantes.

LA ENTREVISTA
No soy chef, soy cocinero

— ¿Qué papel juega la cocina en su vida?


— Juega el papel de proveedor, de amante fiel, de inspiración, de relax.

— ¿Cuáles son los olores que más recuerda de la cocina de su mamá?

— Hay un olor muy peculiar que no es muy agradable. Cuando estábamos chicos, en mi casa no había estufa de gas, era una estufa de petróleo, entonces prendían la mecha de esa estufa y el olor a petróleo quemado, ese olor es muy peculiar y todavía hay lugares donde alcanzo a percibirlo, me remonta de inmediato a la infancia.

Otro olor de cocina es el de la casa donde vivíamos: ésta tenía paredes de adobe y techo de teja y piso de jarro; entonces llovía, y nos íbamos a hacer tacos de frijoles. Por ello, el olor a tierra mojada con tacos de frijoles no se me olvida.

Otro de los recuerdos fantásticos de mi infancia es el proceso del mole, todos esos olores que salían cuando mi madre hacía mole.

— ¿Cualquiera puede cocinar?

Sí. ¿Cualquiera hace el amor, no? Entonces, cualquiera puede cocinar.

—¿Te consideras un chef o un cocinero? ¿Cuál sería la diferencia?

—No, no soy chef; soy cocinero. La principal diferencia es que uno fue a la escuela, el otro no. Aunque eso no define que uno sea mejor que otro; son los años y el talento.

—¿Con que no puede competir un profesional de la cocina?

—Con las mentiras. Todos los mentirosos caen y en Guadalajara hay muchos. La mentira sale cuando menos te lo esperas. Por ejemplo, yo vendo baguettes y vendo pozole, y es lo que tengo; hay que ser honestos. La cocina es para gente auténtica y verdadera.

—¿Cuál es la virtud más importante en un profesional de la cocina?

—La honestidad. Tener honestidad con la albahaca, con el orégano. Manejarlos y mezclarlos de tal forma que al final se pueda hacer un poema.

—¿Y el peor defecto?

—La soberbia, la mentira. Y creo que no sólo en la cocina, en la vida misma.

—¿Qué te satisface en el día a día de tu trabajo?

—Que me den las gracias. Cuando te dan las gracias por lo que hiciste, es una maravilla.

—¿Qué es lo más importante en un plato?

—La mezcla, la combinación, la sazón, el punto. Ni más ni menos, ni de sal, ni de cantidad.

—¿Y has creado algún nuevo plato?

—Nuevo no, nada más ajustas lo existente, lo que hay. Por ejemplo, la ‘rotolata’ nada más yo la vendo, pero es un producto que nació de la adecuación de los ingredientes que ya existen.

—¿Qué plato es el que más te gusta preparar?

—Todos, ahí si no tengo una elección. Todos los domingos me encanta hacer mi paella y lechón al horno. Me fascina hacerlo, pero también me encanta hacer los frijoles puercos, la salsa borracha... Me encanta todo, no podría decirte algo en especial.

—Con tantas propuestas fusión, ¿cómo crees que ha cambiado esta profesión en los últimos años?

—Pues ve, ciento y tantos restaurantes abiertos en Terranova en tres años. La cocina cambia de acuerdo a lo que la gente quiere, porque si tú no quieres probar algo… Fácil, no lo compras y se acabó. De hecho, después de la I latina no recuerdo otro restaurante que haya sobrevivido más de tres años; así que cuando un restaurante viva 15 años o más, entonces puedes decir que está estableciendo un tipo de cocina.

—¿Cuántos tipos de cocina hay?

—Pues aquí, en esta calle, en cada casa hay uno; mi mamá cocina los frijoles diferentes a los de la señora de junto. En todas partes hay un tipo de cocina.

—¿Qué les aconsejas a los jóvenes que ven al oficio de chef como un proyecto de vida?

—Nada más que lo amen. Que le metan pasión, respeto y humildad. Que sean humildes con lo que hacen, que no anden fanfarroneando. Las nuevas generaciones deben tener un chip que le vaya para acomodar lo que ya está acomodado, otra forma.

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