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Historias desde la banqueta
El bolero Juan Pérez muestra una larga sonrisa de dientes sucios y se reprime en lo más hondo para no abrazar al espíritu de Lázaro Cárdenas, quien no deja de pensar en lo que sigue
Por: Alejandro Silva
Donde se gesta el nacimiento de un movimiento social mientras el bolero le lustra los zapatos al general Cárdenas e invitados.
“Estimular al que cumple con su deber prestigia más que considerarse como únicos capaces de gobernar.”
- Usted logró en una semana lo que en décadas a nadie en el poder o fuera de él se le habría ocurrido.
- Es cierto, don Lázaro... ¿Le puedo decir don Lázaro, don Cárdenas?
- Una cooperativa de limpiaparabrisas... como en aquellos tiempos posrevolucionarios, y mire que esa solución de los poemas...
- Y lo de los cuidacoches don... don... ejem, le quedó muy bien.
- Y es que a veces a quienes están en el poder se les olvida que son también ciudadanos y que deben recurrir a la creatividad para resolver problemas nacionales, pero están tan imbuidos en sus normas institucionales que se les olvida que el pueblo es quien crea esas instituciones.
- Eso es neta, profe, y aquí mi general dice que no se raja y que le sigue hasta donde sea, pus pa’ eso es acá el chido de la patria –remata el bolero Juan Pérez, sonriendo y limpiando alternativamente los zapatos sucios del profesor universitario Juan P. Pérez, del reportero Juan N. N. Pérez y del espíritu del general Lázaro Cárdenas, sentados en el puesto del bolero, en una plaza del Centro Histórico, y luego de las necesarias presentaciones y de que aquéllos se documentaron sobre lo que estaba haciendo Lázaro, devuelto en espíritu al país luego de décadas de ausencia. El reportero, experto en entrevistar a toda clase de personajes, no sabe bien cómo dirigirse al espíritu de un héroe de la patria.
- Ejem, y... señor... ¿qué es exactamente lo que usted piensa lograr? –dice, con un cigarrillo en la comisura de los labios y sosteniendo una grabadora en miniatura que apunta su diminuto foco rojo parpadeando hacia el espíritu de Lázaro Cárdenas.
- Estamos haciendo de neta el sueño de un país más chicho –responde el bolero entusiasmado e inmediatamente petrificado ante la mirada seria del General.
- Disculpe jefe Cárdenas; mejor dígaselos usté.
Reportero, bolero, profesor y grabadora escuchan atentamente a Lázaro: un proyecto de vida para una nación en desarrollo. El combate a problemas endémicos que desde dentro le impiden vivir al mexicano en una nación sin ambigüedades e injusticias.
- Endémico... –dice el profesor después de un breve silencio- ...Esa es la palabra clave: ya se ha dicho que el mexicano es el primer enemigo del mexicano.
- Lobo contra lobo –complementa el reportero.
- ...Y que la corrupción, el conformismo, la impuntualidad, el para-qué-me-quejo-si-nada-va-a-resolverse –sigue el profesor-, son realmente el fondo de los problemas en este país.
- Psí, ps cómo ñó, si acá el mexicano se queja bien cañón de toda la bola de corructos del poder pero al mismo tiempo, como ya me lo dijo usté jefe Cárdenas, le da uno su feria al támaro en lugar de seguir las leyes de vialidá, y luego se roba la luz, o compra piratería... como que somos nosotros, pues, como dice usté profe, los del problema... -el bolero, cambiando intermitentemente de posición para limpiar al mismo tiempo los tres pares de zapatos.
- A mí en lo personal -dice el reportero arrojando el cabo de su cigarrillo y encendiendo otro faro sin filtro, hablando directo a la grabadora- me pareció una solución muy colorida eso de dotar a los limpiaparabrisas de poemas y declamarlos para ser más simpáticos a los ojos de los automovilistas, pero ¿cuánto va a durar la innovación? –alarga la grabadora hacia el general Cárdenas, pero enseguida la cambia de dirección cuando habla el profesor:
- Y lo de los cuidacoches cuidando de un terreno del ayuntamiento y desbrozándolo para convertirlo en estacionamiento como negocio comunal; al parecer agarró usted de buenas al alcalde, pero ¿y los inspectores? A ellos les vale lo que diga el alcalde y hacen sus corruptelas como usted ya nos contó que sucedió...
El general Cárdenas reflexiona. ¿Cómo seguir el trabajo desde otros frentes?
- Se me ocurre una cuestión, General –continúa el profesor acomodándose los lentes- Usted inició este trabajo que se ha impuesto ayudando a quienes menos tienen; prescindió de las necesidades de empleo formal que políticos ponen en primera línea y recurrió a una idea creativa, pero como dice el rompeteclas aquí presente –el reportero sonríe-, eso no puede durar mucho: los sindicatos, las cooperativas en este país funcionan sólo en honrosas excepciones, y como usted lo dijo hace un rato, si no hay un compromiso con una idea, la solidaridad grupal no funcionará. Considero prudente y deseable recurrir a la creatividad en problemas relativamente, sencillos; ahora, ¿cómo atacar los problemas culturales de México para que los problemas comunes, urbanos, económicos, sociales, se solucionen? Se requiere la creación de un nuevo modo de pensar, bien social, bien civil: un nuevo movimiento.
- Eso –exclama emocionado el bolero que ya casi termina de limpiar los zapatos- pero sin cosas politiqueras, que ya nos quieren atorar en un partido político –aclara.
- No, no: nada de eso; debemos como sociedad prescindir de la iniciativa política que nunca llega. La universidad en la que yo trabajo gustosamente me puede prestar un salón de usos múltiples. Traigamos a los cuidacoches y los limpiaparabrisas para ver su ejemplo de soluciones; cooperemos para ampliar la escuela ambulante que se formó para sus hijos; tengo muchos alumnos propositivos: vamos ahora con los cuadros jóvenes de este país, los estudiantes que en otras épocas han mostrado su capacidad de cambiar el orden establecido de forma civil y creativa; pero no sólo estudiantes,
- Yo tengo contacto con muchos voceadores que se instalan afuera del periódico donde trabajo; allí mismo hay posibilidades de hablar con herreros, plomeros, carpinteros, profesionistas; gente de a pie que tiene una actitud de cambio –interrumpe el rompeteclas moviendo alternativamente su grabadora hacia todos lados.
- Exacto –finaliza el profesor.
- Simón, esa es l’onda; traigamos más gente: l’unión hace la fuerza –dice el bolero poniéndose de pie y señalando los tres pares de zapatos del General, el profesor y el reportero– ...Ora sí que rechinando de limpios.
Los cuatro ríen. El reportero guarda su grabadora en una de las múltiples bolsas de su chaleco y apaga el cigarrillo tumbando con los dedos la braza para guardar la colilla aún fumable en otra de sus bolsas. El profesor se acomoda nuevamente los lentes que insisten en resbalar hasta la punta de su nariz. El general Cárdenas sonríe: piensa que debe dejarse guiar por el pensamiento de autogestión ya instalado en el espíritu de algunas gentes de prestigio que muestran sus buenas intenciones para dar la lucha por este país que tanto ama.
Los tres se dan un fuerte apretón de manos. El profesor se retira luego de fijar al día siguiente como cita en la Universidad, y el reportero se excusa diciendo que debe acudir al periódico a redactar una nota al respecto.
El bolero Juan Pérez muestra una larga sonrisa de dientes sucios y se reprime en lo más hondo para no abrazar al espíritu de Lázaro Cárdenas, quien no deja de pensar en lo que sigue.
Próxima entrega:
4 de octubre, Tapatío No. 51
torvoabismo@hotmail.com
Donde se gesta el nacimiento de un movimiento social mientras el bolero le lustra los zapatos al general Cárdenas e invitados.
“Estimular al que cumple con su deber prestigia más que considerarse como únicos capaces de gobernar.”
- Usted logró en una semana lo que en décadas a nadie en el poder o fuera de él se le habría ocurrido.
- Es cierto, don Lázaro... ¿Le puedo decir don Lázaro, don Cárdenas?
- Una cooperativa de limpiaparabrisas... como en aquellos tiempos posrevolucionarios, y mire que esa solución de los poemas...
- Y lo de los cuidacoches don... don... ejem, le quedó muy bien.
- Y es que a veces a quienes están en el poder se les olvida que son también ciudadanos y que deben recurrir a la creatividad para resolver problemas nacionales, pero están tan imbuidos en sus normas institucionales que se les olvida que el pueblo es quien crea esas instituciones.
- Eso es neta, profe, y aquí mi general dice que no se raja y que le sigue hasta donde sea, pus pa’ eso es acá el chido de la patria –remata el bolero Juan Pérez, sonriendo y limpiando alternativamente los zapatos sucios del profesor universitario Juan P. Pérez, del reportero Juan N. N. Pérez y del espíritu del general Lázaro Cárdenas, sentados en el puesto del bolero, en una plaza del Centro Histórico, y luego de las necesarias presentaciones y de que aquéllos se documentaron sobre lo que estaba haciendo Lázaro, devuelto en espíritu al país luego de décadas de ausencia. El reportero, experto en entrevistar a toda clase de personajes, no sabe bien cómo dirigirse al espíritu de un héroe de la patria.
- Ejem, y... señor... ¿qué es exactamente lo que usted piensa lograr? –dice, con un cigarrillo en la comisura de los labios y sosteniendo una grabadora en miniatura que apunta su diminuto foco rojo parpadeando hacia el espíritu de Lázaro Cárdenas.
- Estamos haciendo de neta el sueño de un país más chicho –responde el bolero entusiasmado e inmediatamente petrificado ante la mirada seria del General.
- Disculpe jefe Cárdenas; mejor dígaselos usté.
Reportero, bolero, profesor y grabadora escuchan atentamente a Lázaro: un proyecto de vida para una nación en desarrollo. El combate a problemas endémicos que desde dentro le impiden vivir al mexicano en una nación sin ambigüedades e injusticias.
- Endémico... –dice el profesor después de un breve silencio- ...Esa es la palabra clave: ya se ha dicho que el mexicano es el primer enemigo del mexicano.
- Lobo contra lobo –complementa el reportero.
- ...Y que la corrupción, el conformismo, la impuntualidad, el para-qué-me-quejo-si-nada-va-a-resolverse –sigue el profesor-, son realmente el fondo de los problemas en este país.
- Psí, ps cómo ñó, si acá el mexicano se queja bien cañón de toda la bola de corructos del poder pero al mismo tiempo, como ya me lo dijo usté jefe Cárdenas, le da uno su feria al támaro en lugar de seguir las leyes de vialidá, y luego se roba la luz, o compra piratería... como que somos nosotros, pues, como dice usté profe, los del problema... -el bolero, cambiando intermitentemente de posición para limpiar al mismo tiempo los tres pares de zapatos.
- A mí en lo personal -dice el reportero arrojando el cabo de su cigarrillo y encendiendo otro faro sin filtro, hablando directo a la grabadora- me pareció una solución muy colorida eso de dotar a los limpiaparabrisas de poemas y declamarlos para ser más simpáticos a los ojos de los automovilistas, pero ¿cuánto va a durar la innovación? –alarga la grabadora hacia el general Cárdenas, pero enseguida la cambia de dirección cuando habla el profesor:
- Y lo de los cuidacoches cuidando de un terreno del ayuntamiento y desbrozándolo para convertirlo en estacionamiento como negocio comunal; al parecer agarró usted de buenas al alcalde, pero ¿y los inspectores? A ellos les vale lo que diga el alcalde y hacen sus corruptelas como usted ya nos contó que sucedió...
El general Cárdenas reflexiona. ¿Cómo seguir el trabajo desde otros frentes?
- Se me ocurre una cuestión, General –continúa el profesor acomodándose los lentes- Usted inició este trabajo que se ha impuesto ayudando a quienes menos tienen; prescindió de las necesidades de empleo formal que políticos ponen en primera línea y recurrió a una idea creativa, pero como dice el rompeteclas aquí presente –el reportero sonríe-, eso no puede durar mucho: los sindicatos, las cooperativas en este país funcionan sólo en honrosas excepciones, y como usted lo dijo hace un rato, si no hay un compromiso con una idea, la solidaridad grupal no funcionará. Considero prudente y deseable recurrir a la creatividad en problemas relativamente, sencillos; ahora, ¿cómo atacar los problemas culturales de México para que los problemas comunes, urbanos, económicos, sociales, se solucionen? Se requiere la creación de un nuevo modo de pensar, bien social, bien civil: un nuevo movimiento.
- Eso –exclama emocionado el bolero que ya casi termina de limpiar los zapatos- pero sin cosas politiqueras, que ya nos quieren atorar en un partido político –aclara.
- No, no: nada de eso; debemos como sociedad prescindir de la iniciativa política que nunca llega. La universidad en la que yo trabajo gustosamente me puede prestar un salón de usos múltiples. Traigamos a los cuidacoches y los limpiaparabrisas para ver su ejemplo de soluciones; cooperemos para ampliar la escuela ambulante que se formó para sus hijos; tengo muchos alumnos propositivos: vamos ahora con los cuadros jóvenes de este país, los estudiantes que en otras épocas han mostrado su capacidad de cambiar el orden establecido de forma civil y creativa; pero no sólo estudiantes,
- Yo tengo contacto con muchos voceadores que se instalan afuera del periódico donde trabajo; allí mismo hay posibilidades de hablar con herreros, plomeros, carpinteros, profesionistas; gente de a pie que tiene una actitud de cambio –interrumpe el rompeteclas moviendo alternativamente su grabadora hacia todos lados.
- Exacto –finaliza el profesor.
- Simón, esa es l’onda; traigamos más gente: l’unión hace la fuerza –dice el bolero poniéndose de pie y señalando los tres pares de zapatos del General, el profesor y el reportero– ...Ora sí que rechinando de limpios.
Los cuatro ríen. El reportero guarda su grabadora en una de las múltiples bolsas de su chaleco y apaga el cigarrillo tumbando con los dedos la braza para guardar la colilla aún fumable en otra de sus bolsas. El profesor se acomoda nuevamente los lentes que insisten en resbalar hasta la punta de su nariz. El general Cárdenas sonríe: piensa que debe dejarse guiar por el pensamiento de autogestión ya instalado en el espíritu de algunas gentes de prestigio que muestran sus buenas intenciones para dar la lucha por este país que tanto ama.
Los tres se dan un fuerte apretón de manos. El profesor se retira luego de fijar al día siguiente como cita en la Universidad, y el reportero se excusa diciendo que debe acudir al periódico a redactar una nota al respecto.
El bolero Juan Pérez muestra una larga sonrisa de dientes sucios y se reprime en lo más hondo para no abrazar al espíritu de Lázaro Cárdenas, quien no deja de pensar en lo que sigue.
Próxima entrega:
4 de octubre, Tapatío No. 51
torvoabismo@hotmail.com