Suplementos
Historia a cada paso
Si el exterior del Castillo de Chapultepec es maravilloso, su interior guarda auténticos tesoros y testimonios de la nación, desde su época prehispánica hasta la actualidad
GUADALAJARA, JALISCO (11/OCT/2015).- Como en muchos otros recintos del mismo tipo en el mundo, el Castillo de Chapultepec resguarda en su interior cañones que ya no disparan su artillería desde hace cientos de años , uniformes usados (algunos cubiertos de gloria, otros de tragedia), banderas gastadas y retratos de próceres —y traidores— por igual. Lo fascinante es lo que cuentan estos objetos, reliquias y tesoros que un país en eterna construcción, que pasó de colonia a imperio en un suspiro, que se desgarró en guerras civiles y se llenó de angustia ante invasiones extranjeras. Es lo anterior lo que hace que a este magno castillo se le venga conociendo desde hace décadas por su otro nombre: El Museo Nacional de Historia.
El horizonte de la Ciudad de México ofrece mil tentaciones y rincones por descubrir. Y es curioso que en la Avenida de la Reforma, zona poblada por rascacielos que luchan por imponerse y tocar el cielo, uno de los elementos que más brillen sea un antiguo castillo, cuyas paredes han visto el ir y venir de emperadores, presidentes y dictadores.
Llegar a las faldas del Castillo de Chapultepec es fácil. Se atraviesa el bosque e incluso se puede regodear la vista en el magnífico Monumento a la Patria (que honra a los caídos en la guerra contra Estados Unidos en el Siglo XIX) antes de comenzar el ascenso. Porque sí, vaya que vas a tener que subir para disfrutar del recinto.
Si tienes una buena condición, va a ser una delicia ascender por el “Cerro del Chapulín”, dueño de unas de las zonas verdes más excepcionales de la capital. Su camino adoquinado te envolverá en un ambiente de parsimonia y tranquilidad absoluta. Pero si sientes que el cansancio de subir y subir te vence, puedes pagar 13 pesos y un trenecito te lleva a las puertas del castillo. Y vaya puertas. Y sus muros. Y los jardines. Y las fuentes. Es color, es historia, son tesoros mudos dispuestos a deslumbrar a quien busque apreciarlos. Pero si el exterior te hace sentir parte de un sueño, espera a que conozcas el interior.
Fragmentos de gloria y tragedia
La parte inferior del castillo es un recorrido por la historia del Imperio Mexica, de la Nueva España, del Imperio Mexicano, de la República, del Segundo Imperio y el país que somos hoy. Cada rincón, esquina, pasillo y salón merece que lo disfrutes con toda tranquilidad si vas en solitario o en grupo.
Ya que estés adentro, puedes optar por entrar o salir de las distintas salas que te ofrece el museo para explorar. Hay algunas exposiciones temporales y una tienda, pero lo más recomendable es tomar el recorrido histórico, esto es, con artículos y obras que provienen desde la antigua Tenochtitlán, hasta el México revolucionario.
Intentar trasladar la avalancha de obras de arte que encontrarás en el museo a palabras es una injusticia. Basta decir que la complejidad histórica de nuestro país, con sus momentos más brillantes y oscuros, héroes y villanos incluidos, han sido recopiladas.
Lo mismo están allí los uniformes de José María Morelos y artículos personales de Miguel, que una sala completa con los retratos de todos y cada uno de los virreyes que gobernaron la colonia (una muestra artística que no existe ni siquiera en el país de origen de los virreyes, España).
Colores monumentales
El trabajo de Juan O’Gorman, David Alfaro Siqueiros, Jorge González Camarena y Eduardo Solares Gutiérrez los conocemos muchos desde la primaria, gracias a que sus obras formaban parte de las ilustraciones de los libros de texto. Pero una cosa es verlos en formato pequeño y otra disfrutarlos tal como fueron concebidos, como gigantescos murales.
Dueños de un colorido fastuoso y un diseño complejo, los murales de estos legendarios artistas mexicanos son una de las principales atracciones que adornan muros del castillo. “La fusión de dos culturas” (González Camarena), “El retablo de la Independencia” y “Sufragio efectivo, no reelección” (O’Gorman), “La revolución contra la dictadura Porfiriana” y “Del porfirismo a la Revolución” (Siqueiros) y “Alegoría a la Revolución Mexicana” (Solares Gutiérrez) son parte de los tesoros visuales y monumentales del recinto.
Además también hay trabajos de José Clemente Orozco (“La reforma y la caída del Imperio”), Gabriel Flores (“Sacrificio de los Niños Héroes”) y Antonio González Orozco (“Juárez, símbolo de la República contra la Intervención francesa”). La composición y riqueza expresiva de cada obra las convierte en un agasajo visual. ¡No olvides que si llevas cámara fotográfica no se puede usar flash!
Sueños imperiales
El segundo piso del Museo Nacional de Historia ofrece a los visitantes un vistazo a la pompa y derroche que vivió México en dos etapas contrapuestas en su ideario pero similares en sus resultados: El Segundo Imperio y la Dictadura Porfiriana.
Habitaciones ricamente decoradas al más puro estilo francés y artículos de lujo que pertenecieron a emperatrices y primeras damas. La riqueza reflejada en el arte y la belleza de los vitrales y pinturas forman parte de la planta superior, donde se encuentra las salas de juego, el comedor, las habitaciones de Porfirio Díaz y su esposa, así como colecciones de arte y las salas de recepción para embajadores, empresarios y otros mandatarios. Todas las estancias, sin excepción alguna, decoradas de acuerdo a los patrones de la moda en Europa, y todas también, conservadas de forma magnífica para el disfrute de la actual generación.
Uno de los protagonistas del segundo piso es el alcázar el Castillo, rodeado por un exquisito jardín, que en su momento fue el orgullo del emperador Maximiliano y que hoy se conserva en un excelente estado.
Y al final, puedes deleitarte con la vista del Valle de México desde el balcón, el mismo que emperadores, presidentes, caudillos, enemigos de la patria y héroes de la nación observaron en el pasado. Porque al final, esta historia se sigue escribiendo.
Descubre
Para Morelos
En la Casa de guardias del Museo Nacional de Historia está montada la exposición temporal “Soy siervo de la nación”, dedicada a José María Morelos. exhibe 26 imágenes alusivas a su vida eclesiástica, militar y política.
El dato
De recuerdo
Cada una de las estancias del Museo cuenta con vigilancia, lo que garantiza la seguridad de los visitantes. Si deseas llevar algún recuerdo de tu visita, puedes visitar la tienda de regalos
TOMA NOTA
Los horarios
El Museo Nacional de Historia está abierto de martes a domingo, con un horario de 09:00 a 17:00 horas.
Los hechos
Eterna fortaleza
Hoy en día es un museo, y aunque su nombre señala que por mucho tiempo fue castillo, lo cierto es que la construcción en Chapultepec ha servido de muchas maneras en el pasado.
Pensado como la casa de verano para los virreyes (y único castillo real de América), ha servido también como almacén de polvora, academia militar, observatorio astronómico y residencia del emperador. Fue inaugurado en 1788.
El horizonte de la Ciudad de México ofrece mil tentaciones y rincones por descubrir. Y es curioso que en la Avenida de la Reforma, zona poblada por rascacielos que luchan por imponerse y tocar el cielo, uno de los elementos que más brillen sea un antiguo castillo, cuyas paredes han visto el ir y venir de emperadores, presidentes y dictadores.
Llegar a las faldas del Castillo de Chapultepec es fácil. Se atraviesa el bosque e incluso se puede regodear la vista en el magnífico Monumento a la Patria (que honra a los caídos en la guerra contra Estados Unidos en el Siglo XIX) antes de comenzar el ascenso. Porque sí, vaya que vas a tener que subir para disfrutar del recinto.
Si tienes una buena condición, va a ser una delicia ascender por el “Cerro del Chapulín”, dueño de unas de las zonas verdes más excepcionales de la capital. Su camino adoquinado te envolverá en un ambiente de parsimonia y tranquilidad absoluta. Pero si sientes que el cansancio de subir y subir te vence, puedes pagar 13 pesos y un trenecito te lleva a las puertas del castillo. Y vaya puertas. Y sus muros. Y los jardines. Y las fuentes. Es color, es historia, son tesoros mudos dispuestos a deslumbrar a quien busque apreciarlos. Pero si el exterior te hace sentir parte de un sueño, espera a que conozcas el interior.
Fragmentos de gloria y tragedia
La parte inferior del castillo es un recorrido por la historia del Imperio Mexica, de la Nueva España, del Imperio Mexicano, de la República, del Segundo Imperio y el país que somos hoy. Cada rincón, esquina, pasillo y salón merece que lo disfrutes con toda tranquilidad si vas en solitario o en grupo.
Ya que estés adentro, puedes optar por entrar o salir de las distintas salas que te ofrece el museo para explorar. Hay algunas exposiciones temporales y una tienda, pero lo más recomendable es tomar el recorrido histórico, esto es, con artículos y obras que provienen desde la antigua Tenochtitlán, hasta el México revolucionario.
Intentar trasladar la avalancha de obras de arte que encontrarás en el museo a palabras es una injusticia. Basta decir que la complejidad histórica de nuestro país, con sus momentos más brillantes y oscuros, héroes y villanos incluidos, han sido recopiladas.
Lo mismo están allí los uniformes de José María Morelos y artículos personales de Miguel, que una sala completa con los retratos de todos y cada uno de los virreyes que gobernaron la colonia (una muestra artística que no existe ni siquiera en el país de origen de los virreyes, España).
Colores monumentales
El trabajo de Juan O’Gorman, David Alfaro Siqueiros, Jorge González Camarena y Eduardo Solares Gutiérrez los conocemos muchos desde la primaria, gracias a que sus obras formaban parte de las ilustraciones de los libros de texto. Pero una cosa es verlos en formato pequeño y otra disfrutarlos tal como fueron concebidos, como gigantescos murales.
Dueños de un colorido fastuoso y un diseño complejo, los murales de estos legendarios artistas mexicanos son una de las principales atracciones que adornan muros del castillo. “La fusión de dos culturas” (González Camarena), “El retablo de la Independencia” y “Sufragio efectivo, no reelección” (O’Gorman), “La revolución contra la dictadura Porfiriana” y “Del porfirismo a la Revolución” (Siqueiros) y “Alegoría a la Revolución Mexicana” (Solares Gutiérrez) son parte de los tesoros visuales y monumentales del recinto.
Además también hay trabajos de José Clemente Orozco (“La reforma y la caída del Imperio”), Gabriel Flores (“Sacrificio de los Niños Héroes”) y Antonio González Orozco (“Juárez, símbolo de la República contra la Intervención francesa”). La composición y riqueza expresiva de cada obra las convierte en un agasajo visual. ¡No olvides que si llevas cámara fotográfica no se puede usar flash!
Sueños imperiales
El segundo piso del Museo Nacional de Historia ofrece a los visitantes un vistazo a la pompa y derroche que vivió México en dos etapas contrapuestas en su ideario pero similares en sus resultados: El Segundo Imperio y la Dictadura Porfiriana.
Habitaciones ricamente decoradas al más puro estilo francés y artículos de lujo que pertenecieron a emperatrices y primeras damas. La riqueza reflejada en el arte y la belleza de los vitrales y pinturas forman parte de la planta superior, donde se encuentra las salas de juego, el comedor, las habitaciones de Porfirio Díaz y su esposa, así como colecciones de arte y las salas de recepción para embajadores, empresarios y otros mandatarios. Todas las estancias, sin excepción alguna, decoradas de acuerdo a los patrones de la moda en Europa, y todas también, conservadas de forma magnífica para el disfrute de la actual generación.
Uno de los protagonistas del segundo piso es el alcázar el Castillo, rodeado por un exquisito jardín, que en su momento fue el orgullo del emperador Maximiliano y que hoy se conserva en un excelente estado.
Y al final, puedes deleitarte con la vista del Valle de México desde el balcón, el mismo que emperadores, presidentes, caudillos, enemigos de la patria y héroes de la nación observaron en el pasado. Porque al final, esta historia se sigue escribiendo.
Descubre
Para Morelos
En la Casa de guardias del Museo Nacional de Historia está montada la exposición temporal “Soy siervo de la nación”, dedicada a José María Morelos. exhibe 26 imágenes alusivas a su vida eclesiástica, militar y política.
El dato
De recuerdo
Cada una de las estancias del Museo cuenta con vigilancia, lo que garantiza la seguridad de los visitantes. Si deseas llevar algún recuerdo de tu visita, puedes visitar la tienda de regalos
TOMA NOTA
Los horarios
El Museo Nacional de Historia está abierto de martes a domingo, con un horario de 09:00 a 17:00 horas.
Los hechos
Eterna fortaleza
Hoy en día es un museo, y aunque su nombre señala que por mucho tiempo fue castillo, lo cierto es que la construcción en Chapultepec ha servido de muchas maneras en el pasado.
Pensado como la casa de verano para los virreyes (y único castillo real de América), ha servido también como almacén de polvora, academia militar, observatorio astronómico y residencia del emperador. Fue inaugurado en 1788.