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Historia

López-Portillo y Weber, ingeniero e historiador tapatío

Están por cumplirse 120 años del nacimiento y 35 de la muerte de uno de los historiadores tapatíos que inspiraron a más de una generación de investigadores de la historia regional, actividad poco desarrollada en el siglo XIX y principios del XX. José López-Portillo y Weber nació en Guadalajara, el 19 de abril de 1889. Provenía de una familia de intelectuales y políticos; tanto su abuelo, Jesús, como su padre, José López-Portillo y Rojas, habían sido gobernadores de Jalisco.
Su abuelo había sido abogado y simpatizante del gobierno de Maximiliano, quien lo nombró comisario imperial. Al triunfo de Juárez fue condenado al destierro aunque luego se le perdonó y fue enviado a Guadalajara, donde terminó sus días e impartió clases de Derecho. Su padre, consagrado como novelista, también se dedicó a la política y fue ministro de asuntos exteriores en el gobierno de Victoriano Huerta. Y como para limpiar la tradición familiar de estar siempre en el bando equivocado, López Portillo y Weber decidió no involucrarse en la política, pues consideró que “los defectos de un hombre honrado son las cualidades de un político…”, consejo que uno de sus hijos no tomó en cuenta y terminó siendo presidente del país. Sin duda fue un gran acierto de Weber excluirse de la política, la propia historiografía ha dado cuenta de ello.

Cuando López Portillo y Weber tenía 14 años de edad (1902), su padre decidió, al parecer seducido por centralismo político, trasladar a la familia a la Ciudad de México. Cinco años después ingresó al Colegio Militar donde cursó sus estudios. Eran los años de gestación del movimiento revolucionario; en 1913, López Portillo y Weber estuvo entre los cadetes que acompañaron a Francisco I. Madero al Palacio Nacional, en la llamada “marcha heroica”, en los días de la histórica “decena trágica”.

Se graduó como ingeniero geógrafo, lo que después le permitió participar como asesor en la industria petrolera desde antes de ser nacionalizada, además de escribir varias obras breves sobre el petróleo, entre ellas: La industria de la refinación del petróleo en México, El petróleo de Veracruz, El petróleo de México, su importancia/sus problemas… además de un sinfín de artículos y otros libros de distinta temática, como La génesis de los signos de las letras, de 1935.

Pero sin duda alguna, sus más importantes obras que contribuyeron a la historia regional son La conquista de la Nueva Galicia (1935) y La rebelión de la Nueva Galicia (1939), trabajos de los que hasta el día de hoy se siguen haciendo reproducciones facsimilares y que revelan su gran interés por el conocimiento del pasado de su terruño. En 1954 recibió el Premio Jalisco, y tres años después el Premio José María Vigil, que otorga el gobierno de Jalisco. Falleció un 14 de enero de 1974, en la Ciudad de México, y valga esta breve semblanza como un merecido homenaje al ilustre historiador de nuestra tierra.

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