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¡Hagamos conciencia!

Es tan fácil dejarse llevar por las corrientes de pensamiento, así como por las costumbres y tradiciones

     El mundo cristiano enfrenta una realidad muy seria que, desafortunadamente, muchos bautizados viven, y que sale a relucir en festividades como la que hoy celebramos nos referimos a la imagen, al concepto que predomina en ellos, de un dios mágico y mercantilista.

     Ya nos habíamos referido en otra ocasión a esta realidad; sin embargo, son tales los extremos a los que se llega en estas fechas, que es necesario insistir en ello para ayudar a reflexionar y recapacitar a muchos, y, como consecuencia, a enmendar su actitud y sus acciones.

     Es tan fácil dejarse llevar por las corrientes de pensamiento, así como por las costumbres y tradiciones --aunque éstas sean paganas o contradigan el espíritu del Evangelio--, sobre todo si se ven potencializadas gracias a la fuerte influencia de un comercialismo y un consumismo que llegan al colmo, cuando muchos medios de comunicación, manipulando la verdad, presentan leyendas y mitos como reales --particularmente a aquellos que son más susceptibles de manipulación, como son los niños y los ignorantes--; influencian la conciencia y estimulan el deseo y la ambición de muchos, logrando con ello su objetivo: hacerlos comprar gastando aun lo que no se tiene, sin un razonamiento previo.

     Pero eso no es lo más serio y preocupante, sino que resulta que en todo este “juego” de astucia y manipulación se mezclan valores auténticos, provocando con ello su tergiversación, su minimización, su ridiculización y, finalmente, su abandono por parte de la gente víctima del mismo.

     Y lo que es peor, “intentan” manipular a Dios --que Dios está muy por encima de cualquier situación humana y jamás podría ser manipulado--, y con ello perjudican la fe y la vida espiritual de la persona, del creyente que no las tiene bien sólidas y firmes.

     ¿Cómo lo intentan? Pues precisamente fomentando falsas ideas e imágenes que muchos bautizados tienen de Dios, o de personajes muy cercanos a Él, como los santos y la misma Virgen María. Y aunque, repetimos, no lo logran, sí alcanzan sus mezquinos objetivos.

     Lo decíamos renglones atrás, refiriéndonos a las ideas de un dios mágico y mercantilista. Son muchos los que --ya sea por ignorancia, ingenuidad o falta de pureza de intención-- tienen estos conceptos y pasan la vida pidiendo favores, y hasta milagros, sin poner nada de su parte; y cuando se hace, o se cree que se hace algo por Dios, se espera de Él una correspondencia tipo intercambio: “Si yo te he dado, Señor, Tú tienes la obligación de darme. Si me he portado bien, me tienes que regalar esto o aquello”.

     Cierto, no se trata de juzgar a nadie, ya que no somos quién, ni estamos para hacerlo; sólo queremos hacer una llamada de atención, hacer conciencia en algo en lo que quizá todos --inconsciente e involuntariamente-- hemos caído --ya sea como empresarios, medios de comunicación o como consumidores que profesamos la fe en Jesucristo--, para darnos cuenta de cómo esto que parece sin chiste, sin importancia, puede resultar, y de hecho está resultando, perjudicial para la fe y para la vida toda de quienes desean seguirlo, y de esa manera hacernos el propósito de enmendar el camino. ¿Cómo? Rechazando todas esas corrientes manipuladoras e informándonos y preparándonos más y mejor en aquello que creemos, en Jesús y en su doctrina.

     El Evangelio de este domingo nos recuerda una gran festividad: la Epifanía del Señor, es decir la manifestación del recién nacido Salvador a todo el mundo, haciéndonos saber que esa salvación es para todos; es una salvación que lograremos gracias a su sacrificio en la cruz y no por arte de magia; una salvación que el Señor nos ofrecerá gratuitamente, y no condicionada en absoluto o a cambio de nada; lo único que espera de nosotros es que la aceptemos y vivamos conforme a sus designios amorosos.

     ¡Qué enorme distancia entre esta gran y auténtica celebración y la que se pretende destacar, ignorante o tendenciosamente, como la de los “reyes magos”! ¿No es cierto?

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx      

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