Suplementos
Hacienda Caleras
Al pie del cerro Caleras, en su lado oeste, cerca de Tecuanillo, se ubica la hermosa hacienda nombrada como el cerro.
De Caxitlán, bajamos a la hacienda Caleras. Observamos con regocijo una arcada que toca la enorme y alta chimenea del ingenio, de planta cuadrada. Le siguen majestuosos arcos de medio punto, que conforman la fachada principal del ingenio. Enseguida vimos un canal y pasando un puente, una centenaria higuera, la cuadra con ventanas aportilladas y una añosa y bonita finca con cuatro corredores limitados por columnas cuadradas y con un techo a cuatro aguas. Una banca anexa al puente nos invitó a sentarnos en aquel vibrante lugar, luego llegó cantando sobre su bicicleta, José Cárdenas, mejor conocido como “Resortes”, lo saludamos y le pedimos permiso de ver la casa grande y nos dijo: “aguarden un momento, voy con mi patrona, quien puede autorizar”.
En 1869, Albert S. Evans escribió: “El trayecto entre Manzanillo y Colima, se hace a lomo de mula; de manera que para vencer la distancia de 90 millas, se requieren seis días…Al levantarse el sol el día de ayer, todos los habitantes de Manzanillo estaban en pie para presenciar la salida de nuestra comitiva, la cual, según previo arreglo, debía ser transportada en botes por la laguna de Cuyutlán y de allí al trayecto que la separa del Río de la Armería, en diligencias que mando D. Fermín Huarte, el hospitalario dueño de la finca denominada “Los Chinos” y ahora “La Calera”, de cuyo lugar escribo… El viejo caballero nos dijo que tenía como cuatro mil quinientos acres de la mejor tierra de América para cultivar caña de azúcar, algodón y maíz indio… y buenas tierras de pastura… (el río estaba muy crecido para permitir el paso de las diligencias, pero que durante la noche bajaría. Entonces pondrían las ruedas de un lado de las diligencias en una lancha y las del otro lado en una segunda lancha)”.
Volvió José con una simpática sonrisa, nos dijo: “síganme” y nos fue mostrando la sensacional casona. Primero observamos el jardín con una pila circular rodeada por palmas, luego el patio con una alfombra de copra y al fondo la fachada posterior de la casona, abrazada por tres corredores con columnas toscanas, los corredores se repiten en el segundo piso. La planta arquitectónica es rectangular. En el primer nivel hay una puerta al centro y una ventana vertical por costado, esbeltas y con forja, dichos vanos se repiten en la fachada principal, las fachadas laterales muestran dos ventanas. Unos pasillos techados ligan con la casa nueva. La hacienda pertenece a la familia Aguayo.
Para 1873, John Lewis Geiger narró: “A las cinco en punto llegamos a una hacienda llamada La Calera, en donde paramos para procurar un cambio de mulas. Esta hacienda es un edificio grande… Mientras un hombre a caballo lazaba los animales en el espacio adyacente a la casa, entramos a la amplia terraza, donde el hospitalario encargado de la hacienda nos ofreció una deliciosa agua de coco…bebimos con gran gusto el fresco y claro liquido”.
De Caleras continuamos nuestro regreso por Madrid, donde escuchamos el silbido del ferrocarril, Diego y yo corrimos a mirarlo, y subir por el cerro Madrid, era la maquina 4517. La carretera fue bordeando el referido cerro por la ladera este. Después de Jala, apreciamos tramos de caminos reales, delatados por sus añejos árboles a ambos lados, seguimos por las faldas de los cerros; Los Libros y Los Chivos, disfrutando de bizarros parajes de ocres lomas, enriquecidas por ríos y arboledas.
En 1869, Albert S. Evans escribió: “El trayecto entre Manzanillo y Colima, se hace a lomo de mula; de manera que para vencer la distancia de 90 millas, se requieren seis días…Al levantarse el sol el día de ayer, todos los habitantes de Manzanillo estaban en pie para presenciar la salida de nuestra comitiva, la cual, según previo arreglo, debía ser transportada en botes por la laguna de Cuyutlán y de allí al trayecto que la separa del Río de la Armería, en diligencias que mando D. Fermín Huarte, el hospitalario dueño de la finca denominada “Los Chinos” y ahora “La Calera”, de cuyo lugar escribo… El viejo caballero nos dijo que tenía como cuatro mil quinientos acres de la mejor tierra de América para cultivar caña de azúcar, algodón y maíz indio… y buenas tierras de pastura… (el río estaba muy crecido para permitir el paso de las diligencias, pero que durante la noche bajaría. Entonces pondrían las ruedas de un lado de las diligencias en una lancha y las del otro lado en una segunda lancha)”.
Volvió José con una simpática sonrisa, nos dijo: “síganme” y nos fue mostrando la sensacional casona. Primero observamos el jardín con una pila circular rodeada por palmas, luego el patio con una alfombra de copra y al fondo la fachada posterior de la casona, abrazada por tres corredores con columnas toscanas, los corredores se repiten en el segundo piso. La planta arquitectónica es rectangular. En el primer nivel hay una puerta al centro y una ventana vertical por costado, esbeltas y con forja, dichos vanos se repiten en la fachada principal, las fachadas laterales muestran dos ventanas. Unos pasillos techados ligan con la casa nueva. La hacienda pertenece a la familia Aguayo.
Para 1873, John Lewis Geiger narró: “A las cinco en punto llegamos a una hacienda llamada La Calera, en donde paramos para procurar un cambio de mulas. Esta hacienda es un edificio grande… Mientras un hombre a caballo lazaba los animales en el espacio adyacente a la casa, entramos a la amplia terraza, donde el hospitalario encargado de la hacienda nos ofreció una deliciosa agua de coco…bebimos con gran gusto el fresco y claro liquido”.
De Caleras continuamos nuestro regreso por Madrid, donde escuchamos el silbido del ferrocarril, Diego y yo corrimos a mirarlo, y subir por el cerro Madrid, era la maquina 4517. La carretera fue bordeando el referido cerro por la ladera este. Después de Jala, apreciamos tramos de caminos reales, delatados por sus añejos árboles a ambos lados, seguimos por las faldas de los cerros; Los Libros y Los Chivos, disfrutando de bizarros parajes de ocres lomas, enriquecidas por ríos y arboledas.