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Guerrilla y utopía en Guadalajara, Liga comunista 23 de septiembre

Abordar un tema del que aún quedan algunas heridas abiertas, siempre será una tarea delicada y espinosa

(Primera de dos partes)

por: cristóbal durán

El mundo y las ideas del siglo XX

Abordar un tema del que aún quedan algunas heridas abiertas, siempre será una tarea delicada y espinosa; y aunque se trate de un acontecimiento que dejó fuertes huellas en la localidad, no puede desvincularse de lo que sucedía en otras latitudes toda vez que en aquellas realidades encontramos parte de la explicación de nuestro entorno inmediato. Guerrilla, comunismo, revolución, proletariado, mal gobierno, corrupción... son conceptos que definen una parte de la historia local en términos de búsqueda de la justicia y equidad en las formas de relación social.
La llamada guerra fría, anhelada y extrañada por muchos, resultó un fenómeno extraño en tanto que sus dos principales representantes y rivales (Estados Unidos y la extinta URSS) no midieron sus fuerzas uno frente al otro, sino que lo hicieron a través de grupos dispersos en el mundo que simpatizaban con su ideología político-económica. Al término de la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó polarizado; por un lado, una ideología socialista poco entendida por más de la mitad de quienes se auto nombraban marxistas-leninistas, aunque ella propició la práctica de una plena confianza en el hombre y su potencial; y por otro, un capitalismo que, tampoco sin ser entendido del todo, daba a las personas la sensación de seguridad al tener al Estado liberal y a Dios de su lado.
Estas dos fuerzas ideológicas en tensión dividieron al mundo y pretendieron crear una imagen de continua renovación. Movimientos igualitaristas en todo el orbe, que compartieron problemáticas semejantes, entraron en contacto y crearon redes de ayuda mutua, incluso algunos de ellos fructificaron en importantes revoluciones que resultaron ejemplo para otras naciones (revolución cubana, independencia del Congo y de otras naciones africanas, por mencionar algunas). En México, grupos obreros y estudiantiles formaron parte activa de este fenómeno y se reconocieron a sí mismos como un artífice para la pretendida igualdad social, tal y como en otras partes ya sucedía.
No sería éste el espacio suficiente y apropiado para tratar el desarrollo de estas tendencias revolucionarias en el mundo, pero baste decir por ahora que los grupos armados que actuaron en México y en Guadalajara, tras el velo de clandestinidad, no lo hicieron sólo por llamar la atención y “aparecer en la foto” del escenario social; radicales o moderados, organizados o “sin idea”, justificados o sin razón, son hoy un claro indicador (entre otros más) de nuestra realidad pasada inmediata. Como lo dice la muy conocida y popular frase: “Cuando el río suena, es porque agua lleva”.

Guadalajara: el laboratorio

Ubicados en la década de los años setenta, si bien nuestra situación sociopolítica podía tener elementos comunes a las de otros países, se sumaron a ella realidades locales que le dieron un toque bastante peculiar. Desde el tristemente recordado movimiento del 68, pasando por los sucesos del “jueves de corpus”, sumados a la aguda crisis económica que resentían los bolsillos de las familias mexicanas. El Estado mexicano aparecía como uno de los principales (si no es que el único) responsables de la situación imperante, y no había quien lo confrontara más que sectores de la misma sociedad, aunque parecía ser una guerra desigual.
Como parte de la llamada “guerra sucia” (no hay guerra que no lo sea) entre la política de Estado y los grupos subversivos del país, en nuestra ciudad se vivió una complicada situación en la que fueron parte activa los grupos universitarios y trabajadores que, además de defender los ideales de “autonomía, libertad y justicia”, terminaron en franca confrontación con el Estado, como pretendiendo revivir aquel viejo conflicto de los años treinta cuando se intentó instaurar la “educación socialista” en los planteles educativos del país.
La Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) había tenido un control hegemónico de la política universitaria desde finales de la década de los años cuarenta; para ser removidas sus prácticas viciadas por el poder que había acumulado en poco más de 20 años de ejercicio, requirió, para algunos, el uso de la fuerza, de la “revolución”. Nació entonces, en 1970, el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), como una posibilidad de “desplazar a la FEG”. El triunfo del FER fue rápido a la vez que efímero; parecía que tendría el apoyo del entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, yerno de José Guadalupe Zuno, ex gobernador de Jalisco, especialmente porque un hijo de Zuno, Andrés, había participado en el Frente para desplazar a Carlos Ramírez Ladewig (FEG). Lo cierto es que el apoyo federal fue para la FEG, por lo que el FER pasó a la clandestinidad y se convirtió en “guerrilla urbana” decidida a todo por conseguir sus propósitos. Entre 1970 y 1973, las persecuciones y confrontaciones fueron cada vez de mayor intensidad.
Pero la poca articulación de los movimientos subversivos (es de notarse que no ha sido el fuerte de la izquierda mexicana) propició que pronto se desmantelara y diera origen a nuevos grupos; los Zuno perdieron el control y el panorama nuevamente experimentó otro cambio. Al interior de este grupo (FER) se gestaron tres corrientes que dieron origen a otros importantes frentes: uno de ellos fue el Frente Revolucionario Armado del Pueblo (FRAP), otro la Unión del Pueblo, al parecer, dispuesta a convertir a Guadalajara en “ciudad de fuegos”, y la otra corriente “mayoritaria... entroncó con grupos que dieron origen, poco tiempo después a la Liga Comunista 23 de septiembre” (LC). Pero ¿qué diferenciaba a estos grupos? Una cosa que sí tuvieron en común fue que muchos de sus líderes cabecillas fueron capturados o desaparecidos, lo que propició una especie de orfandad del movimiento general, acéfalo y con una escasa vinculación entre los diferentes grupos, aún cuando se presumiera que procuraban los mismos fines: el poder.
Hemos de destacar que estos conflictos, que empezaron siendo una lucha por el control de la vida universitaria en el caso de Guadalajara (¿la historia se repite?), se volvió una guerra política y violenta no sólo entre estas nacientes tribus urbanas, sino contra el Estado, que era uno de los actores fundamentales de este sociodrama. Si bien es cierto que la lucha se volvió una “lucha por el poder”, cada uno de estos grupos la concebía a su manera. La LC siempre fue atacada por su presunta desorganización y poca claridad en sus objetivos; y llevando esta observación a una macro-realidad más amplia, lo cierto es que su situación (desorganización, anarquía...) era un reflejo del movimiento guerrillero en el país.
El nacimiento de esta LC no puede ser explicado en estos términos tan aparentemente simplistas; su constitución en nuestra ciudad implica también la vinculación con la realidad nacional. ¿Por qué en Guadalajara -ciudad eternamente conservadora- y no otro espacio? Intentaremos abonar un poco a la respuesta en nuestra siguiente entrega.

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