Suplementos

Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad

“He venido a traer fuego a la tierra y como desearía que ya estuviera ardiendo”

GUADALAJARA, JALISCO (18/AGO/2013).- El mensaje de Jesús de Nazaret siempre nuevo y siempre desconcertante. Nuevo porque por primera vez los hombres escucharon la palabra del padre, la revelación nueva del hijo de Dios y desconcertante porque los pensamientos de Dios no son como los de los hombres. Predica el perdón y no la venganza; enseña a servir y no a ser servido y su misma vida es entregarse y hasta la muerte. Esos no son pensamientos de los hombres sino rayos de luz divina.

Desconcertante en apariencia más solo en apariencia es el breve discurso referido por San Lucas en el capítulo duodécimo y dispuesto en dos términos es el siguiente.

Primero: “He venido a traer fuego a la tierra y como desearía que ya estuviera ardiendo”.

El fuego es sinónimo de amor, arder es amor; estar frio es no amar; estar apagado es solo cenizas.

Mas Cristo habla del fuego que ha venido a traer a la tierra y ese es el amor divino. Amor tan grande como para tomar la pequeñez humana el infinito, el universo, el omnipotente.

Amor tan grande como para subir a Jerusalén a ser condenado y ser clavado en la cruz. El fuego de Cristo ha persistido en 20 siglos de cristianismo

Desconcertante y hasta paradójica podría parecer la frase: “He venido a traer la guerra” porque cristo es el príncipe de la paz, no llegó a la tierra al nacer hecho hombre en  la paz del emperador Cesar Octavio cuando el templo de Jano estaba cerrado; y el canto del coro de los Ángeles fue: Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad.

Mas la guerra vino porque ante la presencia de Cristo entonces, después y ahora, siempre es Él un sí y un no. El anciano Simeón cuando Jesús fue llevado al templo lo tomo en sus brazos y profetizo: este niño será blanco de contradicción.

Será de salvación para unos, ruina para otros.

Aquí está el misterio de la libertad humana. Amor es siempre libre, tanto, que nadie puede amar a fuerzas a otra persona.

Amar y servir a Cristo será, por tanto, una libre decisión del ser humano y Cristo está en la cumbre ante dos vertientes, el amor hacia un lado y la indiferencia y quizá el odio hacia el otro.

La historia del cristianismo es la mejor prueba: el testimonio de los santos, testigos de su amor a Cristo hasta consagrar su vida entera, hasta derramar sangre con un grito valiente. Es el misterio inescrutable para los hombres ¿Que sería del hombre si no tuviera libertad? Sería incapaz de merecer premio y tampoco podría declarársele reo de infidelidad. Ahí está la guerra, esa que el Hijo de Dios trae a la tierra.

José R. Ramírez M.



San Pedro Esqueda Ramírez

San Pedro Esqueda Ramírez nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, el 29 de abril de 1887. Recibió la Ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1916, en tiempo en que ya los tiempos de persecución llegaban a niveles muy álgidos, no obstante, él puso todo su empeño en el ministerio que se le había confiado dando énfasis en la devoción a Jesús Sacramentado y a la Catequesis de niños.

Si preguntáramos ahora a nuestros niños o jóvenes que tanto saben y conocen de nuestro Señor Jesucristo, nos encontraríamos que en muchos de los casos saben más de artistas, de futbolistas y  a lo mejor hasta de los delincuentes del momento.

Una buena porción de nuestra juventud, se queda toda su vida con la instrucción elemental que recibieron para hacer la Primera Comunión y de la cual olvidan la mayor parte al pasar del tiempo.

Por eso es muy oportuno hoy recordar la insistente recomendación que el Padre Esqueda repetía a los niños: “No dejen de estudiar el catecismo, ni dejen la doctrina cristiana por nada”.

Ya vemos lo que sucede cuando no tenemos una preparación sólida: que llegan otras personas con teorías novedosas y desorientan la mente y hacen vacilar la fe.

Entonces dicen algunos “ahora he visto la luz”  pero yo les pregunto: ¿Antes te preocupaste por estudiar un poco más tu religión, o te quedaste en la etapa infantil de la primera evangelización?

En cada etapa de la vida tenemos que progresar y ahondar más y más en nuestro conocimiento de Jesucristo porque Él siempre dice cosas nuevas a nuestro corazón y nos guía y ayuda en cada circunstancia.

Si estamos preparados, no tendremos necesidad de que otros predicadores advenedizos nos infiltren teorías extrañas, que a menudo hacen más mal que bien…

“Dios me trajo, Dios sabrá”.

San Juan de los Lagos tiene la gloria de haber visto nacer a este santo, de acompañar siempre sus pasos siempre, y de recibirlo como Padre después de ordenado sacerdote recibiendo los beneficios de su acción pastoral; y actualmente goza el privilegio de tener sus restos para siempre en la Parroquia de San Juan Bautista.

Cuando se suspendió el culto público, el padre Esqueda se quedó en su pueblo natal si bien escondiéndose aquí  y allá,  permaneció en la población. Cuando alguien le recomendó escapar, contestó: “Dios me trajo, Dios sabrá”.

Y así fue, Dios lo trajo a la vida en san Juan de los Lagos y de allí lo llamó a la gloria. El supo bien lo que hizo.

El Martirio de San Pedro Esqueda Ramírez

El 18 de noviembre de 1927, fue capturado; se le incomunicó  cuatro días en una pequeña habitación en tinieblas; done fue cruelmente vejado y torturado. Sufrió en silencio las molestias y tormentos que precedieron su muerte, incluyendo la fractura de un brazo.

Un militar, después de golpearlo, le dijo: “Ahora ya has de estar arrepentido de ser cura”; a lo que contestó  dulcemente el padre Pedro: “No, ni un momento, y poco me falta para ver el cielo”.

El 22 de noviembre, Lo llevaban a San Miguel el Alto, atado de las manos, pero al llegar a Teocaltitlán, muy cerca de Jalos, el coronel que lo conducía, dio rienda suelta a sus instintos crueles y sin más lo acribilló a tiros dejándolo allí tirado.

Los vecinos de Teocaltitlán recogieron el cadáver y lo velaron en el salón de la escuela, y al día siguiente le dieron sepultura.

En noviembre de 1938, sus restos fueron trasladados a San Juan de los Lagos y en 1966 se colocó una placa con esta inscripción: “Presbítero Pedro Esqueda, sacrificado el 22 de noviembre de 1927”.

ORACION

Señor Jesús que diste a san Pedro Esqueda Gran fe y fortaleza y un amor muy grande a la Eucaristía y una dedicación a evangelizar, te encomendamos a todos los y las Catequistas, haz que sepan infundir en el corazón de las jóvenes generaciones el amor a tu nombre y el conocimiento claro de tu Evangelio.

María Belén Sánchez, fsp

Temas

Sigue navegando