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Furtiva capacidad
La renovada VW Tiguan se muestra tan capaz como siempre
GUADALAJARA, JALISCO (01/OCT/2011).- El refrescamiento de media generación de la gustada camioneta recreativa (SUV, si prefiere) compacta de Volkswagen ya está entre nosotros. Este modelo ha sido objeto de una popularidad bastante decente, toda vez que combina un visual bien logrado con un buen desempeño, aderezado por una manufactura y calidad que lo ponen arriba de todos sus rivales.
Este vehículo fue suficientemente refrescado como para nuevamente poner atención a lo que ofrece. Pero lo que no encontrará es espectacularidad, notoriedad o atractivo sin igual. La carta de presentación de Tiguan es seriedad, formalidad y hasta estoicismo; no se anda con cuentos. Cual femme fatale, es fría y calculadora.
De inicio, están los obvios cambios de formas de Tiguan. Los nuevos juegos de luces la semejan más a Touareg, pero añaden modernidad con la integración de calaveras duales y de luces de posición de diodos electrónicos o leds. La parrilla de la camioneta es anclada por la tradicional vista de dos barras horizontales, flanqueadas por los nuevos faros más simples en su geometría —con iluminación para curvas— y una fascia baja y esculpida para lucimiento urbano. Volkswagen le bajó el volumen a las formas incoherentes en las luces y reafirmó la elegante apariencia.
Confiable y conocida
El conocidísimo y laureado motor 2.0T cumple con creces y ofrece un buen balance entre desempeño y mesura. La demora del turbo es inevitable y, por momentos, la a veces lenta caja Tiptronic de seis relaciones, sólo acentúa las cosas. Ya encaminados, la caja opera con suavidad y oportunidad para sacar partido del torque. El variable y volátil consumo reflejará el estado de ánimo del conductor y las condiciones de circulación por medio de los índices de gasto de gasolina: los promedios de consumo de 10 km/l o más serán ocasionales (una prueba más de que a ésta Tiguan no le gusta llamar la atención tanto como a su conductor).
De hecho, ésta renovada Tiguan incorpora una caja automática modificada —ahora con dos sobre marchas, desacoplamiento del convertidor de torque en ralentí y cambios de relación a menores r.p.m. en modo normal de manejo— para mejorar el consumo hasta 20% (según VW). Tras nuestro contacto, no podemos aseverar el impacto de estas modificaciones, si bien la marcha se siente bastante relajada.
El rodado de Tiguan es confortable y estable, además de notablemente silencioso. La suspensión es un punto más dura que el promedio (así está bien, gracias), cuestión que favorece el manejo, pero sin sacrificar la comodidad, aún en terracerías leves. El guiado es preciso y pasan (apenas) suficientes sensaciones a través del volante como para saber qué y cómo estamos pisando. Los frenos se sienten un tanto desconectados pero el control es pleno. La doble tracción 4Motion (tipo Haldex) facilita los cambios de dirección, y aunado al control de estabilidad, nos deja abusar en las curvas al neutralizar el subviraje. En condiciones normales de manejo, el sistema envía el 90% del torque al eje delantero pero, si hace falta, puede mandar todo el jugo atrás.
Confort y buenos terminados
La Tiguan es cómoda; su espacio interior está OK. Los 260 centímetros entre las ruedas albergan un habitáculo bien logrado, con muy buen margen para cuatro pasajeros, y hasta lujoso en ciertas versiones, con asientos firmes y bien esculpidos. Sin sorpresas. Los numerosos controles pueden abrumar a los inexpertos pero nadie negará que, en la versión tope, tiene todo lo necesario
Hay algunos espacios para guardar cosas y no hay accesorio que falte, incluido un competente equipo de sonido —con la virtualmente imprescindible conectividad para iPod—; un enorme y alucinante techo panorámico; la completa computadora de viaje y el sistema de navegación (opcional), entre otros juguetes.
Todo lo anterior, la Tiguan lo integra con una discreción y mesura que, si bien no le resta hospitalidad, hace de esta camioneta un vehículo muy serio, en la onda Business Class. No pretende ser divertido ni inspirador: meramente, es bien capaz de cumplir lo que se exija de él sin problemas y sin adornos. ¿Quiere manejar tranquilamente y a todo lujo? Lo disfrutará. ¿Quiere conducir animadamente? Si sabe cómo, podrá hacerlo. Pero la camioneta no le va a incitar a hacerlo; simplemente, estará lista para usted.
El precio de Tiguan no es para corazones débiles: la completa versión tope anda en los 557 mil pesos (aunque es todavía una ganga en contra de su prima rica, la Audi Q5). Empero, la relativamente austera versión de entrada —de 358 mil pesos y a la que le faltan pocas cosas de importancia real— facilitará su competitividad en el segmento. Pero es en los puntos importantes en donde Tiguan se desprende del resto: hechura, tren motor y desempeño en un paquete bastante stealth.
Este vehículo fue suficientemente refrescado como para nuevamente poner atención a lo que ofrece. Pero lo que no encontrará es espectacularidad, notoriedad o atractivo sin igual. La carta de presentación de Tiguan es seriedad, formalidad y hasta estoicismo; no se anda con cuentos. Cual femme fatale, es fría y calculadora.
De inicio, están los obvios cambios de formas de Tiguan. Los nuevos juegos de luces la semejan más a Touareg, pero añaden modernidad con la integración de calaveras duales y de luces de posición de diodos electrónicos o leds. La parrilla de la camioneta es anclada por la tradicional vista de dos barras horizontales, flanqueadas por los nuevos faros más simples en su geometría —con iluminación para curvas— y una fascia baja y esculpida para lucimiento urbano. Volkswagen le bajó el volumen a las formas incoherentes en las luces y reafirmó la elegante apariencia.
Confiable y conocida
El conocidísimo y laureado motor 2.0T cumple con creces y ofrece un buen balance entre desempeño y mesura. La demora del turbo es inevitable y, por momentos, la a veces lenta caja Tiptronic de seis relaciones, sólo acentúa las cosas. Ya encaminados, la caja opera con suavidad y oportunidad para sacar partido del torque. El variable y volátil consumo reflejará el estado de ánimo del conductor y las condiciones de circulación por medio de los índices de gasto de gasolina: los promedios de consumo de 10 km/l o más serán ocasionales (una prueba más de que a ésta Tiguan no le gusta llamar la atención tanto como a su conductor).
De hecho, ésta renovada Tiguan incorpora una caja automática modificada —ahora con dos sobre marchas, desacoplamiento del convertidor de torque en ralentí y cambios de relación a menores r.p.m. en modo normal de manejo— para mejorar el consumo hasta 20% (según VW). Tras nuestro contacto, no podemos aseverar el impacto de estas modificaciones, si bien la marcha se siente bastante relajada.
El rodado de Tiguan es confortable y estable, además de notablemente silencioso. La suspensión es un punto más dura que el promedio (así está bien, gracias), cuestión que favorece el manejo, pero sin sacrificar la comodidad, aún en terracerías leves. El guiado es preciso y pasan (apenas) suficientes sensaciones a través del volante como para saber qué y cómo estamos pisando. Los frenos se sienten un tanto desconectados pero el control es pleno. La doble tracción 4Motion (tipo Haldex) facilita los cambios de dirección, y aunado al control de estabilidad, nos deja abusar en las curvas al neutralizar el subviraje. En condiciones normales de manejo, el sistema envía el 90% del torque al eje delantero pero, si hace falta, puede mandar todo el jugo atrás.
Confort y buenos terminados
La Tiguan es cómoda; su espacio interior está OK. Los 260 centímetros entre las ruedas albergan un habitáculo bien logrado, con muy buen margen para cuatro pasajeros, y hasta lujoso en ciertas versiones, con asientos firmes y bien esculpidos. Sin sorpresas. Los numerosos controles pueden abrumar a los inexpertos pero nadie negará que, en la versión tope, tiene todo lo necesario
Hay algunos espacios para guardar cosas y no hay accesorio que falte, incluido un competente equipo de sonido —con la virtualmente imprescindible conectividad para iPod—; un enorme y alucinante techo panorámico; la completa computadora de viaje y el sistema de navegación (opcional), entre otros juguetes.
Todo lo anterior, la Tiguan lo integra con una discreción y mesura que, si bien no le resta hospitalidad, hace de esta camioneta un vehículo muy serio, en la onda Business Class. No pretende ser divertido ni inspirador: meramente, es bien capaz de cumplir lo que se exija de él sin problemas y sin adornos. ¿Quiere manejar tranquilamente y a todo lujo? Lo disfrutará. ¿Quiere conducir animadamente? Si sabe cómo, podrá hacerlo. Pero la camioneta no le va a incitar a hacerlo; simplemente, estará lista para usted.
El precio de Tiguan no es para corazones débiles: la completa versión tope anda en los 557 mil pesos (aunque es todavía una ganga en contra de su prima rica, la Audi Q5). Empero, la relativamente austera versión de entrada —de 358 mil pesos y a la que le faltan pocas cosas de importancia real— facilitará su competitividad en el segmento. Pero es en los puntos importantes en donde Tiguan se desprende del resto: hechura, tren motor y desempeño en un paquete bastante stealth.