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Fotógrafos en vías de extinción
La llegada de la tecnología —celulares y tabletas— ha complicado la subsistencia de quienes se dedican a la fotografía ambulante
GUADALAJARA, JALISCO (12/ABR/2015).- La fotografía ambulante tiene una tradición casi tan larga como la de la propia invención que se atribuye a Niépce y Daguerre, casi dos siglos que determinan a un oficio que permitió a sus practicantes salir de los estudios porque, al abaratarse los costos de producción, la fotografía llegó así a las clases populares que ahora no sólo podían retratarse sino, también, hacerlo en algún puntos emblemáticos de su ciudad –pues el revelado se realizaba in situ–, en especial cuando cualquier sitio de esparcimiento contó en breve con uno o más fotógrafos.
Como apuntó la fotógrafa alemana Gisèle Freund (1908-2000), “todo gran descubrimiento técnico origina siempre crisis y catástrofes. Desaparecen los viejos oficios y surgen otros nuevos”; así, el fotógrafo ambulante fue alcanzado por la revolución tecnológica que, aunque signifique una mejora en la rapidez y eficiencia de sus procesos, ha contribuido por igual a desplazar a un viejo oficio que ha batallado siempre para adaptarse a los cambios en los procesos de captación de imágenes.
En este sentido, el fotógrafo ambulante es un personaje citadino que ganó complejidad al diversificar su trabajo (añadiendo escenarios o aprovechando las celebraciones religiosas o civiles para ganar clientela) y generar con ello una industria que a su vez produjo comunidades y relaciones sociales novedosas, para crear de esa forma una tradición urbana que, como en otros muchos lugares del mundo, en Guadalajara existe todavía aunque en condiciones precarias que prefiguran su desaparición.
De toda la vida
Con cincuenta años en la profesión, Manuel López Patiño relata que “comencé en este oficio gracias a mi padre y mi abuelo, que fueron fotógrafos; entonces se utilizaban las cámaras de cajón con que se tomaban lo que la gente llamaba ´fotos de agua’, después vinieron las de 35 milímetros y las Polaroid, hoy día se utiliza más la digital, pero mañana no sabemos qué vendrá”.
Recuerda el fotógrafo que “antes a la gente le daba gusto ver a un fotógrafo, pero es obvio que gracias a la tecnología —cámaras, tabletas o teléfonos celulares— el negocio ha tenido una baja de un 90 por ciento. Es posible sacar para comer, con esto pude sacar a mi familia adelante, pero no se puede ahorrar ya. Si sigo es porque es lo que he hecho toda la vida, es lo que me gusta”.
Como muchos otros en el oficio, además de fotografiar a las personas (sobre todo turistas) en el espacio público, “también trabajamos en eventos religiosos; yo me formé sobre la marcha y debe reconocerse que se necesita preparación para esto que, en mi opinión, es un arte y no un oficio cualquiera”.
En el mismo tenor está Gilberto, su hermano, quien también trabaja del sol a sol en las plazas de Armas, Liberación y Guadalajara “desde que tengo uso de razón”, cuando aprendía de su abuelo y su padre.
Ambos, Manuel y Gilberto, actualmente hacen uso de una pequeña impresora digital que le permite entregar al cliente una imagen impresa en menos de dos minutos.
Días en blanco
Los fotógrafos ambulantes de la ciudad, en su mayoría, se encuentran sindicalizados en tres organizaciones (adscritas a la CTM, la CROC y la CNOP) que, por acuerdos, respetan y distribuyen geográficamente las fuentes de trabajo en la ciudad, sea en templos o plazas públicas; así, Manuel Reyes Saucedo, con 45 años en el oficio, tiene su punto de labor en Plaza Guadalajara y, admite, prefirió continuar con su cámara de revelado instantáneo y a pesar de contar con equipo digital, “prefiero lo que me parece más práctico; ahora, la tecnología nos pegó gacho porque no ganamos lo que antes, ahora hay días en que me voy en blanco”.
A su edad (78 años), don Manuel admite que ya no puede siquiera “ir a los pueblos”, a las ferias y fiestas de municipios fuera de la Zona Metropolitana donde también había trabajo “y se ganaba bien —por eso me da tristeza ya no ir—, pero ya no tengo el mismo aguante, aunque sigo saliendo para mantenerme activo”.
Solos nos iremos
Raúl López Patiño, como muchos otros fotógrafos, aprendió el oficio de su padre y su abuelo, hoy día utiliza la cámara digital pero cuando comenzó, hace 51 años, hizo uso de los equipos de antaño (por ejemplo, las cámaras de exposición prolongada); en su opinión “somos servidores públicos, ofrecemos o atendemos por solicitud, pero el avance tecnológico nos obligó a adaptarnos aunque el trabajo ha bajado muchísimo, un 90% diría yo”.
De esta forma, si “antes se podía vivir cómodamente de la fotografía, ahora con trabajos sobrevivimos; más los que trabajamos del turismo, porque aunque la tecnología hace a la gente pensar que no le hace falta un fotógrafo, este trabajo ofrece una calidad que no se consigue con un celular. Yo amo mi oficio y por ello no sólo estoy en las plazas, también trabajo ceremonias como bodas, quince años o en las escuelas, también”.
Ahora, destaca López, “como muchos otros oficios, el fotógrafo ambulante tiende a desaparecer, y no falta mucho para eso. Si a un comerciante la autoridad puede venir y correrlo, con nosotros no necesita hacerlo, solos nos iremos cuando ya no sea conveniente. Yo todo se lo debo a este oficio y, de vez en cuando, todavía nos contratan, pero ya es muy raro”.
TODO CAMBIA
Muchos fotógrafos ambulantes coinciden en el hecho de que el turista –que representa buena parte de sus ingresos– “ha cambiado”, no sólo porque ahora gaste menos sino porque a eso se suma el desarrollo tecnológico y la falta de costumbre de nuevas generaciones que no ven del mismo modo a quien les ofrece tomarles una fotografía, por lo menos eso considera Julián Muñoz Alfaro, que practica el oficio desde hace 58 años.
En coincidencia con Raúl López, Muñoz detalla que también se ha modificado “el trato de la gente” para con el fotógrafo, “ya no se respeta como antes la profesión” y si décadas atrás las personas les buscaban y se dirigían a ellos “con respeto”, ahora no es así.
Actualmente, un fotógrafo ambulante en Guadalajara suele cobrar por imagen entre 40 y 50 pesos, pero se trata de un precio aproximado que puede variar de acuerdo con las necesidades del cliente. Por acuerdo, se suele tener una tarifa controlada, sin embargo, el regateo es común.
POR CIERTO
De familia
> Los López Patiño son una generación que se ha dedicado a la fotografía ambulante: en los alrededores de la Catedral Metropolitana se encuentran Gilberto y Manuel; por la Plaza Tapatía, Raúl.
> Los tres aprendieron el oficio de su padre;esto es lo que saben hacer y a su edad —dice Gilberto— difícilmente podrían hacer otra cosa. Por eso siguen ahí, buscando entre las 10:00 y las 19:00 horas clientes... y aunque sea un poco para llevar a casa, comer o —de cajón—comprar el material necesario para seguir con su trabajo.
> Lo que no se olvida son los buenos tiempos, cuando la gente hacía fila en la Plaza Liberación para tomarse una foto, ya sea para un documento oficial o para guardar en la memoria un recuerdo con los paisajes de la Catedral o el Teatro Degollado.
Como apuntó la fotógrafa alemana Gisèle Freund (1908-2000), “todo gran descubrimiento técnico origina siempre crisis y catástrofes. Desaparecen los viejos oficios y surgen otros nuevos”; así, el fotógrafo ambulante fue alcanzado por la revolución tecnológica que, aunque signifique una mejora en la rapidez y eficiencia de sus procesos, ha contribuido por igual a desplazar a un viejo oficio que ha batallado siempre para adaptarse a los cambios en los procesos de captación de imágenes.
En este sentido, el fotógrafo ambulante es un personaje citadino que ganó complejidad al diversificar su trabajo (añadiendo escenarios o aprovechando las celebraciones religiosas o civiles para ganar clientela) y generar con ello una industria que a su vez produjo comunidades y relaciones sociales novedosas, para crear de esa forma una tradición urbana que, como en otros muchos lugares del mundo, en Guadalajara existe todavía aunque en condiciones precarias que prefiguran su desaparición.
De toda la vida
Con cincuenta años en la profesión, Manuel López Patiño relata que “comencé en este oficio gracias a mi padre y mi abuelo, que fueron fotógrafos; entonces se utilizaban las cámaras de cajón con que se tomaban lo que la gente llamaba ´fotos de agua’, después vinieron las de 35 milímetros y las Polaroid, hoy día se utiliza más la digital, pero mañana no sabemos qué vendrá”.
Recuerda el fotógrafo que “antes a la gente le daba gusto ver a un fotógrafo, pero es obvio que gracias a la tecnología —cámaras, tabletas o teléfonos celulares— el negocio ha tenido una baja de un 90 por ciento. Es posible sacar para comer, con esto pude sacar a mi familia adelante, pero no se puede ahorrar ya. Si sigo es porque es lo que he hecho toda la vida, es lo que me gusta”.
Como muchos otros en el oficio, además de fotografiar a las personas (sobre todo turistas) en el espacio público, “también trabajamos en eventos religiosos; yo me formé sobre la marcha y debe reconocerse que se necesita preparación para esto que, en mi opinión, es un arte y no un oficio cualquiera”.
En el mismo tenor está Gilberto, su hermano, quien también trabaja del sol a sol en las plazas de Armas, Liberación y Guadalajara “desde que tengo uso de razón”, cuando aprendía de su abuelo y su padre.
Ambos, Manuel y Gilberto, actualmente hacen uso de una pequeña impresora digital que le permite entregar al cliente una imagen impresa en menos de dos minutos.
Días en blanco
Los fotógrafos ambulantes de la ciudad, en su mayoría, se encuentran sindicalizados en tres organizaciones (adscritas a la CTM, la CROC y la CNOP) que, por acuerdos, respetan y distribuyen geográficamente las fuentes de trabajo en la ciudad, sea en templos o plazas públicas; así, Manuel Reyes Saucedo, con 45 años en el oficio, tiene su punto de labor en Plaza Guadalajara y, admite, prefirió continuar con su cámara de revelado instantáneo y a pesar de contar con equipo digital, “prefiero lo que me parece más práctico; ahora, la tecnología nos pegó gacho porque no ganamos lo que antes, ahora hay días en que me voy en blanco”.
A su edad (78 años), don Manuel admite que ya no puede siquiera “ir a los pueblos”, a las ferias y fiestas de municipios fuera de la Zona Metropolitana donde también había trabajo “y se ganaba bien —por eso me da tristeza ya no ir—, pero ya no tengo el mismo aguante, aunque sigo saliendo para mantenerme activo”.
Solos nos iremos
Raúl López Patiño, como muchos otros fotógrafos, aprendió el oficio de su padre y su abuelo, hoy día utiliza la cámara digital pero cuando comenzó, hace 51 años, hizo uso de los equipos de antaño (por ejemplo, las cámaras de exposición prolongada); en su opinión “somos servidores públicos, ofrecemos o atendemos por solicitud, pero el avance tecnológico nos obligó a adaptarnos aunque el trabajo ha bajado muchísimo, un 90% diría yo”.
De esta forma, si “antes se podía vivir cómodamente de la fotografía, ahora con trabajos sobrevivimos; más los que trabajamos del turismo, porque aunque la tecnología hace a la gente pensar que no le hace falta un fotógrafo, este trabajo ofrece una calidad que no se consigue con un celular. Yo amo mi oficio y por ello no sólo estoy en las plazas, también trabajo ceremonias como bodas, quince años o en las escuelas, también”.
Ahora, destaca López, “como muchos otros oficios, el fotógrafo ambulante tiende a desaparecer, y no falta mucho para eso. Si a un comerciante la autoridad puede venir y correrlo, con nosotros no necesita hacerlo, solos nos iremos cuando ya no sea conveniente. Yo todo se lo debo a este oficio y, de vez en cuando, todavía nos contratan, pero ya es muy raro”.
TODO CAMBIA
Muchos fotógrafos ambulantes coinciden en el hecho de que el turista –que representa buena parte de sus ingresos– “ha cambiado”, no sólo porque ahora gaste menos sino porque a eso se suma el desarrollo tecnológico y la falta de costumbre de nuevas generaciones que no ven del mismo modo a quien les ofrece tomarles una fotografía, por lo menos eso considera Julián Muñoz Alfaro, que practica el oficio desde hace 58 años.
En coincidencia con Raúl López, Muñoz detalla que también se ha modificado “el trato de la gente” para con el fotógrafo, “ya no se respeta como antes la profesión” y si décadas atrás las personas les buscaban y se dirigían a ellos “con respeto”, ahora no es así.
Actualmente, un fotógrafo ambulante en Guadalajara suele cobrar por imagen entre 40 y 50 pesos, pero se trata de un precio aproximado que puede variar de acuerdo con las necesidades del cliente. Por acuerdo, se suele tener una tarifa controlada, sin embargo, el regateo es común.
POR CIERTO
De familia
> Los López Patiño son una generación que se ha dedicado a la fotografía ambulante: en los alrededores de la Catedral Metropolitana se encuentran Gilberto y Manuel; por la Plaza Tapatía, Raúl.
> Los tres aprendieron el oficio de su padre;esto es lo que saben hacer y a su edad —dice Gilberto— difícilmente podrían hacer otra cosa. Por eso siguen ahí, buscando entre las 10:00 y las 19:00 horas clientes... y aunque sea un poco para llevar a casa, comer o —de cajón—comprar el material necesario para seguir con su trabajo.
> Lo que no se olvida son los buenos tiempos, cuando la gente hacía fila en la Plaza Liberación para tomarse una foto, ya sea para un documento oficial o para guardar en la memoria un recuerdo con los paisajes de la Catedral o el Teatro Degollado.