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¡Feliz cumpleaños, José Fors!
Estoy festejando mis 50 años de vida construyendo a Frankenstein.
Los fatalistas aseguran que a los 50 años, muchas de las partes que componen la anatomía humana comienzan a arrugarse, a agacharse y a aperezarse; que un olvido cualquiera puede convertirse en Alzheimer; que lo que se cae no vuelve a crecer y que ya nada es igual que a los 40 ó a los 30.
Pero hay otros menos dramáticos para quienes los 50 años son sólo la mitad de un siglo –y exigen la parte faltante-. Por lo menos así lo es para el pintor y rockero cubano –pero adoptado por Guadalajara hace bastantes ayeres- José Fors, quien este 30 de julio soplará cinco decenas de velas en su pastel de cumpleaños.
De acuerdo con el festejado, sus capacidades vitalicias despuntan con los años. Y a juzgar por las pruebas, el dicho se confirma: hace apenas pocos días presentaba la última producción de Fórseps, tiene planes de reactivar a Cuca y, como regalo de cumpleaños, trabaja en una producción teatral en la que le dará vida a uno de sus ídolos de ficción: Frankenstein.
Éstas son, pues, muestras de una voluntad creadora que no merma con la edad. Y, también, “éstas son las mañanitas” para el de voz grave y profunda, enamorado de la línea y del dibujo.
¿Qué es Frankenstein?
Además de mi regalo de cumpleaños, Frankenstein es un cabrón de dos metros que tiene tornillos en el cuello (risas). Es un proyecto que traigo en la cabeza desde hace ocho años. Siempre lo concebí como algo muy pretensioso y por eso requería de mucho tiempo, dedicación y apoyo para la realización. Es un rock ópera basado en la novela de Mary Shelley; comencé por estudiarla y separarla por partes, luego me puse a analizar todas las películas habidas y por haber de Frankenstein: desde las mejores hasta las más chafas. En la novela original no existe un Igor y en algunas películas hay cosas que no son parte de la novela. Así que lo que hice fue crear mi propio monstruo. Son cerca de 40 piezas musicales, todo es cantado. Ésa fue una de las partes más complicadas: separarlo y hacerlo en canciones que tuvieran coherencia entre sí. Ya estamos en el proceso de grabar la música, y a partir de eso podemos imaginarnos cosas en el escenario. Ya vino Ely Guerra a Guadalajara a grabar su parte –la voz de Elizabeth-; no sabemos si será parte del montaje porque está en la producción de su nuevo disco. Además está Hugo Rodríguez, yo como el monstruo, Sara Valenzuela, Vera mi esposa, Gerardo Enciso y otros amigos. Estoy trabajando con la gente que tenía en mente desde un principio y todos han colaborado gustosos en el proyecto. El disco estará listo en diciembre y la puesta en escena para febrero del próximo año. Para mí es un sueño hecho realidad. Tenía que encontrar el apoyo y el tiempo; ésta es la primera vez en muchos, muchos años que he dejado de pintar por un periodo tan largo. Llevo como dos semanas que no me paro en el taller.
¿Qué tan cierto es eso de que la vida se pone mejor después de los 40?
Para mí eso es la neta. Creo que la vida me empezó a los 40 años. En mi adolescencia y hasta los 40, siempre fui una persona muy azotada que se negaba a disfrutar de todo lo bueno que tenía. A los 40 fue cuando empecé a saborear la vida y a vivir cada día como un regalo; antes todo me daba flojera. Pero de los 40 en adelante, me despierto por las mañanas con las ganas suficientes de enfrentar los retos que traigan consigo los días. Lo único que me hace falta es un par de clones de José Fors para poder hacer todos los proyectos que traigo en mente.
¿Cómo imaginabas tu vida a esta edad cuando tenías 20?
Nunca pensé que fuera a llegar a los 50. Desde chavo pensé que iba a morir joven. Pero como dicen por ahí: mala hierba nunca muere (risas).
El inicio de José Fors en la música se distinguió por salirse de los convencionalismos hasta entonces establecidos en el rock mexicano. ¿Fue una necesidad ser subversivo para ganar adeptos?
Si tienes algo que decir y trabajas desde adentro, va a ser diferente, la cuestión no es tanto el ser subversivo. Cada persona es un universo y si haces cosas que te nazcan hacerlas y por eso las haces, al público le parecerán interesantes. Es atreverse a hacerlo. Lo que pasa con muchas personas es que se meten en cuestiones artísticas para aparecer en revistas y ser famosos. Pero creo que aquel que lo hace por amor al arte, siempre será el que destaque porque será algo único, por más influencias que atraviesen tu obra.
Mask, Duda Mata... ¿Guadalajara nunca te pareció pequeña en los 80 para hacer proyectos de esta índole?
Trabajar en Guadalajara por un lado es muy fácil porque tienes tiempo, hay muchos talentos, es una ciudad hermosa, pero sí hay una apatía muy grande hacia las artes y demasiada gente “mocha”, que para el rock es el peor veneno. Pero éste es el lugar que yo elegí para echar raíces. Me la pasé toda mi niñez viajando por el trabajo de mi padre y eso es algo que me afectó. Y a los 20, cuando decidí ser independiente, aquí me quedé.
Con el tiempo tu obra musical se ha ido encauzando hacia niveles más íntimos y tranquilos, como en el último disco de Fórseps. Y por otro lado, tu obra plástica se despegó del realismo característico en ti para acercarse a las formas simples. ¿Ese desarrollo intrínseco fue consecuencia de la edad?
Creo que fue parte de comenzar a vivir después de los 40 años y darme cuenta de que el rollo de crear un estilo y estacionarte ahí da mucha flojera. He tratado a partir del año 2000, más o menos, de hacer cosas cambiantes, porque me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era como para estancarme. El rollo ha sido tratar de sorprenderme con las cosas que hago cada día, no ser obvio conmigo mismo y entrarle a otras cosas. Y esto de Frankenstein, por ejemplo, es una oportunidad riquísima para pisar nuevos terrenos. En cada canción tienes que pensar en el personaje, el ritmo, qué es lo que va aparecer dentro del escenario. Este monstruo me ha dado la pauta para hacer cosas musicales que jamás imaginé, porque estoy trabajando para los personajes y no para mí, como en el Fórseps 5, que sí es mucho más íntimo: hablo de mí, de mi padre, de mi vida. En Frankenstein estoy clavado con los personajes.
Y además con Frankenstein retomas el teatro, algo que ya habías hecho en los 80 con el Grupo X.
Sí. Yo juraba que no haría más teatro después de eso porque me cuesta trabajar con tanta gente; estoy acostumbrado, como en la pintura, a hacerlo yo solo y tomar todas las decisiones por mí mismo de principio a fin. Hasta ahora el proyecto va muy padre. Los egos se han diluido porque todos los involucrados sabemos que estamos trabajando para Frankenstein y no para nosotros.
¿Y piensas seguir haciendo teatro después de esto?
Pues me está encantando. Creo que sí. Aparte pienso que, en general, mi música siempre ha sido muy teatral. Me encantan las películas de terror y algunas de mis canciones podrían ser minicuentos filmables. Toda la vida, además de artista plástico, me he considerado meramente rocanrolero y así moriré, pero por qué no aprender otras cosas, como el teatro. Me encontré con algo que pensaba que era muy ajeno a mí, pero la verdad es que creo que no soy tan malo para hacer teatro y me siento bien haciéndolo.
¿Qué fue lo que te enganchó a Guadalajara?
Creo que la gente hace al lugar y aquí he hecho muy buenos amigos. Y cuando llegué a la ciudad la sentí como tierra fértil. Por ejemplo, el último disco de Fórseps fue creado completamente en Guadalajara a pesar del centralismo tan fuerte en el país. Hay muchos que deciden irse a la Ciudad de México que porque allá es la onda, pero creo que la onda viene de adentro. Es complicado el mercado tapatío, es difícil vender obra, hay pocos coleccionistas, poca gente que realmente gusta del rock pesado, pero no me puedo quejar porque he vivido y vivo de hacer lo que me gusta. Lo triste es ver que el gobierno apoye tan poco a las artes, que tengamos maestros tan mal pagados, que no haya un museo digno, que el gobernador le esté regalando el dinero a la Iglesia y a la televisión: es como apoyar a la anticultura. Pero no por eso dejo de amar Guadalajara. Es necesario hacer cosas de calidad nacidas aquí y quedarse en Guadalajara. Poner el ejemplo es lo mejor que puedes hacer. Como buen ateo que soy, la única forma de eternizarme es a través de mi trabajo, porque no creo que haya otra vida: ésta es la buena y tengo que dejar algo de lo que pueda estar orgulloso el día que me enfríe.
¿Qué te da la música para producir plástica y qué te da la plástica para producir música?
Se complementan. Rara vez se funden, pero mi carrera como pintor y rocanrolero son paralelas y en mí crean un balance; son cosas que yo necesito. No puedo estar pintando todo el tiempo porque sería un ermitaño que terminaría suicidándose y no me la puedo pasar en el rock porque la pintura fue lo primero que conocí en mi vida. Son dos cosas que necesito. No puedo decir cuál es más importante porque a las dos las necesito como a un par de piernas para caminar. Una es mucho más íntima y la otra me lleva a ser más abierto a ideas de grupo. Pintar es para mí una necesidad básica y la música es un hobbie que ha ido desarrollándose con el tiempo.
¿Qué tipo de artista es José Fors?
En la plástica soy dibujante. Soy un enamorado de la línea y del dibujo de Miguel Ángel. Creo mucho en el dibujo. Soy de los que todavía cree que hay que saber dibujar antes de meterte al abstracto o hacer rollos conceptuales. Y soy rocanrolero, yo no sé nada de música. A la gente con la que chambeo le tarareo las cosas que se me ocurren para que las saquen en el instrumento. No sé ni que es Do, ni Fa, ni Re ni nada.
¿Cómo se sienten los 50 años?
Me siento mejor que nunca en mi vida, feliz, tanto en casa como en la chamba. Lo único que quisiera es más tiempo para hacer más cosas (risas). Creo que es muy relativo esto de la edad: envejeces cuando te dejas envejecer, o ya de a tiro cuando la máquina se niega a seguir funcionando.
Estoy festejando mis 50 años de vida construyendo a Frankenstein. Desde que lo vi por primera vez me enamoré de él y me ha acompañado toda la vida. Hasta colecciono monitos. Soy un viejo cincuentón que todavía compra juguetes.
Al limon
Guadalajara: Hogar
Cuba: Tierra
Pincel: Arma
Disco: Redondo
Rock: Duro
Concierto: Público
Cuca: Praoyecto
Terror: Amor
Frankenstein: Gemelo
Medio siglo: Que me den otro más
Frank Zappa: Maestro
Miami: Flojera
Palabra: Voz
Cielo: Tierra
Muerte: Vida
Creación: Imitación
¿Blanco o negro?: Gama de grises
por: eduardo sánchez / fotos: alonso Camacho
Pero hay otros menos dramáticos para quienes los 50 años son sólo la mitad de un siglo –y exigen la parte faltante-. Por lo menos así lo es para el pintor y rockero cubano –pero adoptado por Guadalajara hace bastantes ayeres- José Fors, quien este 30 de julio soplará cinco decenas de velas en su pastel de cumpleaños.
De acuerdo con el festejado, sus capacidades vitalicias despuntan con los años. Y a juzgar por las pruebas, el dicho se confirma: hace apenas pocos días presentaba la última producción de Fórseps, tiene planes de reactivar a Cuca y, como regalo de cumpleaños, trabaja en una producción teatral en la que le dará vida a uno de sus ídolos de ficción: Frankenstein.
Éstas son, pues, muestras de una voluntad creadora que no merma con la edad. Y, también, “éstas son las mañanitas” para el de voz grave y profunda, enamorado de la línea y del dibujo.
¿Qué es Frankenstein?
Además de mi regalo de cumpleaños, Frankenstein es un cabrón de dos metros que tiene tornillos en el cuello (risas). Es un proyecto que traigo en la cabeza desde hace ocho años. Siempre lo concebí como algo muy pretensioso y por eso requería de mucho tiempo, dedicación y apoyo para la realización. Es un rock ópera basado en la novela de Mary Shelley; comencé por estudiarla y separarla por partes, luego me puse a analizar todas las películas habidas y por haber de Frankenstein: desde las mejores hasta las más chafas. En la novela original no existe un Igor y en algunas películas hay cosas que no son parte de la novela. Así que lo que hice fue crear mi propio monstruo. Son cerca de 40 piezas musicales, todo es cantado. Ésa fue una de las partes más complicadas: separarlo y hacerlo en canciones que tuvieran coherencia entre sí. Ya estamos en el proceso de grabar la música, y a partir de eso podemos imaginarnos cosas en el escenario. Ya vino Ely Guerra a Guadalajara a grabar su parte –la voz de Elizabeth-; no sabemos si será parte del montaje porque está en la producción de su nuevo disco. Además está Hugo Rodríguez, yo como el monstruo, Sara Valenzuela, Vera mi esposa, Gerardo Enciso y otros amigos. Estoy trabajando con la gente que tenía en mente desde un principio y todos han colaborado gustosos en el proyecto. El disco estará listo en diciembre y la puesta en escena para febrero del próximo año. Para mí es un sueño hecho realidad. Tenía que encontrar el apoyo y el tiempo; ésta es la primera vez en muchos, muchos años que he dejado de pintar por un periodo tan largo. Llevo como dos semanas que no me paro en el taller.
¿Qué tan cierto es eso de que la vida se pone mejor después de los 40?
Para mí eso es la neta. Creo que la vida me empezó a los 40 años. En mi adolescencia y hasta los 40, siempre fui una persona muy azotada que se negaba a disfrutar de todo lo bueno que tenía. A los 40 fue cuando empecé a saborear la vida y a vivir cada día como un regalo; antes todo me daba flojera. Pero de los 40 en adelante, me despierto por las mañanas con las ganas suficientes de enfrentar los retos que traigan consigo los días. Lo único que me hace falta es un par de clones de José Fors para poder hacer todos los proyectos que traigo en mente.
¿Cómo imaginabas tu vida a esta edad cuando tenías 20?
Nunca pensé que fuera a llegar a los 50. Desde chavo pensé que iba a morir joven. Pero como dicen por ahí: mala hierba nunca muere (risas).
El inicio de José Fors en la música se distinguió por salirse de los convencionalismos hasta entonces establecidos en el rock mexicano. ¿Fue una necesidad ser subversivo para ganar adeptos?
Si tienes algo que decir y trabajas desde adentro, va a ser diferente, la cuestión no es tanto el ser subversivo. Cada persona es un universo y si haces cosas que te nazcan hacerlas y por eso las haces, al público le parecerán interesantes. Es atreverse a hacerlo. Lo que pasa con muchas personas es que se meten en cuestiones artísticas para aparecer en revistas y ser famosos. Pero creo que aquel que lo hace por amor al arte, siempre será el que destaque porque será algo único, por más influencias que atraviesen tu obra.
Mask, Duda Mata... ¿Guadalajara nunca te pareció pequeña en los 80 para hacer proyectos de esta índole?
Trabajar en Guadalajara por un lado es muy fácil porque tienes tiempo, hay muchos talentos, es una ciudad hermosa, pero sí hay una apatía muy grande hacia las artes y demasiada gente “mocha”, que para el rock es el peor veneno. Pero éste es el lugar que yo elegí para echar raíces. Me la pasé toda mi niñez viajando por el trabajo de mi padre y eso es algo que me afectó. Y a los 20, cuando decidí ser independiente, aquí me quedé.
Con el tiempo tu obra musical se ha ido encauzando hacia niveles más íntimos y tranquilos, como en el último disco de Fórseps. Y por otro lado, tu obra plástica se despegó del realismo característico en ti para acercarse a las formas simples. ¿Ese desarrollo intrínseco fue consecuencia de la edad?
Creo que fue parte de comenzar a vivir después de los 40 años y darme cuenta de que el rollo de crear un estilo y estacionarte ahí da mucha flojera. He tratado a partir del año 2000, más o menos, de hacer cosas cambiantes, porque me di cuenta de que lo que estaba haciendo no era como para estancarme. El rollo ha sido tratar de sorprenderme con las cosas que hago cada día, no ser obvio conmigo mismo y entrarle a otras cosas. Y esto de Frankenstein, por ejemplo, es una oportunidad riquísima para pisar nuevos terrenos. En cada canción tienes que pensar en el personaje, el ritmo, qué es lo que va aparecer dentro del escenario. Este monstruo me ha dado la pauta para hacer cosas musicales que jamás imaginé, porque estoy trabajando para los personajes y no para mí, como en el Fórseps 5, que sí es mucho más íntimo: hablo de mí, de mi padre, de mi vida. En Frankenstein estoy clavado con los personajes.
Y además con Frankenstein retomas el teatro, algo que ya habías hecho en los 80 con el Grupo X.
Sí. Yo juraba que no haría más teatro después de eso porque me cuesta trabajar con tanta gente; estoy acostumbrado, como en la pintura, a hacerlo yo solo y tomar todas las decisiones por mí mismo de principio a fin. Hasta ahora el proyecto va muy padre. Los egos se han diluido porque todos los involucrados sabemos que estamos trabajando para Frankenstein y no para nosotros.
¿Y piensas seguir haciendo teatro después de esto?
Pues me está encantando. Creo que sí. Aparte pienso que, en general, mi música siempre ha sido muy teatral. Me encantan las películas de terror y algunas de mis canciones podrían ser minicuentos filmables. Toda la vida, además de artista plástico, me he considerado meramente rocanrolero y así moriré, pero por qué no aprender otras cosas, como el teatro. Me encontré con algo que pensaba que era muy ajeno a mí, pero la verdad es que creo que no soy tan malo para hacer teatro y me siento bien haciéndolo.
¿Qué fue lo que te enganchó a Guadalajara?
Creo que la gente hace al lugar y aquí he hecho muy buenos amigos. Y cuando llegué a la ciudad la sentí como tierra fértil. Por ejemplo, el último disco de Fórseps fue creado completamente en Guadalajara a pesar del centralismo tan fuerte en el país. Hay muchos que deciden irse a la Ciudad de México que porque allá es la onda, pero creo que la onda viene de adentro. Es complicado el mercado tapatío, es difícil vender obra, hay pocos coleccionistas, poca gente que realmente gusta del rock pesado, pero no me puedo quejar porque he vivido y vivo de hacer lo que me gusta. Lo triste es ver que el gobierno apoye tan poco a las artes, que tengamos maestros tan mal pagados, que no haya un museo digno, que el gobernador le esté regalando el dinero a la Iglesia y a la televisión: es como apoyar a la anticultura. Pero no por eso dejo de amar Guadalajara. Es necesario hacer cosas de calidad nacidas aquí y quedarse en Guadalajara. Poner el ejemplo es lo mejor que puedes hacer. Como buen ateo que soy, la única forma de eternizarme es a través de mi trabajo, porque no creo que haya otra vida: ésta es la buena y tengo que dejar algo de lo que pueda estar orgulloso el día que me enfríe.
¿Qué te da la música para producir plástica y qué te da la plástica para producir música?
Se complementan. Rara vez se funden, pero mi carrera como pintor y rocanrolero son paralelas y en mí crean un balance; son cosas que yo necesito. No puedo estar pintando todo el tiempo porque sería un ermitaño que terminaría suicidándose y no me la puedo pasar en el rock porque la pintura fue lo primero que conocí en mi vida. Son dos cosas que necesito. No puedo decir cuál es más importante porque a las dos las necesito como a un par de piernas para caminar. Una es mucho más íntima y la otra me lleva a ser más abierto a ideas de grupo. Pintar es para mí una necesidad básica y la música es un hobbie que ha ido desarrollándose con el tiempo.
¿Qué tipo de artista es José Fors?
En la plástica soy dibujante. Soy un enamorado de la línea y del dibujo de Miguel Ángel. Creo mucho en el dibujo. Soy de los que todavía cree que hay que saber dibujar antes de meterte al abstracto o hacer rollos conceptuales. Y soy rocanrolero, yo no sé nada de música. A la gente con la que chambeo le tarareo las cosas que se me ocurren para que las saquen en el instrumento. No sé ni que es Do, ni Fa, ni Re ni nada.
¿Cómo se sienten los 50 años?
Me siento mejor que nunca en mi vida, feliz, tanto en casa como en la chamba. Lo único que quisiera es más tiempo para hacer más cosas (risas). Creo que es muy relativo esto de la edad: envejeces cuando te dejas envejecer, o ya de a tiro cuando la máquina se niega a seguir funcionando.
Estoy festejando mis 50 años de vida construyendo a Frankenstein. Desde que lo vi por primera vez me enamoré de él y me ha acompañado toda la vida. Hasta colecciono monitos. Soy un viejo cincuentón que todavía compra juguetes.
Al limon
Guadalajara: Hogar
Cuba: Tierra
Pincel: Arma
Disco: Redondo
Rock: Duro
Concierto: Público
Cuca: Praoyecto
Terror: Amor
Frankenstein: Gemelo
Medio siglo: Que me den otro más
Frank Zappa: Maestro
Miami: Flojera
Palabra: Voz
Cielo: Tierra
Muerte: Vida
Creación: Imitación
¿Blanco o negro?: Gama de grises
por: eduardo sánchez / fotos: alonso Camacho