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Exquisito deleite en Camboya
La cereza del pastel Angkor, patrimonio de la humanidad, es su mayor atractivo turístico
CAMBOYA (15/MAY/2011).- Descubrimos en 48 horas que Camboya, además de poseer maravillosos complejos arqueológicos, tiene una gastronomía que es toda una experiencia.
Sábado
Llegamos después de un viaje de seis días por Tailandia y Vietnam. Camboya es nuestro último destino antes de regresar a México. La temperatura en mayo es de 34 grados centígrados. Para refrescarnos, el guía camboyano ofrece un “voldkalix”, un helado con vodka, y como regalo, un escorpión en su interior. Sólo comemos lo de encima y dejamos el arácnido para después. Bourey, que es el nombre del guía, dice que no son venenosos y que son parte de su gastronomía.
11:45 horas
Vamos rumbo a Angkor para conocer el templo Patrimonio de la Humanidad. Bourey dice que algunos famosos como Brad Pitt u Anthony Bourdain se han quedado con la boca abierta luego de conocer esta maravilla. Explica que los camboyanos ejercen sus costumbres bajo la base del “jémer”, que es una cultura heredada del Antiguo Imperio Angkor, que por eso lleva ese nombre el templo.
Al llegar vamos directo a Angkor Wat, un complejo arquitectónico creado por el rey Suryavarman II, quien tardó 37 años en edificarlo. Tiene cinco torres de 200 metros de alto. Su estructura más importante se localiza en el centro, y representa el corazón del universo hinduista. Está decorado con bajorrelieves de escenas de las batallas del Ramayana.
14:30 horas
Es el momento de comer y, según Bourey, los arácnidos serán el ingrediente principal (pero si el viajero no está dispuesto a tener una experiencia camboyana, no hay de qué preocuparse, en la mayoría de las cartas hay sopa y arroz). Entramos a un restaurante de nombre Pyongyang, donde se come con la mano y sentado en posición de loto.
El reto es degustar arañas preparadas como si fueran frituras. Están espolvoreadas de harina y fritas en aceite. También probamos los tallarines y un pescado en salsa de jengibre.
17:00 horas
Regresamos a la ciudad para hacer algunas compras. Venden desde seda tai hasta reproducciones de dioses. Encuentras piezas desde los tres dólares. Camboya es relativamente barato: con 45 dólares diarios, aproximadamente, puedes dormir en una habitación con baño y ventilador, comer bien y hasta tomarte una cerveza.
Los camboyanos dicen que la mejor época para venir es en invierno, cuando ya no llueve y se ha tenido tiempo para ahorrar.
Domingo
Después de desayunar té y pan con frutas en el hotel, nos encontramos con Bourey. Antes de llevarnos al aeropuerto de Phnom Penh, recorremos el Palacio Real, el Museo Nacional y el Museo de Tuol Sleng.
Si nos alcanza el tiempo también visitaremos los Killing Fields, un lugar histórico donde ejecutaron a varios camboyanos por el imperio Khmer Rouge luego de la guerra de Vietnam.
Actualmente se observa una torre que recuerda este hecho. Volver a la Ciudad de México nos tomará día y medio, pero la experiencia ha valido tanto la pena que no nos importa hacer el sacrificio.
Sábado
Llegamos después de un viaje de seis días por Tailandia y Vietnam. Camboya es nuestro último destino antes de regresar a México. La temperatura en mayo es de 34 grados centígrados. Para refrescarnos, el guía camboyano ofrece un “voldkalix”, un helado con vodka, y como regalo, un escorpión en su interior. Sólo comemos lo de encima y dejamos el arácnido para después. Bourey, que es el nombre del guía, dice que no son venenosos y que son parte de su gastronomía.
11:45 horas
Vamos rumbo a Angkor para conocer el templo Patrimonio de la Humanidad. Bourey dice que algunos famosos como Brad Pitt u Anthony Bourdain se han quedado con la boca abierta luego de conocer esta maravilla. Explica que los camboyanos ejercen sus costumbres bajo la base del “jémer”, que es una cultura heredada del Antiguo Imperio Angkor, que por eso lleva ese nombre el templo.
Al llegar vamos directo a Angkor Wat, un complejo arquitectónico creado por el rey Suryavarman II, quien tardó 37 años en edificarlo. Tiene cinco torres de 200 metros de alto. Su estructura más importante se localiza en el centro, y representa el corazón del universo hinduista. Está decorado con bajorrelieves de escenas de las batallas del Ramayana.
14:30 horas
Es el momento de comer y, según Bourey, los arácnidos serán el ingrediente principal (pero si el viajero no está dispuesto a tener una experiencia camboyana, no hay de qué preocuparse, en la mayoría de las cartas hay sopa y arroz). Entramos a un restaurante de nombre Pyongyang, donde se come con la mano y sentado en posición de loto.
El reto es degustar arañas preparadas como si fueran frituras. Están espolvoreadas de harina y fritas en aceite. También probamos los tallarines y un pescado en salsa de jengibre.
17:00 horas
Regresamos a la ciudad para hacer algunas compras. Venden desde seda tai hasta reproducciones de dioses. Encuentras piezas desde los tres dólares. Camboya es relativamente barato: con 45 dólares diarios, aproximadamente, puedes dormir en una habitación con baño y ventilador, comer bien y hasta tomarte una cerveza.
Los camboyanos dicen que la mejor época para venir es en invierno, cuando ya no llueve y se ha tenido tiempo para ahorrar.
Domingo
Después de desayunar té y pan con frutas en el hotel, nos encontramos con Bourey. Antes de llevarnos al aeropuerto de Phnom Penh, recorremos el Palacio Real, el Museo Nacional y el Museo de Tuol Sleng.
Si nos alcanza el tiempo también visitaremos los Killing Fields, un lugar histórico donde ejecutaron a varios camboyanos por el imperio Khmer Rouge luego de la guerra de Vietnam.
Actualmente se observa una torre que recuerda este hecho. Volver a la Ciudad de México nos tomará día y medio, pero la experiencia ha valido tanto la pena que no nos importa hacer el sacrificio.