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Exposiciones en el Exconvento del Carmen

Tres exposiciones: Esplendores de la Barranca, Voces del tiempo, La Ruta del Conejo Rojo, son las que se exciben

Por: José Luis Meza Inda

Esplendores de la Barranca de Alfredo Gómez

Un sentimiento de admiración, de goce visual puramente perceptivo, que deja a un lado la imaginación, la interpretaciones o los ocultos simbolismos, muy semejante al que debieron sentir los espectadores que se enfrentaban a las pinturas de Landesio, Coto, Velasco, et al, es lo que se experimenta (o al menos yo así lo sentí) al observar las espléndidas vistas que de nuestros alderredores (Barranca de Oblatos, Arcediano, Chapala) ha puesto a la consideración del público el maestro tapatío Alfredo Gómez, en uno de lo salones de la planta alta del Exconvento del Carmen de esta ciudad.
 
Y es que un semejante espíritu decimonónico de aquel paisajismo naturalista que suscitaba entusiasmos sin requerir explicaciones, es el que alienta las obras de este expositor enamorado de nuestro paisaje, con el cual ha sabido establecer una íntima y apasionada relación; paisaje cuyas características de humedad, luz, color y transparencia, ha logrado capturar con extremada destreza formal.

Así pues, los paisajes originales de este joven maestro, además de constituir una acabada muestra de afinidad entre pintor y tema, y un verdadero canto a una idealizada naturaleza, ponen de relieve las extraordinarias virtudes técnicas con que el pintor ha sido dotado y ha adquirido para trasladar al lienzo esos fragmentos de la realidad; esto es, su virtuosismo dibujístico, sus aptitudes relevantes para observar el detalle, su equilibrio compositivo para encuadrar o manipular los elementos y planos de su perspectiva, atributos todos estos que ciertamente comparte con otros espléndidos paisajistas, pero que a la vez, éste ha sido capaz también de enriquecer con un talento especial: el de saber penetrar y poner de relieve, más allá de las acabadas formas y apariencias del mundo natural, su capacidad para hacer de sus cuadros, no una mera representación exacta de lo observado, sino una verdadera pintura de paisaje, tal como lo lograron, en mayor o menor grado, sólo unos cuantos de aquellos viejos y paradigmáticos creadores del paisajismo mexicano de pasados siglos.


Voces del tiempo de José Luis Bustamante


La veintena de obras de generosas proporciones, originales del pintor capitalino José Luis Bustamente, expuestas en la planta baja del mismo Exconvento, demuestran, de entrada, la solidez del oficio y la fructífera experiencia y roce internacional que este expositor ha venido acumulando en las últimas décadas de su vida, dedicadas a este quehacer como cultivador del informalismo pictórico.

En estas composiciones resalta inmediatamente la impecable pulcritud de su técnica y el refinamiento en el uso de medios y efectismos, aplicados a una variada e imaginativa gama de opciones expresivas, que van, desde el abstraccionismo geométrico y el expresionismo abstracto, hasta el empleo de texturas, veladuras, chorreaduras, empastes, pigmentaciones, e inclusión de elementos extrapictóricos; materias y recursos que podría llamar la parte prosaica de su trabajo, pero que redimida por su incuestionable sensibilidad, son transformados, en la mayoría de sus cuadros, en una sugerente y significativa propuesta poética de índole plástica impregnada de significados.
 
Esto lo obtiene sobre todo, a mi parecer, debido a esa sabia conjunción de agudos contrastes, que se dan, por ejemplo, entre los fondos cuidadosamente elaborados, cuyo colorido va, desde los asordinados tonos sutilmente mezclados, hasta los detonantes monocromatismos y que desde luego invitan a la contemplación, y la sobreposición atinada e imaginativa de metales, objetos, gruesas texturas y relieves que convidan a palpar y a sentir entre los dedos la solidez de la materia; audaz encuentro y combinación, fortuita y meditada a la vez, que como digo, genera lo que aquí se contempla: una galería de espejismos fantasmagóricos, de paisajes alucinantes y de atmósferas surreales, cargados de dramatismo y sensualidad.


La Ruta del Conejo Rojo de Óscar Basulto

El haber realizado un recorrido por una zona desértica, fue el pretexto para que el joven pintor tapatío Oscar Basulto, lograra recrear una especie de “viaje mágico y misterioso”, cuya imaginería me ha hecho recordar mis felices tiempos de juventud, cuando en pleno auge de experimentación con los efectos de la psilocibina y otras yerbas, el mundo de la realidad se podía transformar en una fantasía que giraba como loca, se ondulaba y retorcía, se pintaba de estridentes e insólitos colores y se volvía, en una palabra, el puro alucine psicodélico.
 
Desde esta perspectiva parece haber interpretado y trasladado al lienzo sus experiencias este expositor, cuya obra, igualmente está a la vista de quien quiera verla en otro de los salones de la planta alta del multinombrado Exconvento.

Así pues, los campesinos, jumentos, variopintos paisajes y todo aquello que el pintor encontró a lo largo de su peregrinaje, colman estos cuadros; pero nada en ellos tiene que ver con la representación figurativa de la realidad, sino que ésta traspasa esas fronteras para adentrarse en los ilimitados terrenos de un ensueño aderezado con la levadura del ilusionismo y la distorsión, dando como resultado, como dejo dicho, una colección de imágenes barrocas, donde no existe un menor resquicio de vacío; de lienzos colmados de figuras de trazo estilizado y nervioso, de formas en constante ondulación, de acrobacias detallistas, de truculencias de perspectiva y de composiciones desquebrajadas e impregnadas de un colorido delirante.

La peculiar obra de Basulto es pues de invención continua, de apretadas fantasías; es una feliz y efervescente mezcla de figuras humanas, bestias, vegetación, cielos, nubes y anécdotas, es en fin, una sugestiva colección de apariencias transfiguradas por un iluminado alquimista de la línea y el color.

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